EL COMENTARIO DE JOSÉ MARÍA RODRÍGUEZ-VELEIRO: «Le devolvió la vista a los ojos… y también al corazón»

Buenos días amigos. Feliz domingo del tiempo de cuaresma. Alcanzamos hoy el cuarto domingo.

Después de haber contemplado el domingo pasado en el Evangelio el signo del agua, en aquel bonito diálogo de Jesús con la samaritana, hoy nos fijamos en el signo de la luz. Más que un signo, porque Jesús, como nos acaba de decir, mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.

Qué pedagógico, qué didáctico, es este encuentro de Jesús con el ciego de nacimiento. Él obra el milagro de devolverle la vista, a sus ojos. Y llama la atención que el encuentro con Jesús, o la acción milagrosa de Jesús, no se quedó solamente en devolverle la vista a los ojos, sino que le devolvió la vista al corazón. Porque aquel ciego terminará expresándole al Mesías: «Creo, Señor».

De vivir ciego externamente y de vivir ciego en el corazón, recobra la luz también en su alma. Porque el encuentro con el Mesías no puede ser de otra manera.

Frente a esa luz y a esa salvación, encontramos la actitud de los fariseos, los que vivían en la oscuridad, los que tenían cerrado su corazón a la luz, que podía portar el hijo de Dios, y que esa oscuridad del corazón, esa ceguera existencial, les llevaba a reconocer en la limitación de los semejantes, nada más que pecado, culpa y condena.

Frente a esa actitud negativa y oscura de los fariseos, Jesús muestra cómo la pequeñez humana y cómo la limitación es una ocasión para manifestar la voluntad salvadora de Dios. Como Jesús se acerca al pobre, al pequeño, al débil, al limitado, y le levanta de su indigencia, devolviéndole la luz.

Por eso los discípulos del Mesías, cada uno de nosotros, estamos llamados a no ser condenadores, a no ser jueces y a no descubrir el mal en la limitación humana, sino a descubrir la ocasión propicia para que Dios intervenga en nuestra vida y haga que recobremos la vista ante tantas cegueras.

Descubrámonos hoy ciegos ante el Señor necesitados de su luz y pidamos que esa luz, que toque nuestro corazón, que nos haga ver el mundo con los ojos de Dios, nos lleve a ser también luz para los demás, nos lleve a ser corazones acogedores de los demás.

Que el encuentro salvífico de Jesús con el ciego de nacimiento nos anime también a vivir nuestra vida como una salida hacia este mundo que necesita, que busca, que tiene sed y necesidad de la salvación de Dios, que es la luz del mundo.

Feliz domingo a todos. 

JOSÉ MARÍA RODRÍGUEZ-VELEIRO