Buenos días, queridos oyentes de COPE y feliz domingo.
Este día del Señor nos ofrece una palabra bellísima que se resume con el vocablo misericordia.
Las lecturas de este domingo precisamente tratan de eso, de la misericordia recibida a la ofrecida, porque Dios transforma el corazón para hacernos capaces de perdón.
¿De dónde brota la capacidad de perdón de los cristianos o de las personas que creemos en Dios? Pues de habernos sentido amados y perdonados por él. Por eso el evangelio de esta mañana nos insta no a perdonar ni siquiera siete veces (El número siete en la Biblia es número de plenitud y por tanto, el que perdona siete veces perdona siempre). Pero Jesús añade un carácter enfático. No solo hay que perdonar siete veces , sino 70 veces siete, es decir, hasta el infinito.
¿Y esto por qué? Porque Dios también nos ha perdonado a nosotros hasta el infinito. Y precisamente eso es lo que pues refleja la parábola que propone el Evangelio en la segunda parte.
¿Cuál es el problema del siervo malvado, de ese siervo que debía muy poquito dinero y sin embargo, estranguló a su compañero porque no se lo devolvía? El problema era que él debía un montón de dinero al amo y sin embargo, no fue capaz de perdonar a su amigo, pese a que al amo, también le había perdonado a él. El amo le perdonó mucho. Él no fue capaz de perdonar un poquito.
Hoy no se nos enseña por tanto en la palabra que Dios nos ha perdonado mucho hasta el infinito. Por tanto, nosotros también estamos llamados a perdonar a los demás.
Y aunque esa empresa a nivel humano es casi imposible, contamos siempre con la ayuda y el auxilio de Dios, como él nos ha perdonado también nos enseña a perdonar. De la misericordia recibida, pasemos a la misericordia ofrecida.
Feliz domingo y feliz día del Señor para todos.