Antonio Risueño: «El bautismo es un proceso de conversión»

El sacerdote y vicario de Pastoral comenta en el programa Iglesia Noticia en Ciudad Rodrigo, el evangelio de este domingo, fiesta del Bautismo del Señor. 

Hoy, terminando la Navidad y comenzando el tiempo ordinario, celebramos la fiesta del bautismo del Señor. Mateo nos abre sus páginas con el siguiente mensaje.

«En aquel tiempo, vino Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. 

Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole: 

“Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?”. 

Jesús le contestó: 

“Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia”. 

Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz de los cielos que decía: 

“Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”.»

En la corta historia de Jesús, que vivió solamente hasta los 30 y pocos años, hubo un momento decisivo, el bautismo. El bautismo marca un antes y un después en su vida. Hasta ese momento Jesús había sido un humilde y desconocido trabajador manual, en humilde aldea que entonces Nazaret. Pero llegó el día en que Jesús vio que tenía que cambiar de vida. Sin duda, él vio que no se trataba simplemente de ser mejor persona allí en su casa y su trabajo de siempre. Tenía que dar una orientación distinta a su tarea.

Probablemente oyó hablar de Juan Bautista, de sus bautismos al otro lado del Jordán, de las gentes que acudían a ser bautizados para cambiar de vida. Y vio que allí estaba la llamada para él.

El bautismo de Juan era un acto único, que no se repetía. Por tanto, debía ser un cambio decisivo en la vida para siempre. No era un ritual de purificación más, uno de tantos entre los muchos que tenían los judíos:  Era un baño de inmersión en el agua. No para quedar puro y limpio, sino para expresar la conversión , el cambio de mentalidad. En este gesto se entendía como el perdón de los pecados. O sea, estableció una correcta relación con Dios.

La gran novedad de todo esto estaba en que hasta entonces solo el sacerdote en el templo y mediante un sacrificio sagrado podía perdonar pecados. Sin embargo, Juan modifica todo el sistema penitencial de Israel. Lo saca el templo, del culto, de los sacerdotes y lo lleva al desierto. Y sobre todo, lo plantea de forma que se realiza en un cambio decisivo de vida.

Al bautizarse, Jesús asumió ese mismo proyecto. Poner la relación con Dios no en lo sagrado, sino en la vida que busca la honradez y la bondad. Y eso es lo que el cielo aprobó con el descenso del espíritu y la voz de que decía este es mi hijo, esto es lo que yo quiero.

Así el evangelio de Jesús representa una forma nueva de vivir. Llevar una vida lo más parecida posible a la mentalidad, al pensamiento, a las convicciones de Jesús.

Por eso es bien importante asumir que el bautismo, que cada uno hemos vivido o vivamos, es un proceso de conversión, es algo que nos llama continuamente a cambiar la mentalidad, a cambiar los esquemas lógicos, que tenemos en la vida. Desde nuestros posibles intereses, para llevarlos de forma efectiva a los caminos de Jesús.

En este día del Bautismo del Señor, deseo a todos que nuestro bautismo sea siempre una llamada a la propia conversión, de vínculos, de relaciones y de estructuras mentales y físicas, que como creyentes todos tenemos.

Amigas, amigos, les deseo a todos un feliz día del Bautismo en el Señor. 

ANTONIO RISUEÑO