Jean Claude se despide de sus parroquias en La Ribera: «He aprendido a ser un pastor que huele a oveja»

despedida de Jean Claude de sus parroquias en el arciprestazgo de La Ribera
FOTOS: cedidas

El sacerdote Jean Claude Bizimungu se despide de la Diócesis de Ciudad Rodrigo después de diecisiete años de ministerio sacerdotal marcados por el servicio en distintas parroquias, especialmente en el arciprestazgo de La Ribera. En declaraciones a la Delegación de Medios de Comunicacion Social de la Diócesis de Ciudad Rodrigo, ha compartido sus sentimientos ante este nuevo destino, que le llevará a la Diócesis de Lugo, y ha querido expresar un profundo agradecimiento a todas las personas con las que ha compartido este tiempo.

Jean Claude reconoce que vive estos días con sentimientos encontrados. Explica que en su corazón se mezclan el agradecimiento, la amistad, los recuerdos compartidos y también una cierta tristeza por dejar una tierra que considera muy especial. De hecho, asegura que La Ribera ha sido «la niña de mis ojos» y confiesa que afronta esta nueva etapa «con tristeza por lo que dejo y vértigo ante lo desconocido», aunque añade que lo hace con plena confianza en Dios, convencido de que es Él quien sigue guiando su camino.

«Aquí aprendí a ser un pastor que huele a oveja»

Al recordar su llegada a la Diócesis, Jean Claude explica que, tras estudiar en Salamanca y Madrid y ser ordenado sacerdote en Ruanda, llegó a España con una maleta y sus libros. Señala que, aunque en su país había desempeñado responsabilidades como secretario del obispo, fue en Ciudad Rodrigo donde descubrió el verdadero sentido del ministerio parroquial.

En este sentido, afirma que aquí aprendió a vivir el sacerdocio desde la cercanía a las personas, recordando una expresión del papa Francisco al asegurar que en esta Diócesis aprendió «a ser un pastor que huele a oveja».

El sacerdote recuerda con especial emoción la acogida que recibió en Barruecopardo donde inició su ministerio parroquial. En este sentido ha explicado que llegó prácticamente sin nada y que fueron los propios vecinos quienes le ayudaron a preparar la casa parroquial, proporcionándole muebles, ropa de hogar, utensilios y todo lo necesario para comenzar una nueva vida. Confiesa que todavía hoy continúa utilizando algunos de aquellos enseres y asegura que ese gesto de cariño nunca se borrará de su memoria.

Una integración sencilla entre los pueblos

Sobre su llegada a España, Jean Claude comenta que la tierra no le resultó completamente desconocida, ya que había estudiado previamente en Salamanca y había visitado esta zona durante su etapa de formación.

Reconoce que, para muchas personas, era la primera vez que tenían un sacerdote africano en su parroquia, algo que dio lugar a alguna anécdota que hoy recuerda con humor. Sin embargo, destaca que desde el primer momento encontró una acogida extraordinaria y que le resultó muy fácil integrarse en la vida de los pueblos, compartiendo fiestas, celebraciones y la vida cotidiana con personas de todas las edades.

Los cambios y las despedidas, los momentos más difíciles

Entre los retos que ha vivido durante estos años, señala que los cambios en los equipos sacerdotales y las nuevas responsabilidades exigieron un importante esfuerzo de adaptación. Explica que cada comunidad tiene su propia historia y sus costumbres, por lo que siempre ha intentado aportar su granito de arena respetando la identidad de cada parroquia.

No obstante, reconoce que lo más duro ha sido despedir a tantas personas con las que compartió la vida. Relata que, además de ejercer como sacerdote, llegó a sentirse un vecino más de los pueblos, compartiendo momentos cotidianos con muchas familias, por lo que acompañarlas también en el momento de la muerte ha sido una de las experiencias más difíciles de su ministerio.

Nuevo destino en la Diócesis de Lugo

Jean Claude comenzará ahora una nueva etapa pastoral en la zona de Quiroga, perteneciente a la Diócesis de Lugo.

Asegura que llega con el deseo de seguir sembrando el Evangelio allí donde la Iglesia le envía, dispuesto a entregar todo lo que es y todo lo que ha aprendido durante estos años de servicio.

«He aprendido muchísimo»

En su despedida, Jean Claude expresa un profundo agradecimiento a todos los sacerdotes, fieles y comunidades parroquiales de la Diócesis. También pide disculpas por aquellos momentos en los que, debido a sus limitaciones, pudiera no haber respondido como esperaba la gente.

Dirigiéndose especialmente a los laicos, anima a que continúen siendo protagonistas de la misión evangelizadora de la Iglesia y recuerda que ha llegado el momento de asumir con responsabilidad la tarea de anunciar el Evangelio, sin esperar que todo dependa del sacerdote.

Aunque considera que quizá ha aportado «poquita cosa», asegura con emoción que él se marcha siendo quien más ha recibido. «He aprendido muchísimo», afirma, antes de concluir con unas palabras cargadas de gratitud y esperanza: «Muchísimas gracias. El mundo es un pañuelo; no me voy tan lejos y espero que algún día podamos volver a encontrarnos, saludarnos y darnos un abrazo».