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Homilías

Raúl Berzosa:” Pidamos al Espíritu Santo que nos haga seminaristas nuevos para un seminario y una sociedad nuevos, como verdadera comunidad de cristianos”

Queridos Sr. Rector y hermanos sacerdotes, queridos formadores, queridos profesores y personal laboral, muy queridos alumnos, queridos todos.

El Señor, en su Providencia, nos permite inaugurar un curso más en este Seminario Menor Diocesano. ¡Damos gracias sinceras al Padre de todos los dones por ello! Y, permitidme que comience diciendo que es “casi un milagro” poder hacerlo ante tantas y tantas dificultades, de todo tipo, que la vida y la sociedad tan compleja nos va mostrando. Pero aquí estamos de nuevo, con ilusión, con alegría, y con ganas de afrontar el futuro.

Hemos escuchado, en la primera lectura de hoy, que el Apóstol Pablo pedía a Timoteo oraciones por toda la humanidad. Así también comienzo mis palabras pidiendo que oremos para que esta andadura de todo un año llegue a buen puerto. En el Salmo 27 hemos repetido que “el Señor es Bendito porque siempre escucha nuestra voz suplicante”. Entonces, el problema no es el Señor, sino el que nosotros queramos o no dirigirnos a Él. Y, en el Evangelio, se nos narraba ese pasaje tan hermoso del siervo curado gracias a la intercesión de su capitán. Destaco una actitud para nosotros: por un lado, que capitanes y tropa, es decir, formadores y formandos, nos ayudemos siempre para hacer de esta casa  del Seminario “nuestra casa”, nuestra segunda familia. Los padres, sin duda, también ayudarán a ello.

Precisamente, de familia y de comunidad cristiana, trata el Objetivo Diocesano de pastoral de este año pastoral 2017-2018. No voy a teorizar aquí y ahora, ni a profundizar qué es una comunidad. Tiempo tendremos de ello durante todo el curso. Sencillamente, voy a hacer algo más práctico: poner de relieve cómo tiene que ser la comunidad del Seminario a la luz de la oración que el Señor Jesús nos enseñó y que todos rezamos muchas veces al día: el Padre Nuestro.

Se nos habla de Padre. Y si tenemos un Padre quiere decir que todos somos una misma familia. Decimos que, en la vida, tenemos que hacer tres nacimientos a tres familias: nacimiento de sangre, el natural, para formar parte de la familia de sangre; el nacimiento a la fe, por el Bautismo, para formar parte de la familia de los cristianos; y el nacimiento definitivo a la Vida eterna, por la muerte, que no es una tragedia, sino sólo un paso más, un cruzar el umbral de peregrinos en este mundo a peregrinos de la eternidad, de la Vida sin fin.

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Raúl Berzosa: “Al unir ecología y Asunción de la Virgen es reconocer que, al final, nos encontraremos cara a cara con la belleza de Dios, en la nueva Jerusalén”

Celebración de la Eucaristía, hoy en la Catedral.

Queridos hermanos sacerdotes, queridas consagradas, queridos todos:

Estamos celebrando, con la gracia de Dios, la Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María. En la primera lectura, del libro del Apocalipsis, hemos escuchado lo que son los símbolos tradicionales de esta advocación mariana: una mujer vestida de sol y la luna bajo sus pies. En el Salmo 44 hemos cantado, aplicado a la Virgen María, que la “reina está a la derecha de Dios enjoyada con oro de Ofir”. La segunda lectura, de la Carta a los Corintios, nos presenta a Jesucristo como primicia de lo que nos espera y de lo que ya goza en plenitud la Virgen María, como predecesora. El Evangelio de San Lucas se entona el Magnificat: el poderoso ha hecho grandes maravillas en María, nuestra Madre y hermana en la Fe.

Permitidme que este año una la Asunción con el tema ecológico, tan querido por el Papa Francisco. ¿Por qué? – Escribe el Papa, en el n. 241 de Laudato si, que “la Virgen María, elevada al cielo, es Madre y Reina de todo lo creado. En su cuerpo glorificado, junto a Cristo resucitado, parte de la creación alcanzó ya toda la plenitud de su hermosura”.

¿Qué nos ha querido decir con ello el Papa?… – Que María, nos sólo ha sido en su vida terrenal modelo de virtudes cristianas, entre ellas de cómo “ser peregrina de la fe”, como la denominó San Juan Pablo II, sino también y sobre todo, una vez elevada al cielo, es signo y realidad, al mismo tiempo, de lo que no espera a cada uno de nosotros y a la creación entera. Y esto tiene que ver con la ecología. Sigue leyendo

 Raúl Berzosa: ” Recuerda las dos palabras claves de una vida monástica: oración y trabajo (“ora et Labora”) viviendo en fraternidad”.

Queridos hermanos sacerdotes, querida comunidad de Carmelitas y querida hermana profesa, queridos todos.

No voy a glosar las Lecturas de hoy. Junto a las oraciones y los gestos de esta Profesión Solemne, hablan por sí mismos. Hoy, en cambio,  he pedido a la Virgen María, Madre de las Consagradas,  algo muy especial: que, con motivo de la profesión solemne de Sor Ruth María de la Inmaculada, nos escribiera una carta recordándola cómo tiene que vivir esta consagración. Y he entendido que, nuestra Madre, siempre tan generosa, me comunicaba lo siguiente:

Querida profesa, Sor Ruth María: lo primero que te pido es que seas siempre lo que eres. Porque si no eres lo que eres, no serás nada. No imites ni añores otras espiritualidades o carismas que no sean el tuyo. Recuerda las dos palabras claves de una vida monástica: oración y trabajo (“ora et Labora”) viviendo en fraternidad.

En segundo lugar, como personas consagrada, “deja a Dios ser Dios en tu vida”. Deja que el Señor encuentre en ti espacios donde se encuentre a gusto. Recuerda que, por la consagración, eres una persona expropiada existencialmente, transparencia de la gloria de Dios, sacramento viviente, morada abierta, seno materno y de redención, y servidora orante de la humanidad sufriente. Sigue leyendo

 Raúl Berzosa: “Dios no se ha cansado de la humanidad y sabe darle una y otra oportunidad”

Queridos hermanos sacerdotes, queridos todos:

En este Domingo, fiesta de la Transfiguración del Señor, celebramos tres eventos, al menos y a un mismo tiempo:

– El feliz aniversario de la muerte del Beato Papa Pablo VI.

– El triste aniversario de la primera bomba atómica sobre la ciudad de Hiroshima.

-Y la gozosa Fiesta de la Transfiguración, que coincide con la Fiesta en esta población de Serradilla del Llano. Aparentemente, son  tres eventos diferentes, pero están muy unidos.

      Comenzamos por el Papa Pablo VI. Se ha dicho de San Juan Pablo II que fue el “Papa Magno”; pero no menos se puede afirmar del Beato Pablo VI: el Papa del Concilio Vaticano II; el que supo escrutar los signos de los tiempos para ser fiel a su Señor, Jesucristo y poder así iluminar a los hombres y mujeres de hoy; el Papa que culminó la obra de San Juan XXIII y nos recordó que la Iglesia no es para ella misma, sino para evangelizar como sacramento de comunión para la misión; el Papa que dejó bien asentadas las claves de una civilización del amor y de la vida frente a la necrofilia y a los conflictos generalizados de su tiempo.

De conflictos y dramaticidad habla el triste evento de las bombas atómicas. Curiosamente lanzadas en dos ciudades japonesas donde existía un significativo número de cristianos: Hiroshima y Nagasaki. Y, en medio de esta enorme tragedia, sus gentes también supieron orar y esperar en un futuro mejor. Porque allí quedaron patentes tres cosas: primero, que la violencia sólo engendra mayor violencia; segundo que, a pesar de todo, el futuro es sólo de Dios; y, tercero lo más decisivo, Dios no se ha cansado de la humanidad y sabe darle una y otra oportunidad. La paz, la reconciliación y la fraternidad siempre son posibles. Sigue leyendo

Raúl Berzosa: “Podemos vencer todos los peligros y a todos “los dragones”  con la fuerza de Jesucristo y de su Espíritu”

Queridos hermanos sacerdotes, queridas consagradas, queridos residentes y personal laboral y de servicio, queridos todos los que  habéis tenido a bien uniros en este día grande:

Estamos celebrando, un año más, la memoria de Santa Marta. ¿Qué datos más sobresalientes tenemos de ella en los Evangelios y en la Tradición?…

El evangelio de San Lucas narra que, camino de Galilea, Jesús y sus discípulos se acogieron en casa de Marta, que en arameo significa “señora, ama”. Mientras su hermana María, escuchaba al Maestro, ella se afanaba en muchos servicios, practicaba la diakonía, deseando agradar a sus invitados y  sin perder la paz del corazón. De la misma manera, en San Juan, la encontramos seis días antes de la Pascua, sirviendo a Jesús y a los discípulos en una cena.

En el Evangelio de san Juan se narra, además, la resurrección de Lázaro y encontramos la confesión de fe de Marta: “Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios que tenía que venir al mundo”. Es muy parecida a la profesión de fe del propio San Pedro.

Hasta aquí los principales datos del Evangelio. En cuanto a la Tradición, en el s. XII se escribe la Vida de Santa Marta, promovida por movimientos de laicos que valoran la vida activa sin menospreciar, por ello, la dimensión contemplativa: así, los humillados, los franciscanos y los dominicos. Se cuenta que ella, junto a Lázaro y María y el beato Máximo que los había bautizado, fueron expulsados de Palestina y llegaron a Marsella. En las orillas del Ródano San Marta venció, amansándolo con agua bendita y atándolo con su propio cinturón, a un dragón llamado Tarasca. Se quedó allí Marta, fundando un monasterio de ascetas y haciendo muchos milagros. Desde el s. XII se celebró su fiesta en la octava de María Magdalena, como deseando complementarse, una vez más, “la contemplación y la acción”, en la vida cristiana y eclesial. Sigue leyendo

Raúl Berzosa: “Amar de todo corazón, para un presbítero, significa hacerlo sin reservas y sin dobleces, sin intereses espurios y sin buscarse a sí mismo en el éxito personal”

Queridos hermanos sacerdotes, queridas consagradas, queridos todos:

En verdad, un año más, ¡cuánto he deseado poder celebrar con vosotros esta Misa Crismal!… Dejando la riqueza de las lecturas de hoy, de las oraciones y de los signos litúrgicos, me centraré, brevemente, en tres aspectos: un mensaje para mis hermanos sacerdotes; un recuerdo especial al cumplirse el quinto año de pontificado del papa Francisco; y una invitación a preparar el Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes.

En primer lugar, a vosotros, queridos hermanos y amigos presbíteros, os recuerdo, a la luz de la reciente Ratio Fundamentalis para la formación de los futuros los sacerdotes, que la atención pastoral a los fieles exige que el presbítero posea una sólida formación y una madurez interior; no podemos limitarnos a mostrar “simple apariencia de hábitos virtuosos”. Debemos vivir el hombre interior, fruto del Espíritu, que nos llevará a una continua y personal configuración y amistad con Jesucristo, Buen y único Pastor. No podemos instalarnos, tengamos la edad que tengamos, en lo que el Papa Francisco denomina “mundanidad espiritual”, es decir, la obsesión por la apariencia, por una presuntuosa seguridad doctrinal o disciplinar, por el narcisismo y el autoritarismo, por la pretensión de imponernos siempre a los demás, por el cultivo sólo externo y ostentoso de la acción litúrgica, por la vanagloria, por el individualismo, por la incapacidad de escucha de los demás y por cualquier clase de “carrerismo”. Debemos ser y vivir, como se subraya en la nueva Ratio, de forma sobria, practicando siempre un diálogo sereno, y viviendo siempre, como discípulos del Maestro, sin cansarnos experimentar el heroísmo de la caridad pastoral (1 Cor 4,1). La transformación de nuestro “hombre viejo en hombre interior nuevo” nunca se puede dar por concluida; es una tarea que sabe juzgar los movimientos de la conciencia y de los impulsos interiores que motivan nuestra acción pastoral. ¡Qué sugestiva y bellamente nos llama el Papa Francisco, a los presbíteros, los “hombres del discernimiento”, capaces de interpretar la vida humana cotidiana a la luz del Espíritu para así escoger, decidir y actuar conforme a la voluntad divina! (Cf. Ratio, n. 42). Todo lo expresado anteriormente, sin detenerme más en ello, son el núcleo de las promesas que, como sacerdotes de esta Diócesis, haremos dentro de esta celebración eucarística. Al realizar nuestra renovación, tenemos que acercarnos con humildad al Señor y preguntarle: “¿Cuál es tu voluntad, hoy y aquí, para este siervo?… ¿Qué quieres de mí?”… Como también nos recordó el Papa Francisco, en su Visita al Colegio Español de Roma, el día 1 de abril, ya sabemos la respuesta: son las tres palabras del Shemá con las que Jesús respondió al Levita: «amarás al Señor con todo tu corazón, con toda tu alma, y con todas tus fuerzas» (Mc 12,30). Amar de todo corazón, para un presbítero, significa hacerlo sin reservas y sin dobleces, sin intereses espurios y sin buscarse a sí mismo en el éxito personal. Amar con toda el alma, es estar dispuestos a ofrecer la vida desde el heroísmo de la caridad cotidiana. Finalmente, amar con todas las fuerzas, nos recuerda que allí donde está nuestro tesoro está también nuestro corazón (cf. Mt 6,21); en nuestras pequeñas cosas, seguridades y afectos, es donde nos jugamos el ser capaces de decir “sí” al Señor o, por el contrario, darle la espalda como el joven rico del Evangelio.

En segundo lugar, deseo también recordaros que se han cumplido cuatro años de la elección de nuestro querido Papa Francisco. Desde el inicio ha venido insistiendo en hacer realidad una iglesia sinodal y una iglesia del encuentro y de la escucha recíproca: laicos, consagradas, presbíteros, cada uno a la escucha de los demás; y, todos juntos, a la escucha de la voz del Espíritu para discernir lo que dice a esta iglesia civitatense (Ap 2,7). Sinodalidad es reconocer que todo el pueblo participa de la función profética (LG 12), conforme al conocido principio: “Lo que a todos afecta, por todos debe ser tratado”. Porque creemos en la comunión para la misión. Ejercer la sinodalidad, presidida en caridad por el obispo, no es limitar la libertar sino la garantía de comunión y de misión verdaderas. La sinodalidad eclesial, bien vivida, repercutirá también en la sociedad de hoy. En este sentido, en una reciente entrevista a un diario español (Cf. El País, 22-1-2017), el Papa Francisco subrayó: “Pido a los españoles de hoy que ejerciten el diálogo; por favor, dialoguen. No se insulten ni condenen antes de dialogar. Con diálogo se abatir muros y levantar puentes de comunicación, de relación, de unidad. El diálogo requiere respeto mutuo y sano discernimiento para buscar soluciones válidas y fecundas”. Añado: no puede verdadero diálogo sin la luz y la fuerza del Espíritu. Pidámoslo. Y pidamos por los frutos de la Visita Pastoral que, en breve, comenzaremos al Arciprestazgo de Ciudad Rodrigo. Sigue leyendo

 Raúl Berzosa: “En momentos tan únicos y especiales, como los presentes, viene a manifestarse, aún más, la belleza de nuestra fe”

Querido D. José, obispo hermano y amigo; queridos hermanos sacerdotes, y muy especialmente querido D. Celso; queridos Amparo y Manolo, hermanos de D. Celso, y querida familia de doña Felicidad; queridas consagradas; queridos todos:

El sábado, antes de comenzar el Retiro Arciprestal en el Seminario, pregunté, una vez más, a D. Celso por su querida madre. Me mostró gran preocupación. Y, el domingo, muy temprano, me llegaba la llamada de teléfono: “D. Raúl, mi madre ha fallecido”. Pensé que la Virgen se la había llevado en un sábado, a los 91 años de edad.

        Desde que llegué a Ciudad Rodrigo, he tenido muy grabada una estampa entrañable: la de D. Celso, varias veces al día, visitando a su madre en la Residencia San José y ayudando en lo que fuere necesario, principalmente en las horas de las comidas. Han sido años de gran fidelidad de un hijo ejemplar con su madre. No importaba si, en ocasiones, ni siquiera, aparentemente, su madre le conocía. D. Celso sabía perfectamente que ella respondía a sus estímulos y palabras. ¡Gracias D. Celso por este ejemplo impagable e inolvidable! Igualmente, gracias a tu familia que, en la medida de sus posibilidades, ha hecho todo lo que estaba en sus manos.

En momentos tan únicos y especiales, como los presentes, viene a manifestarse, aún más, la belleza de nuestra fe. ¡Qué diferente mirada y trato se da a las personas cuando se hace con los ojos de la fe y con un corazón lleno de amor cristiano y de esperanza! Estoy seguro que Doña Felicidad, en circunstancias muy diversas a las que ha vivido y sin las gentes cristianas que la han tratado, hubiera tenido “un día a día y un final”, muy diferentes. ¡Por todo ello, doy gracias al Dios Bueno que la ha rodeado de testigos cristianos que creían, verdadera y profundamente, en la Vida Eterna. Desde esta creencia, nada ni nadie se pierde. Nos sentimos peregrinos, en este primer mundo, aun cuando nuestras vidas hayan sido muy complejas y difíciles. ¡Y, además de dar gracias a Dios, doy gracias a las hermanitas de la Residencia de San José, al personal sanitario y laboral, y a los residentes, por haber sabido mirar siempre a Doña Felicidad con ojos de fe, de amor misericordioso y de esperanza.

Lo recordaban las lecturas del día de hoy. En la primera, una vez más San Pablo, nos redescubría el secreto y el misterio de nuestras existencias, largas o cortas: “Si vivimos, vivimos para Dios; si morimos, morimos para Dios. En la vida y en la muerte somos de Dios”. Así lo creyó y vivió Doña Felicidad. Incluso, en sus últimos años, postrada en su lecho, experimentó lo que hemos cantado en el Salmo: “El Señor es mi pastor; nada me falta”. Y, en el pasaje del Evangelio proclamado, recordando de la resurrección de Lázaro, no importa que nos identifiquemos más con María, y con el mismo Jesús, y “lloremos” por la muerte de nuestra hermana Felicidad: no son lágrimas de desesperación o de tristeza sino de “amor y consuelo”, porque nos acompaña y está presente nuestro Señor Jesucristo, muerto y Resucitado. Unidos a Él no podemos temer nada. Unidos a Él ganamos todo. Sigue leyendo

Raúl Berzosa: “Pido a San Blas que nos conceda la gracia de usar siempre nuestras gargantas y nuestras lenguas para alabar, bendecir y siempre dar gracias a Dios y a los demás”DSC_0490

Queridos hermanos sacerdotes, queridos Mayordomos y cofrades de San Blas, queridos todos:

Un año más, la Providencia Divina, y San Blas, nos han permitido poder celebrar la Eucaristía en este recinto tan único: el Monasterio de La Caridad. Como la temperatura nos aconseja que seamos breves, permitidme unas palabras centradas en dos núcleos: por un lado, en las lecturas litúrgicas de hoy y, por otro lado, en las palabras del Papa Francisco en su reciente visita a la parroquia romana de Santa María en Seteville.

En la primera lectura de este día, tomada de la Carta a los Hebreos, se nos recordaba que “Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre”. El mismo Jesucristo fue el de San Blas, y el de todos los santos, y es el mismo en pleno siglo XXI. Pero de nada sirve creer en Jesucristo si, como hemos recitado en el Salmo 26, no experimentamos que Él, Cristo, “es nuestra luz y Salvación”. Aunque, como hemos proclamado en el Evangelio de Marcos, nos cueste incluso dar la vida, como Juan, por ser sus testigos y discípulos. Así se puede resumir también la vida de San Blas, a la luz de las lecturas de hoy: centró su fe en Jesucristo, en quien creyó como su Señor y su Luz y Salvación, y hasta fue capaz de dar la vida por él.

Me detengo brevemente ahora en otro aspecto central de San Blas: el ser patrono de los operados de garganta y protector de nuestras gargantas. Me permitís que lo haga recordando unas recientes palabras del Papa Francisco. En la visita a la parroquia romana a la que antes he aludido, como un párroco sencillo, improvisó esta homilía que nos viene como anillo al dedo: “Juan dio testimonio de Jesús. Y los discípulos encontraron a Jesús porque antes encontraron un testigo de Jesús; descubrieron que ser cristianos no es tener una filosofía o practicar una moral, sino, ante todo, dar testimonio de Jesús…Testimonio en las cosas pequeñas de la vida y, para algunos, en lo grande hasta incluso dar su vida… Los apóstoles no hicieron un curso para ser testigos de Jesús ni fueron a la Universidad. Tampoco fueron perfectos: los doce eran pecadores, envidiosos, tenían celos entre ellos…Incluso fueron traidores. Cuando prendieron a Jesús, todos escaparon llenos de miedo. Ser testigo no significa ser santo… Pero tuvieron una virtud: los apóstoles no fueron chismosos; no hablaban mal los unos de los otros, no se desplumaban, ni se creían superiores los unos sobre los otros o hablaban mal a sus espaldas… Por el contrario, a veces nuestras parroquias y comunidades son chismosas y, por lo mismo, incapaces de dar verdadero testimonio. Una parroquia de chismosos y chismosas no es la comunidad de Jesús ni la de los Apóstoles… Nada de chismes. Si tienes algo contra alguien díselo a la cara. Este es el signo de que el Espíritu está en una parroquia. Lo que destruye una comunidad son los chismorreos… Que el Señor les conceda esta gracia: no hablar jamás mal unos de los otros. Sigue leyendo

Raúl Berzosa:  “Además de la esperanza, donde hay consagrados, se palpa la alegría”DSC_0402

Queridos hermanos sacerdotes, especialmente D. Ángel, Delegado Episcopal para la Vida Consagrada; muy queridas consagradas; queridos todos:

Como cada año, en la Fiesta de la Presentación del Señor, celebramos la Jornada de la Vida de especial Consagración. Lo hemos escuchado en el Evangelio: cuarenta días después de la Navidad, Jesús fue presentado en el Templo por sus padres, José y María. Lo que podía parecer un mero cumplimiento de la ley de Moisés, se transformó en un encuentro público con el resto de Yahvé, con el pueblo de la memoria. Un encuentro gozoso y esperanzador. Jesucristo era luz de las naciones y gloria de su pueblo, Israel.

También hoy, la Vida de especial de consagración, es para toda la Iglesia y para toda la humanidad “testimonio de esperanza y de alegría”. Es una familia muy grande compuesta por Órdenes e Institutos Religiosos y Seculares, contemplativos y de vida activa, Sociedades de vida apostólica, Eremitas y Orden de Vírgenes, y otras muchas nuevas formas de vida de especial consagración. Lo repetimos: ¡Son la alegría y la esperanza para la Iglesia y la humanidad entera!

El Papa Francisco nos habla constantemente de esperanza y de alegría. Y, particularmente, anima a los consagrados a abrazar el futuro con esperanza. Sin ocultar las muchas dificultades, como son: disminución de vocaciones, el envejecimiento, la cultura adversa a los compromisos duraderos, la incomprensión e irrelevancia social de la vida consagrada, y otros… Pero en medio de todo ello, se levanta la bandera de nuestra esperanza, fruto de la fe en un Dios que, con su Espíritu, lleva adelante la historia de la humanidad y nos alienta con un grito: “!No tengáis miedo, yo estoy siempre con vosotros!” (Jer 1,8).

Nuestra esperanza no es fruto de nuestras obras sino de la fidelidad de Aquel que nos ha llamado y que nunca nos falla ( 2 Tim 1,12).DSC_0410 Sigue leyendo

Raúl Berzosa: “Su muerte repentina e imprevisible nos volvió a hacer sentir que estamos viviendo como peregrinos y que, a veces, ni siquiera tenemos tiempo para decir “adiós” a nuestros seres más queridos”

Queridos hermanos sacerdotes, especialmente los de este Arciprestazgo de Abadengo; queridos familiares de D. José: Emilia, Germán, sobrinos y demás familia; queridas consagradas; queridos representantes de la Diócesis de Toledo; queridos todos:

Al poco tiempo de llegar a Ciudad Rodrigo, tras presidir la Misa Funeral por D. José Encinas, en Fuenteliante, recibí la llamada de D. Andrés: “D. Raúl, es el primero al que llamo… No se asuste: hemos encontrado muerto en su casa a D. José”. Las palabras se ahogaban por la tristeza. Inmediatamente llamé a los Vicarios para hacérselo saber, y D. Tomás y un servidor nos pusimos en camino a Lumbrales. Su familia ya estaba avisada y en camino desde Madrid.

Al entrar en la vivienda de D. José encontramos a los hermanos sacerdotes D. Andrés, D. Antonio y D. Martín, en compañía de otras personas. Juntos, ante el cadáver de D. José, rezamos un sentido responso, encomendándole de forma muy especial a la Virgen. Era sábado. A partir de aquí, la noticia se la comunicamos a los presbíteros. Debo decir que para el actual párroco de San Esteban, D. Anselmo, el impacto fue muy acusado. Traté consolé: “Tenemos que estar preparados; nunca sabemos ni el momento ni la hora de partir al cielo. Reza por D. José y hazlo con los fieles de tu parroquia. Se había jubilado y el Señor lo ha tomado en serio: le quería como jubilado para siempre con Él”.

        Es verdad que el fallecimiento de D. José ha sido inesperado y temprano tras su jubilación de párroco: apenas cuatro meses. Pero su vida ha sido, en los 76 años de existencia, muy intensa. Me permito recordar algunos datos. D. José nació en Lumbrales el día 3 de febrero de 1941, y se ordenó sacerdote en la Diócesis de Ciudad Rodrigo el 11 de Julio de 1965. Se incardinó en Toledo. En aquella Diócesis, según palabras del Cardenal Francisco Alvarez, Arzobispo de Toledo, “desempeñó con celo y provechosa dedicación los cargos de Coadjutor de la parroquia de Miguel Esteban y párroco de La Torre de Esteban Hambrán y Madridejos”. Y, también con palabras de D. Rafael Palmero, entonces Obispo Auxiliar de Toledo, “la conducta de D. José fue en todo momento digna y ejemplar y, su apostolado y su ejemplo, verdaderamente edificantes; con cualidades para la catequesis”. Sigue leyendo

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