EL COMENTARIO DE ÁNGEL MARTÍN CARBALLO: «Que seamos tierra buena, que produzca fruto abundante para el reino de Dios»

Comentario de Ángel Martín Carballo

Un saludo muy cordial a todos los amigos oyentes de la Cadena COPE.

Durante tres domingos, el 15, 16 y 17 del tiempo ordinario, leeremos el capítulo 13 del Evangelio de San Mateo, que se conoce como el capítulo de las parábolas del reino.

Jesús describe el estilo y la manera de actuar de Dios y anuncia que el reino se ha de extender por todas partes y optar por el reino es la opción más valiosa que podemos escoger.

¿Cuál es el objetivo de estas parábolas de Jesús? Es que los ojos vean, los oídos oigan y que el corazón llegue a entenderlo.

El Evangelio de hoy presenta la conocida parábola del sembrador.

A primera vista podría parecer una enseñanza sobre los distintos tipos de terreno, pero el centro de la parábola es ante todo la sorprendente generosidad del sembrador. Su palabra es ofrecida a todos. Ningún corazón queda excluido de antemano.

Se nota que Jesús era un hombre de campo. En sus parábolas aparecen con frecuencia la semilla, los árboles, las flores, los pájaros, la cosecha, los rebaños, las montañas.

Hoy concretamente nos acaba de contar la parábola del sembrador. Es fácil entender que una semilla caída al borde del camino en terreno pedregoso o entre zarzas no tiene futuro. En cambio, esa misma semilla sembrada en un terreno bueno da fruto abundante.

Jesús no se limita a contarnos esta parábola. Además, como hace con sus discípulos de entonces, nos la explica. La semilla es la palabra del reino, la buena noticia anunciada por Jesús. Ahora y más adelante en nombre de Jesús por sus discípulos. Los diferentes terrenos son las diferentes actitudes y reacciones de los que escuchamos la Palabra de Dios.

El primer caso es el de quien escucha dicha palabra y no le da importancia. ¿Qué sucede entonces? Sucede que pronto cae en el olvido, viene el maligno y roba lo sembrado en su corazón. Obviamente entonces el fruto es nulo.

El segundo caso es el terreno pedregoso. El de quien escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría, pero su inconstancia impide que arraigue en el corazón. Entonces, cuando sobrevienen las dificultades o la persecución por Jesús y su evangelio, esta se llevan por delante lo sembrado.

El tercer caso, el terreno lleno de zarzas, es el de quien escucha la palabra y de entrada la coge. Pero luego está tan absorbido por los afanesanes de la vida y tan ocupado en aumentar su patrimonio que la palabra no pudiendo arraigar y crecer en él, no produce fruto alguno.

El cuarto caso, el de la la tierra buena, es el de quien escucha la palabra y la entiende, es decir, la recibe como agua de mayo. Hace igual que la Virgen María, que conservaba como oro en paño todas las cosas referidas a Jesús y las meditaba en su corazón. Aquí la cosecha abundante está asegurada.

Todos hemos ido en un momento u otro cualquiera de los tres primeros terrenos en los que la semilla no prendió. También en ocasiones, esa tierra buena que da fruto. Si Jesús nos cuenta hoy esta parábola, es para prevenirnos frente al peligro de ser uno uno de esos terrenos estériles. No desea otra cosa que animarnos a imitar a la Virgen María en lo de acoger la Palabra de Dios y permitir que arraigue en nosotros para que dé la cosecha abundante, que es Él mismo habitando por la fe en nuestros corazones.

Pues ojalá que así sea, que seamos tierra buena, que produzca fruto abundante para el reino de Dios.

Les deseo a todos que pasen un feliz domingo. 

Ángel Martín Carballo