El sacerdote y delegado diocesano de Liturgia comenta en el programa Iglesia noticia COPE en Ciudad Rodrigo el evangelio de este domingo centrado en los mandamientos.
En estos domingos previos a la cuaresma, venimos leyendo el sermón llamado de la montaña , que es como el resumen de todo el Evangelio. Hace dos domingos escuchábamos las bienaventuranzas. El domingo pasado el mandato de ser sal y luz en medio del mundo y hoy el evangelio nos habla de cumplir los mandamientos.
Es posible que Mateo al describir este pasaje esté pensando en aquellos judíos convertidos al cristianismo que dudaban si debían seguir cumpliendo la ley de Moisés o si esta ley había sido abolida por Cristo. La respuesta de Mateo puesta en labios de Jesús es clara: «No penséis que he venido a abolir la ley y los profetas. No he venido a abolir, sino a dar plenitud».
Jesús no cambia las normas anteriores por otras nuevas, sino que nos invita a comprender su espíritu, a vivirlas con amor, no como una carga o una simple obligación.
Por eso dirá: «habéis oído que se dijo, pero yo os digo» y justamente cita al grupo de los fariseos que se tenían como modelos del cumplimiento de la ley. Cumplían los mandamientos en su literalidad, pero olvidaban lo que es esencial, la misericordia, la compasión, la verdad.
Jesús dirá «no seáis como ellos, si no sois mejores que ellos, no entraréis en el reino de los cielos». Comentando el quinto mandamiento no matarás, Jesús va más allá y si es pecado gravísimo dar muerte a alguien añade «el que se deja llevarte la cólera contra su hermano hermano será procesado».
El que odia, guarda rencor, está dando muerta al hermano en su corazón. Más aún condena incluso el insulto y el desprestigio del hermano. «Si lo llama imbécil o necio, tendrá que comparecer ante el tribunal». Las relaciones auténticamente humanas se basan en la verdad. Sin embargo, la mentira se ha vuelto demasiado habitual en la política, en los negocios, en los medios de comunicación social, incluso también en las familias y en las relaciones personales.
Escuchamos las palabras de Jesús sobre el octavo mandamiento: «también habéis oído que se dijo a los antiguos, no jurarás en falso, pero yo os digo, no juréis en absoluto». Jesús quiere que sus discípulos, nosotros, seamos personas de fiar, transparentes, sin doblez alguna. Decir sí cuando es sí y no, cuando es no, hace personas veraces de palabra firme, dignos de confianza. Actuando así no será necesario que hagamos juramento alguno.
Quizá nunca conseguiremos vivir con esta radicalidad que nos propone Jesús. Somos humanos y por eso a veces incoherentes. Hoy podemos pedir a Jesús que transforme nuestro interior, purifique nuestro corazón y nos dé una mirada limpia, que nuestras palabras sean veraces, nuestras acciones coherentes y nuestras relaciones fraternales.
VIDAL RODRÍGUEZ ENCINAS
