EL COMENTARIO DE VIDAL RODRÍGUEZ: «Que Tomás tuviera dudas puede resultar estimulante para nosotros»

Comentario Vidal Rodríguez 12 de abril

Un cordial saludo a todos en este domingo de la octava de Pascua, os habla Vidal Rodríguez.

Desde muy antiguo se lee cada año en el domingo de la octava de Pascua, el Evangelio en el que Juan nos cuenta las dos apariciones del resucitado a los apóstoles.

El primer día de la semana en ausencia de de Tomás y a los ocho días, ahora con la presencia del incrédulo, que tiene la ocasión de expresar su fe con esta humilde confesión: Señor mío y Dios mío .

Los discípulos del primer día tuvieron una gozosa experiencia. Su corazón encogido de miedo y las puertas cerradas eran signo de sentirse defraudados. Les parecía que todo había terminado en la cruz. Sin embargo, sus corazones se llenaron de alegría al ver al Resucitado y saltaron de gozo.

El Señor glorioso les enseña las llagas de sus manos y de su costado, signos de su amor y de su entrega. Y para que no duden que el que está ante ellos es el mismo que estuvo en la cruz. Y les comunica por dos veces su paz: «mi paz os dejo, mi paz os doy». Aquella paz que tanto necesitaban sus corazones perturbados.

El discípulo del octavo día es desconfiado y quiere asegurarse. No le basta la palabra de sus compañeros: «si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».

El que Tomás tuviera dudas puede resultar estimulante para nosotros. El no creyó yo lo que le decían sus hermanos de comunidad. Todos llevamos dentro un Tomás. A todos nos viene la tentación de pedir a Dios pruebas de su cercanía o signos que nos muestren que nuestro camino es el bueno. O milagros o visiones para poder creer.

Nosotros pertenecemos a esas generaciones que tienen más mérito que la primera al creer en Cristo, porque no le hemos visto, ni oído, ni tocado personalmente y sin embargo, creemos en Él.

Se nos aplica lo que Jesús dijo al incrédulo Tomás: «¿ porque más visto has creído?, dichosos los que crean sin haber visto».

La garantía dada a Tomás es excepcional. A partir de entonces el camino normal de acercamiento a Cristo se apoya en la escucha. El signo que lleva la fe es transformado, ya no es la visión directa, sino el testimonio.

Por eso decía San Gregorio Magno, nos benefició más la incredulidad de Tomás que la fe de los discípulos creyentes.

Feliz domingo de la octava de Pascua. 

VIDAL RODRÍGUEZ