EL COMENTARIO DE RAFAEL CAÑO: «hemos de permitir que él mismo camine a nuestro lado, hemos de dejarle hablar, hemos de acoger el pan de vida en la Eucaristía»

Comentario Rafael Caño

Jesús mismo se les acercó y se puso a caminar a su lado. «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?». Bonitas palabras del Evangelio de este tercer domingo de Pascua de Resurrección.

Apreciados oyentes de la Iglesia Noticia COPE Rodrigo: el Evangelio de los discípulos de Emaús es un texto que siempre me ha llamado la atención. Además, es irrenunciable en cualquier proceso de presentación de la fe.

Hoy nos acercamos a él desde la experiencia inicial humana del fracaso, que, sin embargo, puede acabar en encuentro fructífero. Cuando el evangelista Lucas escribe esta narración, en la comunidad cristiana había dudas y decepciones. Algunos habían perdido la fe en Jesús. La cruz había roto todas sus expectativas y esperanzas. Algunos, decepcionados, abandonaban el camino de la fe. Y por ello, les recuerda el encuentro del Resucitado con aquellos dos discípulos decepcionados que se exilian a Emaús.

También hoy, en estos tiempos de profundos cambios, como cristianos podemos sentirnos desorientados. Muchos cristianos hemos tenido momentos de seducción con Jesús y creemos en su mensaje y en su proyecto. Pero cuando llega la cruz en sus múltiples formas, pensamos que todo se ha acabado.

Es mejor retirarse y dejar que una ligera memoria de una época feliz permanezca en nuestro corazón. Esa es la tentación. Es normal que en el corazón de algunos creyentes aparezcan dudas y preguntas: ¿qué valor puede tener hoy ser cristiano? ¿Merece la pena? ¿Se trata de estar en una doctrina? ¿De vivir conforme a una ética? ¿De participar en unos ritos? Algunos se atreven a hacer incluso esta importante pregunta: ¿realmente es posible el encuentro con Jesús resucitado?

La narración que hace el evangelista Lucas sobre los discípulos de Emaús pretende ayudar a los discípulos de todos los tiempos a encontrarse con Jesús resucitado. Lucas viene a decir: el encuentro con el Resucitado es posible y, para reconocer a Jesús, no basta con saber cosas sobre él; hemos de permitir que él mismo camine a nuestro lado, hemos de dejarle hablar, hemos de acoger el pan de vida en la Eucaristía.

La Iglesia es discípula de Emaús y camina por la historia buscando al Resucitado, deseando encontrarse con él. Benedicto XVI afirmaba: «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una persona que da un nuevo horizonte a la vida y, con ella, una orientación decisiva».

El papa Francisco, que, por cierto, celebraremos el aniversario de su fallecimiento, de la partida hacia el cielo, el próximo martes día 21, decía: «Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación, a que renueve ahora mismo su encuentro personal con Jesús, o al menos a tomar la decisión de dejarse encontrar por él, intentarlo cada día sin descanso. No hay razón para que alguien piense que en esta invitación no nos espera Él, porque nadie queda excluido de la alegría reportada por el Señor».

Pero, ¿cómo encontrarnos con Jesús Resucitado? ¿Cómo se hace posible esta experiencia? Tal vez las imágenes que nos hemos formado sobre el Resucitado sean frías, lejanas y abstractas. Y por eso, cuando leemos el texto o cuando lo escuchamos, no terminamos de creer lo que nos dice. Una mayoría de los cristianos no cree, no sabe en su corazón que el Resucitado camina a su lado, no ha hecho experiencia de ello, sabe recitar las verdades de la fe, pero no siente siempre, en el fondo de su ser, la presencia de Jesús.

¿Qué hacer? Entremos en el texto hoy y fijémonos en la afirmación siguiente: «Jesús mismo se les acercó y se puso a caminar a su lado». Acojámosla, ayudémonos a despertar la conciencia que nos asegura que el Resucitado camina a nuestro lado.

Cada día podemos cerrar los ojos o abrirlos, hacer un poco de silencio y acoger en lo profundo de nuestro ser a quien camina a nuestro lado. Y, como a los de Emaús, la fe les cambia su forma de ver la realidad. Les lleva a volver a Jerusalén, de donde habían huido. Vuelven para decir: es verdad, ha resucitado el Señor.

Si te has encontrado con Jesús, cambias de vida. Como nos decía el papa Francisco: «Nadie queda excluido de la alegría reportada por él».

Feliz domingo de tiempo pascual.