El obispo de la Diócesis de Ciudad Rodrigo, Mons. José Luis Retana, ha presidido este domingo la solemne Eucaristía y posterior procesión con motivo de la fiesta del Cristo de la Luz en el convento del Zarzoso, reuniendo a numerosos fieles.
Durante la homilía, el prelado ha centrado su reflexión en el significado del «aceite que no se consume», una imagen profundamente arraigada en la tradición del Cristo de la Luz. Este símbolo, ha explicado, «es un signo de la divinidad de Cristo. Dios es el único que «es», el único que no necesita tomar energía de fuera para brillar. Él es el fuego que arde sin consumir la zarza, el Sol que no conoce ocaso».
Mons. Retana ha invitado a los presentes a no dejarse vencer por el miedo al cansancio, al vacío o a la oscuridad, recordando las palabras del Evangelio: «No se inquiete vuestro corazón». En este contexto, ha subrayado que Jesucristo es «el Camino, la Verdad y la Vida».
El prelado civitatense ha introducido otra dimensión del aceite: el aceite de la caridad. En este sentido, se ha referido a San Agustín quien decía que «el aceite representa al Amor, porque el aceite siempre busca estar por encima de los demás líquidos. El servicio a los pobres, la atención a los necesitados, es lo que permite que la Palabra de Dios se difunda».
En su predicación, ha explicado que «para que el aceite no se consuma en la acción social, tiene que haber un depósito constante de oración». Además, ha afirmando que «el servicio sin oración termina en agotamiento, mientras que la oración sin servicio pierde su sentido».
El mensaje del Cristo de la Luz sigue plenamente vigente en la actualidad
El obispo ha señalado que el mensaje del Cristo de la Luz sigue plenamente vigente en la actualidad, en un mundo marcado por la preocupación por la escasez y la incertidumbre. Frente a ello, ha afirmado que la gracia de Dios no se agota y que «cuanto más se da, más se tiene».
Finalmente, Mons. Retana ha animado a los fieles a convertirse en «lámparas vivientes», portadores de la luz de Cristo en sus familias y entornos, especialmente en medio de las dificultades personales.
La celebración ha concluido con la procesión de la imagen del Cristo de la Luz, expresión pública de fe y testimonio de una devoción que sigue viva en la comunidad.



















