El obispo comparte con los mayores de la Residencia San José la alegría del Jubileo

Mons. José Luis Retana invitó a los residentes, a las Hermanitas de los Ancianos Desamparados y a los trabajadores a renovar la fe, confiar en el Señor y convertirse en portadores de esperanza para quienes más lo necesitan

DELEGACIÓN DE MEDIOS

La comunidad de la Residencia de Mayores San José, atendida por las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, ha celebrado este lunes, 24 de noviembre, una emotiva celebración jubilar presidida por el obispo diocesano, Mons. José Luis Retana, en el marco del Año Santo convocado por el papa Francisco bajo el lema: “Peregrinos de esperanza”.

La celebración comenzó en el hall de entrada con una procesión con la imagen del Crucificado hasta la capilla de la residencia, donde los residentes, las hermanitas, el personal auxiliar y trabajadores del centro renovaron sus promesas bautismales y participaron en la eucaristía que presidió el obispo y fue concelebrada por varios presbíteros. 

En su homilía, Mons. José Luis Retana recordó que el Jubileo es «un tiempo de gracia y conversión, para volver una y otra vez a Dios, el único que es capaz de dar plenitud a nuestra vida”. Citando al papa Francisco, el obispo destacó que este Año Santo quiere ser “un momento de encuentro vivo y personal con el Señor Jesús”, y que la esperanza cristiana se hace visible en gestos concretos como “el cuidado de los enfermos y de los que sufren; la acogida de los migrantes; la atención a los ancianos; y, de manera apremiante, el amor a los pobres y necesitados”.

Mons. Retana insistió en que la transformación del mundo comienza en el corazón de cada creyente: “Difícilmente podremos transformar el mundo… si antes no cambiamos personalmente”. Por ello invitó a cultivar una “espiritualidad de ojos y oídos abiertos a los pobres, una espiritualidad de la ternura y de la gracia”, que sostenga el compromiso cristiano.

Durante su intervención, recogió también el deseo del papa Francisco para este Jubileo de 2025: «recuperar la confianza en el Señor, en la Iglesia, en la sociedad, en los vínculos interpersonales, en la promoción de la dignidad de la persona y en el respeto a la creación» y convertirnos en “signos de esperanza” para quienes viven situaciones de especial dificultad.  “Dejémonos atraer por la esperanza y permitamos que a través de nosotros sea contagiosa”, recordó citando al papa.

Y concluyó poniendo en manos de la Virgen, “Madre de la Esperanza”, a toda la comunidad de la residencia y a la Diócesis de Ciudad Rodrigo.