Hoy solemnidad de Todos los Santos les habla Vidal Rodríguez. Celebramos en esta fiesta el destino glorioso que Dios nos ha preparado para todos.
Los santos son hombres y mujeres que han alcanzado ya esa meta y que nos muestran que el evangelio es un camino verdadero hacia la felicidad. La palabra que más se repite hoy es bienaventurados.
Jesús quiere recordarnos que hemos sido creados para la felicidad. Ese es el sueño de Dios sobre el ser humano.
No hemos sido creados para el sufrimiento, la tristeza o la muerte, sino para la comunión con él. Sin embargo, Jesús nos revela algo sorprendente: la felicidad auténtica no se encuentra donde habitualmente la buscamos. El mundo suele identificar la felicidad con el éxito, el poder, el bienestar o la satisfacción inmediata de los deseos.
El evangelio señala otro camino: la pobreza de espíritu, la mansedumbre, la misericordia, la limpieza de corazón, el trabajo por la paz, la fidelidad, en la persecución…. A primera vista parece una propuesta desconcertante. ¿Cómo puede encontrarse la felicidad en caminos tan alejados de los criterios habituales? La respuesta está en Jesucristo.
Las bienaventuradas son ante todo el retrato de Jesús. Él fue pobre, humilde y misericordioso. Él fue perseguido y rechazado. Él entregó su vida por la paz y la reconciliación. Y precisamente porque vivía así, el Padre lo resucitó y lo introdujo en la plenitud de la vida.
La resurrección es la confirmación de que el camino de Jesús conduce verdaderamente a la vida y a la felicidad. Los santos son los testigos de esta verdad. No fueron personas perfectas, ni héroes inaccesibles. Fueron hombres y mujeres que acogieron la gracia de Dios y procuraron seguir las huellas de Cristo en las circunstancias concretas de su existencia.
Algunos son conocidos por toda la Iglesia, otros permanecen ocultos a nuestros ojos. Todos tienen algo en común: descubrieron que la felicidad verdadera nace de vivir según el Evangelio.
Ellos nos recuerdan que la santidad es la vocación de todos los bautizados y nos animan a creer que también nosotros podemos recorrer ese camino. En medio de las alegrías y dificultades de cada día, la fiesta de todos los santos nos invita a renovar la esperanza .
Nuestro destino no es la oscuridad ni el vacío. Nuestro destino es Dios. Feliz día de todos los santos.
Vidal Rodríguez