EL COMENTARIO DE JOSÉ MARÍA RODRÍGUEZ-VELEIRO: «Estamos llamado a trabajar en la viña del Señor y a dar frutos abundantes»

Buenos días, queridos amigos. Feliz domingo a todos. La palabra de Dios que proclamamos en la eucaristía de este domingo 27º del tiempo ordinario, utiliza la bonita imagen de la viña para expresarnos la realidad de nuestra vida y de la acción de la gracia de Dios en cada uno de nosotros.

Esa viña que el propietario plantó, que rodeó con una cerca, en la que cavó un lagar, en la que construyó la casa y arrendó a unos labradores para que la cuidasen; acción muy similar a la que encontramos en la lectura del profeta Isaías.

Por una parte, podemos pensar que esa viña somos cada uno de nosotros, porque el Señor ha sembrado su gracia en nosotros, nos rodea con su amor, nos cuida, cada día nos está llenando con esa ternura y ese amor de Padre.

Y como viña estamos llamados a dar frutos, frutos buenos, no los frutos que indica el profeta Isaías. Por eso hoy, la Palabra de Dios nos interpela a cada uno de nosotros personalmente, y podemos preguntarnos, ¿ soy viña que produce frutos buenos y frutos abundantes para el Señor, para los demás? ¿Pongo todo lo que está en mi mano para que esa gracia fructifique abundantemente?

Y por otra parte, también podemos examinarnos desde nuestra perspectiva de labradores, porque a cada uno de nosotros el Señor, que obra con su gracia en nosotros, encomienda a cada uno de nosotros una misión, una labor, una tarea, una vocación como bautizados. Por eso hoy también podemos interrogarnos personalmente y ver si estamos siendo esos labradores entregados al cuidado, a la administración, al cultivo de esa viña, que el dueño, que el propietario, que el Señor nos ha confiado.

Sin duda que esta pregunta nos la hemos de hacer todos los bautizados.  Y de un modo muy particular los responsables también a los que el Señor les ha confiado esa viña, que son nuestros pastores. Aquellos que hemos recibido la vocación de pastorear al pueblo de Dios.

Nos preguntamos hoy realmente, ¿estamos cuidando con esmero esa viña? ¿Lo estamos dando todo para alcanzar los mejores frutos para ofrecerle todo al Señor?

Que no tengamos que lamentar en nuestra vida que el Señor decepcionado por nuestra desidia, por nuestra falta de interés, por nuestra implicación, nos arrebate la viña y se la confíe a otros labradores.

Demos gracias a Dios, porque en este mes de octubre, mes misionero, el mes de las misiones, el mes del Domund, todos estamos invitados, llamados, vocacionados a trabajar en la viña del Señor y a dar frutos abundantes.

Feliz domingo, amigos.