EL COMENTARIO DE JOSÉ EFRAÍN PEINADO: «Nos enseña que el verdadero reinado no se basa en la fuerza, sino en el amor que se entrega»

El Domingo de Ramos marca el inicio de la Semana Santa y nos presenta una paradoja profunda: Jesús entra en Jerusalén aclamado como rey. Pero pocos días después será rechazado y crucificado.

La liturgia de este día nos invita a contemplar esta doble realidad, la gloria aparente y el sufrimiento real.

La multitud recibe a Jesús con palmas y gritos de Hosanna, reconociéndolo como el Mesías. Sin embargo, ese entusiasmo es frágil. Muchos de los que hoy aclaman, mañana callarán o incluso gritarán: crucifícalo.

Esto nos lleva a preguntarnos. ¿cómo es nuestra fe?¿Seguimos a Jesús solo en los momentos de alegría o también en el camino de la cruz. Jesús no entra en Jerusalén con poder ni imponiéndose, sino montado en un burrito, signo de humildad y paz. Nos enseña que el verdadero reinado no se basa en la fuerza, sino en el amor que se entrega. Su camino no evita el sufrimiento, pero lo transforma en salvación.

La lectura de la Pasión nos conforta con el dolor, la traición, el abandono y la injusticia. En ella podemos ver reflejadas muchas realidades de nuestro mundo y también de nuestra propia vida . Momentos en los que fallamos, en los que negamos, en los que no somos fieles.

Pero también descubrimos algo más grande: el amor de Cristo que permanece, que perdona y que se entrega hasta el final.

Este día nos invita a, no quedarnos solo con los ramos en las manos, sino a acompañar a Jesús con el corazón, a caminar con Él durante toda la Semana Santa, aceptando también nuestras propias cruces, confiando en que el amor de Dios siempre tiene la última palabra.

Feliz Semana Santa. 

JOSÉ EFRAÍN PEINADO