El sacerdote y rector del Seminario diocesano comenta en el programa Iglesia noticia en COPE Ciudad Rodrigo las lecturas del segundo domingo de Navidad.

Buenos días. Celebramos el segundo domingo después de Navidad. Ya hemos pasado la octava y nos vamos preparando para la gran solemnidad de Epifanía, de la manifestación de Dios a todos los pueblos en la figura de los tres magos que vienen de Oriente.
En este domingo después de Navidad, se sigue insistiendo en la Encarnación del Hijo de Dios y en lo que significa para el mundo. Él es la sabiduría que llena el mundo entero, como nos dice la primera lectura, y también se ha encarnado para que seamos hijos en él para recibir el beneplácito de su gracia, como nos ha dicho la segunda lectura.
Pero la lectura más importante es la del Evangelio. Igual que el día de Navidad, escuchamos el inicio del Evangelio de San Juan. Ese precioso prólogo poético en el que se nos muestra como Jesús, que es la palabra, se encarna, se hace carne, se hace uno con nosotros, pone su tienda entre nosotros. Es decir, no solo habita, no solo está entre nosotros, sino que además clava los clavos de la tienda, se hace como nosotros exactamente iguales, igual, menos en el pecado, para volver después junto a Dios. Y ojo, no irse solo, sino llevarnos con él.
Y esa es la estructura del inicio del Evangelio de San Juan. Para nuestra vida en este domingo, se nos invita a contemplar a ese misterio de Dios encarnado, a ese hijo de Dios que se ha hecho como nosotros, salvo en el pecado, para que nosotros también vivamos encarnados en el mundo. No para identificarnos plenamente con él y hacer todo lo que hace el mundo, sino para transformarlo con nuestra presencia, siempre confiando en que ese mismo Hijo de Dios encarnado nos acompaña, nos ayuda, nos protege y también nos lleva de la mano para anunciar su buena noticia e ir poco a poco guiados por él, transformando el mundo en algo mejor.
Feliz Navidad para todos.
ANSELMO MATILLA