EL COMENTARIO DE ANTONIO RISUEÑO: «Adoramos a Dios, abrazamos a Dios, queremos a Dios,… haciéndolo con los hermanos.»

Buenos días, escuchantes de COPE Ciudad Rodrigo. En este domingo 8 de marzo de 2026, tercero en el cuaresma, llegamos al Ecuador de la misma. En ella, el Evangelio de Juan nos abre sus páginas de la siguiente manera:

En aquel tiempo, llegó Jesús a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el pozo de Jacob.

Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era hacia la hora sexta.

Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice:

«Dame de beber».

Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.

La samaritana le dice:

«¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (porque los judíos no se tratan con los samaritanos).

Jesús le contestó:

«Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y él te daría agua viva».

La mujer le dice:

«Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?».

Jesús le contestó:

«El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna».

La mujer le dice:

«Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla».

Él le dice:

«Anda, llama a tu marido y vuelve».

La mujer le contesta:

«No tengo marido».

Jesús le dice:

«Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad».

La mujer le dice:

«Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén».

Jesús le dice:

«Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daré culto al Padre. Vosotros daréis culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que el que quiera dar culto al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto. Dios es espíritu, y los que darán culto deben hacerlo en espíritu y verdad».

La mujer le dice:

«Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él lo dirá todo».

Jesús le dice:

«Yo soy, el que habla contigo».

Lo primero que queda claro en este relato es el respeto, la aceptación y la acogida humana de Jesús hacia cualquier persona. Jesús se encuentra con una mujer extraña y que además es despreciada por partida triple: los hombres la desdeñan como mujer, los judíos como samaritana y las más mujeres como mujer poco ejemplar.

Pues bien, a esta mujer ,despreciada sin duda, Jesús le asegura que él va a dar un agua que va a saciar todas sus carencias y sus anhelos. Jesús le dice la verdad. Pero lo hace de forma que ni le reprocha nada, ni le prohíbe nada, ni le impone nada. Jesús le ofrece saciar su sed inmensa; sed sin duda de estima, de respeto y sobre todo de cariño.

La segunda gran enseñanza de Jesús está en la contestación a la pregunta: dónde hay que adorar a Dios. Las religiones de todos los tiempos se han preocupado ante todo por responder a estas preguntas. La definición del espacio sagrado y la búsqueda de un centro. Jesús le dijo que a partir de este momento la verdadera religión, el verdadero templo, el centro de todo, no está ni en un lugar ni en otro. Ni en una religión ni en otra, sino en el corazón del hombre; en el encuentro con el otro, en la ayuda al otro.

Adoramos a Dios, abrazamos a Dios, queremos a Dios,… haciéndolo con los hermanos. La oración es ante todo una búsqueda de la voluntad de Dios para tener una confianza, un encuentro, una fraternidad potente con los hermanos. Es decir, donde se reproduce lo que sucedió en el encuentro de Jesús con la samaritana.

Jesús realizó el traspaso de la religión exterior a una espiritualidad interior. Y ahí es donde está lo sagrado. Lo más sagrado es la vida honrada, la coherencia, la bondad. El agradecer a Dios toda su ayuda para tener cada vez una relación más saludable con los hermanos.

Amigos, amigas, escuchantes de COPE en esta mañana, vuelvo a desear a todos, especialmente a los que están impedidos y no pueden salir de casa un feliz día, tercer domingo de Cuaresma. Que la Palabra de Dios siga ayudándonos a crear a todos esa capacidad de adorar a Dios, amando a los hermanos.

Buen día para todos.