EL COMENTARIO DE ANTONIO RISUEÑO: «Lo que une a las personas, une con Dios»

Muy buenos días a todos los escuchantes de la Cadena COPE en este domingo 6 de septiembre de 2026, 23 domingo el tiempo ordinario.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.

En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos.

Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

La palabra de Dios de esta mañana termina hablándonos de la fuerza de la comunidad, de la fuerza del encuentro, de que 1 + 1 son más que dos.

Junto a eso, el problema que plantea este evangelio es el problema del perdón de los pecados. El texto comienza presentando la situación del que peca. Si tu hermano peca, si ocurre que otro te ofende, ¿qué solución tiene eso? Jesús no hace mención a ningún ritual, ni del recurso a un personaje sagrado con poderes para perdonar en nombre de Dios. Jesús es muy claro. Si uno ofende o hace daño a otro, no hay más que una solución que se reconcien entre ellos, es decir, que se perdonen mutuamente.

El dato capital es que el perdón mutuo entre humanos es también perdón de Dios. Por eso dice lo que hacéis en la tierra quedará atado en el cielo. Jesús añade, «si dos de vosotros se ponen de acuerdo», y también dice «donde dos o hoteles están reunidos a mi nombre, allí estoy y yo en medio de ellos».

Lo que une a las personas, une con Dios. Donde dos personas se unen, Dios se une con ellos. Por eso, qué importante es saber que la fuerza del perdón necesita de la voluntad de dos personas, pero a la vez de la fuerza de Dios. A la vez de la ayuda de Dios, a la vez de todo el gran impulso espiritual que recibimos ante una situación difícil y delicada, como es el disponernos a perdonarnos nuestros pecados.

Por eso existe ese gran signo sensible de gracia de presencia de Dios, de impulso de Dios, que es el sacramento de la penitente.

Es ante todo el encuentro de dos personas, una ordenadenada ministerialmente, que se escuchan, que se hablan, que se ayudan, que se perdonan; se perdonan con su voluntad, con su esfuerzo y con la imprescindible e inestimable ayuda del Señor.

Hermanas, hermanos, escuchantes de COPE, tengan todos un buen día y confiemos en la fuerza del perdón.