Manos Unidas enciende su compromiso con los necesitados con una Eucaristía y un gesto

La luz, encender una vela para iluminar el mundo es uno de los gestos que se han realizado en el acto organizado por Manos Unidas en la Parroquia de San Cristóbal con motivo de la campaña de sensibilización de las ’24 horas’.

En primer lugar, el Obispo Administrador Apostólico, Mons. Jesús García Burillo, ha presidido la Eucaristía en la que ha destacado que «el que puede mover el mundo es el Señor y se hace presente entre nosotros para ser nuestra fuerza y camino de Salvación». De igual modo, «estas 24 horas también se basan en nuestro testimonio, en anunciar el Reino en nuestros espacios».

En el día de San Martín, «que entregó su vida de manera generosa al Evangelio», animó a la delegada, Dña. Ana Lucas, y al resto de voluntarias a continuar con su trabajo.

Tras la Eucaristía, la delegada leyó el manifiesto que se puede ver a continuación y todos los asistentes encendieron una vela:

“No era él la luz, sino que vino para dar testimonio de la luz” (Juan, 1:8)

 

Un año más, Manos Unidas nos reúne en torno a una vela y, al prender su luz, lo hacemos:

  • En nombre de Dios que ha creado todos los seres humanos iguales en los derechos, en los deberes y en la dignidad, y los ha llamado a convivir como hermanos entre ellos, para poblar la tierra y difundir en ella los valores del bien, la caridad y la paz.
  • En nombre de la inocente alma humana que Dios ha prohibido matar, afirmando que quien mata a una persona es como si hubiese matado a toda la humanidad y quien salva a una es como si hubiese salvado a la humanidad entera.
  • En nombre de los pobres, de los desdichados, de los necesitados y de los marginados que Dios ha ordenado socorrer como un deber requerido a todos los hombres y en modo particular a cada hombre acaudalado y acomodado.
  • En nombre de los huérfanos, de las viudas, de los refugiados y de los exiliados de sus casas y de sus pueblos; de todas las víctimas de las guerras, las persecuciones y las injusticias; de los débiles, de cuantos viven en el miedo, de los prisioneros de guerra y de los torturados en cualquier parte del mundo, sin distinción alguna.
  • En nombre de los pueblos que han perdido la seguridad, la paz y la convivencia común, siendo víctimas de la destrucción, de la ruina y de las guerras.
  • En nombre de la fraternidad humana que abraza a todos los hombres, los une y los hace iguales.
  • En nombre de esta fraternidad golpeada por las políticas de integrismo y división y por los sistemas de ganancia insaciable y las tendencias ideológicas odiosas, que manipulan las acciones y los destinos de los hombres.
  • En nombre de la libertad, que Dios ha dado a todos los seres humanos, creándolos libres y distinguiéndolos con ella.
  • En nombre de la justicia y de la misericordia, fundamentos de la prosperidad y quicios de la fe.
  • En nombre de todas las personas de buena voluntad, presentes en cada rincón de la tierra.

 

Que esta luz que hoy encendemos sea un símbolo de todo lo anterior. Y que, con ella, encendamos nuevamente nuestro compromiso para iluminar y mejorar el mundo en el que vivimos, teniendo siempre presentes a los que menos tienen.      

ORACIÓN (tomada de la encíclica Fratelli Tutti)

Señor y Padre de la humanidad, que creaste a todos los seres humanos con la misma dignidad, infunde en nuestros corazones un espíritu fraternal. Inspíranos un sueño de reencuentro, de diálogo, de justicia y de paz. 

Impúlsanos a crear sociedades más sanas y un mundo más digno, sin hambre, sin pobreza, sin violencia, sin guerras. 

Que nuestro corazón se abra a todos los pueblos y naciones de la tierra, para reconocer el bien y la belleza que sembraste en cada uno, para estrechar lazos de unidad, de proyectos comunes, de esperanzas compartidas.  

Amén.