Un saludo muy cordial a todos los oyentes de la Cadena COPE.
Hoy celebramos el quinto domingo de Cuaresma. A una semana del inicio de la Semana Santa, la liturgia nos presenta la resurrección de Lázaro, como culminación del itinerario cuaresmal.
Jesús se nos revela como la resurrección y la vida, manifestando su poder sobre la muerte. Este signo prodigioso anticipa su propia victoria Pascual y nos asegura que quien cree en Él, aunque haya muerto, vivirá.
Pero no se trata solo de una promesa futura. Cristo ya comunica su vida nueva aquí y ahora.
Como enseña San Pablo, el espíritu de aquel que resucitó a Jesús, habita en nosotros y dará también vida a nuestros cuerpos mortales.
El diálogo de Jesús con Marta nos sitúa ante la pregunta esencial: «Yo soy la resurrección y la vida. ¿Crees esto?» Marta hace una hermosa profesión de fe: «Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios».
También a nosotros en este tramo final de la Cuaresma, Jesús nos interpela personalmente.
¿Creemos, de veras, que Él es nuestra vida y nuestra esperanza? La fe en la Resurrección de Cristo y en la nuestra es el núcleo del Evangelio y está en el centro del credo que proclamamos cada domingo.
Conviene avivar esta fe con corazón humilde y confiado. Dentro de unos días en la vigilia Pascual, renovaremos nuestras promesas bautimales. Preparémonos desde ahora, afirmando con Marta: «Sí, Señor, creo en ti». y robusteciendo nuestra esperanza más allá de la muerte . Incluso podemos invitar a todos a rezar juntos el credo hoy como gesto de renovación de nuestra adhesión a Cristo, Señor de la vida.
Cuando Lázaro sale del sepulcro, Jesús ordena: «desatadlo y dejadlo andar». Es una imagen poderosa de lo que el Señor realiza en nosotros mediante el sacramento de la penitencia.
En estas jornadas cercanas a la Pascua es muy recomendable buscar la reconciliación. Lo haremos en todas las parroquias, ya sea en una celebración comunitaria o acudiendo al confesionario para que Cristo nos libere de las vendas del pecado y nos permita andar en la libertad de los hijos de Dios.
El evangelio de la resurrección de Lázaro es el gran signo que anticipa la Pascua. Jesús no llega indiferente al dolor, se conmueve, llora, se deja afectar por el sufrimiento de Marta y María. La fe cristiana no es evasión del dolor humano , sino presencia de Dios en medio de él.
El diálogo con Marta, como decíamos, es central. Él ya confiesa una fe sincera, pero todavía limitada a un futuro lejano. Jesús invita a que dé un paso más a reconocer que la vida definitiva está ya presente en su persona.
Creer en Cristo es entrar en una relación que vence la muerte desde ahora, aunque todavía tengamos que atravesarla.
No olvidemos que hoy es el Día del Seminario en nuestra diócesis y que tenemos la necesidad de sacerdotes, la necesidad de respuestas a la llamada del Señor. Pidamos por nuestro seminario, pidamos por las vocaciones para que no falten nunca obreros que vayan a trabajar a la mies.
Un saludo muy cordial y feliz domingo a todos.
ANGEL MARTÍN CARBALLO