El obispo de Ciudad Rodrigo, Mons. José Luis Retana, ha resaltado hoy en la misa del Corpus Christi en La Fuente de San Esteban, que «la Eucaristía es la fuente y el culmen de la vida cristiana, porque es la expresión más grande de la generosidad más auténtica». Durante la homilía, ha subrayado que «la Eucaristía es el pan de vida y la bebida de salvación que Cristo nos ofrece como alimento para nuestro diario peregrinar hacia la patria celeste».
Mons. José Luis Retana ha presidido en la festividad del Corpus Christi la misa que ha tenido lugar en la Plaza Mayor de la Fuente de San Esteban. La Eucaristía ha sido concelebrada por un grupo de presbíteros entre los que se encontraba el párroco, Anselmo Matilla, y el vicario de Pastoral, Antonio Risueño.
En su intervención, Mons. Retana ha apuntado que «en esta gran fiesta de la Eucaristía, se recuerda a todos los cristianos la obra de Cáritas, que es como decir la obra de la Iglesia, porque Cáritas es la diócesis, la parroquia, la comunidad que comparte lo que tiene para que a nadie la falte lo necesario».
La caridad es amor
«La caridad debe llevarnos a tender manos, a realizar pequeños gestos cotidianos y a participar e intervenir en las dinámicas sociales que nos llevan al compromiso por el bien común» ha comentado el obispo de Ciudad Rodrigo. «La caridad es amor que brota de la vida que se entrega de forma gratuita, sin esperar una contrapartida. Este amor sin fronteras, sin que pongamos límites ni condiciones para darlo, es el que hace posible la fraternidad universal» ha dicho Mons. José Luis Retana.
Para el prelado civitantese «celebrar el día de la Caridad es dar testimonio de nuestra fe y de nuestra opción de poner en el centro de nuestra mirada y de nuestra acción el amor por las personas, en especial, por los más pobres, las más pequeñas y desprotegidas por la lógica de un mundo pragmático e individualista».
El obispo ha terminado su homilía hablando de la próxima visita del Papa a España, que bajo el lema ‘Alzad la mirada’ «nos invita a levantar los ojos hacia las necesidades de quienes nos rodean y reconocer en cada persona el rostro de Cristo, a no ceder al desaliento ni conformarnos con lo que ya hacemos, sino a seguir caminando hacia horizontes más amplios de justicia y fraternidad».











