La Diócesis subraya el valor del cuidado en la Jornada Mundial del Enfermo

La celebración diocesana ha consistido en una eucaristía en la residencia de San José de Fuenteliante. Residentes, familiares, amigos y trabajadores han participado en la misa. 

Jornada mundial del enfermo

DELEGACIÓN DE MEDIOS

Más de medio centenar de personas han participado hoy en la misa celebrada en la residencia de mayores San José de Fuenteliante con motivo de la celebración diocesana de la Jornada Mundial del Enfermo.

Junto a los residentes, han asistido familiares, amigos y trabajadores del centro. La Eucaristía ha estado presidida por el delegado diocesano de Pastoral de la Salud, Carlos Norberto, y concelebrada por varios sacerdotes del arciprestazgo de Abadengo, así como por miembros de la Delegación. Las religiosas Marta y María se han encargado de preparar esta celebración que ha resultado especialmente cercana y participativa.

Las actividades organizadas en la Diócesis de Ciudad Rodrigo con motivo de esta Jornada Mundial del Enfermo continuarán este domingo, día en el que se ha pedido que las misas dominicales se ofrezcan por esta intención.

Carlos Norberto ha explicado que la celebración en la residencia San José de Fuenteliante pretende ser «un gesto sencillo, pero muy significativo: orar juntos, agradecer la vida, reconocer el valor inmenso de nuestros mayores y recordarles que no están solos».

Asimismo, ha señalado que «si algo enfatiza la parábola del Buen Samaritano, desde la imagen que nos propone el Papa, es que nadie debe estar solo, nadie debe permanecer aislado. Allí donde alguien se detiene para cuidar, Dios ya está actuando».

Precisamente, el Papa León XIV ha propuesto, para la XXXIV Jornada Mundial del Enfermo, volver la mirada al Buen Samaritano, bajo el lema: ‘La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro’.

El tema, centrado en esta figura evangélica que manifiesta su amor al cuidar al hombre herido que ha caído en manos de los ladrones, subraya la dimensión concreta del amor al prójimo. De este modo, se recuerda que el amor necesita gestos reales de cercanía, mediante los cuales se asume el sufrimiento ajeno, especialmente el de quienes viven la enfermedad en contextos de fragilidad marcados por la pobreza, el aislamiento o la soledad.

Al igual que el Buen Samaritano que se detiene y se inclina ante el herido en el camino, la comunidad cristiana está llamada a detenerse ante quien sufre y a dar testimonio evangélico de cercanía y servicio hacia los enfermos y los más vulnerables. En esta campaña se pone en el centro el cuidado de los enfermos, recordando que la Iglesia es esa posada a la que el Buen Samaritano lleva al herido, aprendiendo así a acoger y cuidar.

La Jornada Mundial del Enfermo, instituida por san Juan Pablo II en 1992, es un momento privilegiado de oración, cercanía y reflexión para toda la comunidad eclesial y para la sociedad civil, llamada a reconocer el rostro de Cristo en los hermanos y hermanas marcados por la enfermedad y la fragilidad.