El Seminario de Vida en el Espíritu reúne a unas 75 personas en Ciudad Rodrigo

La experiencia se ha enmarcado en la espiritualidad de caracter carismático. Ha estado promovido por la Delegación diocesana de Apostolado Seglar. 

Participantes en el Seminario de vida en el espíritu

La Delegación diocesana de Apostolado Seglar ha participado recientemente en un Seminario de Vida en el Espíritu, organizado por la Delegación de Apostolado Seglar, que ha contado con la asistencia de unas 75 personas procedentes de distintos puntos de la diócesis.

El seminario se desarrolló en las instalaciones del antiguo colegio de las Teresianas, actualmente colegio de las Misioneras, utilizando tanto la iglesia de San Agustín como los salones del centro. La experiencia se enmarcó en una espiritualidad de carácter carismático, centrada en la alabanza, la adoración y el encuentro personal con el Señor.

El encuentro fue dirigido por el grupo Pueblo de la Alabanza, con Daniel Novillo y Miguel Garrigós, procedente de la diócesis de Toledo, quienes guiaron las distintas catequesis y momentos de oración, acompañados por un ministerio de alabanza. Este tipo de seminarios se caracteriza por un marcado protagonismo del canto y la alabanza como expresión de fe y oración comunitaria.

Según ha señalado el delegado diocesano de Apostolado Seglar, Daniel Mielgo, el balance del seminario ha sido “muy positivo”, destacando la buena acogida por parte de los participantes, que han manifestado su deseo de seguir profundizando en esta espiritualidad, así como de vivir los sacramentos de una forma más cotidiana y consciente.

El seminario incluyó diversas enseñanzas sobre el amor de Dios,  Cristo y los carismas, abordando también su fundamento bíblico a partir de los Hechos de los Apóstoles y las cartas de san Pablo, subrayando cómo los dones del Espíritu han estado presentes en la Iglesia desde sus orígenes.

Además de las catequesis, el programa contó con momentos de adoración, alabanza y celebración de la Eucaristía, así como espacios de convivencia fraterna, compartiendo comidas y cenas. Todo ello favoreció un clima de comunión entre participantes de todas las edades, desde jóvenes y matrimonios hasta personas mayores, a.

El objetivo final de esta experiencia, tal como ha explicado el delegado diocesano, es que los participantes puedan regresar a sus parroquias con el espíritu renovado, más comprometidos con la vida comunitaria y con el deseo de seguir creciendo en su fe al servicio de la Iglesia.