El sacerdote diocesano comenta en el programa Iglesia noticia en COPE Ciudad Rodrigo, el evangelio de este domingo, centrado en las bienaventuradas.

Buenos días a todos los oyentes de la Cadena COPE.
El Evangelio de este domingo nos sitúa ante uno de los textos más conocidos y al mismo tiempo. Más exigentes de todo el Evangelio, las bienaventuranzas.
No son solo una introducción al sermón del monte, sino el corazón del mensaje de Jesús y una auténtica radiografía del reino de Dios. Jesús sube al monte, se sienta y comienza a enseñar. Este gesto no recuerda a Moisés en el Sinaí. Pero hay una diferencia fundamental. Jesús no transmite una ley escrita en piedra, sino que propone un estilo de vida, una manera nueva de entender la felicidad. Para el mundo, felices son los que poseen, los que triunfan, los que se imponen. Para Jesús, en cambio, felices son los que viven abiertos a Dios y a los demás.
Las bienaventuranzas comienzan con una afirmación sorprendente: bienaventurados los pobres de espíritu. Jesús no glorifica la miseria, sino la actitud interior de quien reconoce que todo lo ha recibido y que necesita de Dios. El pobre de espíritu no se cree autosuficiente, vive con las manos abiertas, confiando más en Dios que en sus propias seguridades. Por eso dice Jesús de ellos es el reino de los cielos.
Luego habla de los que lloran, de los mansos, de los que tienen hambre y sed de justicia. Son personas que no se han endurecido ante el sufrimiento propio o ajeno, que no se resignan a la injusticia, que no responden al mal con violencia. En un mundo, que valora la dureza y la competencia, Jesús proclama bienaventurados a quienes eligen la ternura, la paciencia y el compromiso por un mundo más justo.
Cuando Jesús habla de los misericordiosos, de los limpios de corazón y de los que trabajan por la paz, nos está mostrando el rostro concreto del discípulo. La misericordia rompe la cadena del rencor , la limpieza de corazón unifica la vida y permite ver a Dios en lo sencillo. La paz no es pasividad, sino una tarea exigente que implica diálogo, perdón y valentía.
Finalmente, Jesús no oculta la consecuencia de vivir así. Bienaventurados, los perseguidos por causa de la justicia. El Evangelio no promete una vida fácil. Seguir a Jesús puede traer incomprensiones , rechazo e incluso persecución. Pero él asegura que incluso en medio de esas dificultades hay una alegría más profunda, la certeza de caminar con Dios y de vivir según su voluntad.
Las bienaventuranzas no son una lista de ideales inalcanzables, son ante todo una promesa. Dios ya está actuando en quienes viven de este modo y son también un espejo en el que podemos mirarnos para preguntarnos qué tipo de felicidad buscamos.
Jesús nos invita hoy a creer que la verdadera bienaventuranza no está en acumular, dominar o sobresalir, sino en confiar en Dios, vivir con un corazón limpio y comprometidos con el amor. Que al escuchar este evangelio, no nos quedemos solo en la admiración, sino que nos dejemos transformar por esta palabra que sigue teniendo la fuerza de cambiar nuestra vida y nuestro mundo .
Feliz domingo.
JOSÉ EFRAÍN PEINADO