Antonio José Campos: «La sinodalidad nos invita a hacer las cosas con otro estilo, más misionero y participativo»

Foto Antonio José Campos Martínez

Mañana, dentro del Encuentro Diocesano de Pentecostés, Antonio José Campos Martínez, miembro del Equipo Sinodal de la Conferencia Episcopal Española y delegado de Apostolado Seglar de la Diócesis de Jaén, ofrecerá una charla titulada «Claves de conversión para crecer como Iglesia sinodal». Antes de su intervención, conversa en el programa El Espejo de COPE en Ciudad Rodrigo  sobre los desafíos de la sinodalidad, el papel de los laicos y el significado de Pentecostés para la vida de la Iglesia.

¿Qué ideas principales abordará en su charla «Claves de conversión para crecer como Iglesia sinodal»?

La idea es hacer una mirada pedagógica sobre la propuesta de este camino sinodal una vez concluidas las asambleas y elaborado el documento final. Queremos avanzar juntos en algunas pistas y claves que nos ayuden a seguir recorriendo este camino, que es también un camino de conversión pastoral.

En algunas diócesis ya se está avanzando en esta línea y la intención es compartir ideas y reflexiones que permitan profundizar en la experiencia del Sínodo. Es una experiencia transformadora que nos invita a la conversión para hacer las cosas con otro estilo, un estilo más sinodal, más misionero, incorporando nuevos acentos que nos permitan llegar a todos y caminar juntos.

Cuando hablamos de Iglesia sinodal, ¿de qué estamos hablando exactamente?

Hablamos de un estilo, de una forma de ser Iglesia. No es algo distinto o contrario a lo que somos, sino una manera de expresar mejor nuestra identidad. Una Iglesia capaz de caminar unida, integrando todas las realidades pastorales y vocacionales desde las que vivimos y anunciamos al Señor.

La sinodalidad pone el acento en aspectos fundamentales como la corresponsabilidad, la participación de todos, la misión compartida, la escucha mutua y el discernimiento comunitario. Todo ello nos ayuda a construir caminos juntos y a tejer una Iglesia de todos, entre todos y para todos.

¿Cuáles son los principales retos para vivir auténticamente la sinodalidad?

El principal reto es poner esta tarea en manos del Espíritu Santo o, mejor dicho, ponernos nosotros en sus manos. Debemos vivir este proceso desde una actitud orante, conscientes de que respondemos a una invitación que el Espíritu hace hoy a la Iglesia.

Es necesaria una gran apertura, creatividad y capacidad de escucha. También debemos trabajar desde la confianza y la paciencia. Los procesos eclesiales son lentos y requieren una auténtica labor de artesanía. Eso implica huir de las prisas y seguir profundizando en el conocimiento del Señor y en la llamada que nos dirige.

Además de formar parte del Equipo Sinodal de la Conferencia Episcopal Española, es usted delegado de Apostolado Seglar en Jaén. ¿Qué papel tienen los laicos en este proceso?

Los laicos tenemos un papel muy importante, especialmente en este momento. Aunque siempre ha sido así, hoy se nos pide asumir con mayor intensidad nuestra responsabilidad en la misión de la Iglesia.

Ahora bien, ese protagonismo debe entenderse siempre en comunión con los demás ministerios y vocaciones. Es clave nuestro liderazgo, nuestro compromiso y nuestra corresponsabilidad, pero siempre trabajando junto a los sacerdotes, la vida consagrada y todas las realidades que enriquecen la Iglesia.

Podríamos decir que es el tiempo de los laicos, pero no para nosotros mismos, sino para poner nuestros dones al servicio de todos y con todos.

Por tanto, la sinodalidad no se entiende sin la participación activa de los laicos.

Exactamente. No se entiende una Iglesia sinodal sin corresponsabilidad, escucha y discernimiento comunitario. Los laicos tenemos mucho que aportar y una tarea concreta que desarrollar en esa misión compartida que consiste, en definitiva, en dar a conocer al Señor, anunciar el Evangelio y vivirlo en todos los ámbitos de nuestra vida.

La Iglesia celebra en Pentecostés la Jornada de Acción Católica y del Apostolado Seglar. ¿Qué significa esta fiesta para usted?

Es una fiesta de toda la Iglesia. Es el momento en que la comunidad cristiana, junto a la Virgen María y guiada por el Espíritu Santo, se pone en camino y sale al encuentro de todos.

Personalmente lo vivo como un impulso para mi vida cotidiana: en la familia, en el trabajo y en las distintas responsabilidades pastorales que desempeño. Pentecostés es dejarse fortalecer por el Señor para volver a salir hacia los demás con renovada esperanza.

Para mí, Pentecostés es ese fuego que se contagia y que nos permite iluminar a otros.

¿Qué supone para usted participar en el Encuentro Diocesano de Pentecostés de Ciudad Rodrigo?

Lo vivo con muchísima ilusión. Tengo muchas ganas de compartir este momento con una Iglesia tan viva, tan ilusionante y tan acogedora como la de Ciudad Rodrigo. Será una oportunidad magnífica para compartir misión, experiencia y esperanza con todos los participantes.