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Mons. Cecilio Raúl
Berzosa Martínez

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Cartas

Somos una gran familia CONTIGO

Se ha insistido en estos años en contemplar la comunidad cristiana como una gran familia: familia de fe, de celebración, de anuncio misionero y de compromiso con los más pobres. Y ciertamente es así.

En una familia, todos somos responsables; los unos de los otros. Todos aportamos lo que sabemos y tenemos. Y especialmente protegemos a los más débiles e indefensos.

¡Qué bien y qué bellamente lo ha expresado nuestro querido Papa Francisco! Todos somos criaturas de Dios, hijos de Dios y, los que participamos en la eucaristía, la misma carne de Jesucristo. A veces, llagada y herida.

Estamos finalizando el Año de la Misericordia. Se nos ha pedido no solo practicar las obras de misericordia sino, sobre todo, tener un corazón misericordioso. ¡Qué maestro tan singular y único fue nuestro Señor Jesucristo! Nos dijo por adelantado cuál será el examen final de nuestra vida: lo encontraremos en el evangelio de San Mateo, en el capítulo 25. Se nos pedirá cuentas de lo que hicimos con los desnudos, con los hambrientos y sedientos, con los enfermos, con los encarcelados…¡Con todos y cada uno de los necesitados que estaban a nuestro lado o, incluso, lejos de nosotros!

La diócesis, encarnada en las familias de sangre (que son verdaderas “iglesias domésticas”), en las comunidades parroquiales, y en las comunidades de vida consagrada, tiene esa vocación y ese rostro tan hermoso: el de la familia de los Hijos de Dios. Viene bien recordarlo cada año en la Jornada de la Iglesia Diocesana.

Como familia, tenemos que ayudar con nuestros bienes materiales pero, sobre todo, con los talentos que el Señor nos ha concedido. Solamente se pude ser feliz cuando estamos al servicio de los demás. Ya lo decían nuestros clásicos: “¡Quien no sirve, no sirve para nada”!

Mi agradecimiento sincero y mi bendición. Que el Señor os pague vuestra generosidad.

 

+Raúl Berzosa Martínez

Obispo de Ciudad Rodrigo

¡Mucho más que política!

Durante este mes de Junio, una vez más, estamos llamados a acudir a las urnas para ejercer nuestro derecho y deber de votar a nuestros representantes políticos. Como pastor católico, me sitúo entre el pueblo, en el terreno de la ética y del bien común.

En mi entorno, escucho voces de desencanto y de frustración social. La corrupción, el paro, el desencuentro entre políticos, los recortes sociales y los reajustes macro-económicos, o el primar las ideologías antes que la realidad, amenazan con una abstención notable.

No es tiempo de revanchas ni de mirar hacia atrás (“lo que pudo ser y no fue”). Estamos inevitablemente embarcados y navegando hacia el futuro. La barca social no está anclada en el puerto. Y el mar, español-europeo-mundial, no refleja aguas mansas.

Son tiempos, por lo mismo, de reconsiderar muy bien quienes serán los patronos y oficiales que nos deben llevar a buen destino; además, con qué cartas de navegación nos conducirán; y, todo ello, sin olvidar que todos somos marineros-responsables de lo que suceda en la nave. Cada cual debe aportar lo mucho o poco que sabe, puede o tiene.

Debemos primar las políticas de integración, de sumar y no restar, de buscar la paz social y el bien común, y de favorecer a los más pobres y descartados de nuestro sistema. No están en juego sólo políticas económicas, sino sobre todo un concepto de hombre y de mujer y, por lo mismo, de sociedad. Estamos en un cambio de época y en tiempos nuevos; también para lo político.

Esta tierra y este pueblo nuestro civitatense siempre ha sabido mostrar “su alma, su sabiduría y su intuición”, aún en los momentos más duros y recios. Somos conscientes de nuestra pequeñez, pero al mismo tiempo de nuestra dignidad. La familia, la solidaridad, el respeto, la fama, las sanas tradiciones, el trabajo bien hecho, la fiesta y las celebraciones, junto a la religiosidad, nos definen. Ni somos viejos estancados y paralizados, ni adolescentes que deban comenzar siempre de cero…

Somos un pueblo, como afirma el Papa Francisco, “que comparte un modo de vida y un proyecto social que anhela el bien común y desea privilegiar la cultura del encuentro y de la ética de la solidaridad, para que cada persona se sienta ciudadano, en el seno de su pueblo-social y, libremente, en el pueblo de Dios fiel”. Por encima de manipulaciones ideológicas e integrando siempre a los más marginados y excluidos.

Hago una doble llamada: por un lado, a ejercer nuestro voto responsable; y, por otro lado, a orar para que el Espíritu nos ilumine y sepamos abrir caminos de ilusión, de reconciliación, y de un compartir comunitario. Con un recuerdo que, en el corazón de los votantes, no puede faltar: “Esta tierra no la hemos heredado sólo para nosotros, sino para nuestros hijos y nietos”. En otras palabras, no deseamos una política “a corto plazo”, sino mirando el horizonte amplio y sembrando procesos a medio y largo plazo. Todo un reto y una esperanza.

 

+ Raúl, Obispo de Ciudad Rodrigo

       MISIONEROS DE LA MISERICORDIA

Llega el mes de Octubre y, con él, el DOMUND. Mes de la misiones, por excelencia. Este año, con un lema precioso, que se adelanta a lo que será todo el 2016: el Gran Jubileo de la Misericordia. El Papa Francisco nos recuerda que la “misericordia es el segundo nombre que tiene el amor”. Porque es el amor “en acción”. ¿Cómo se complementan “misionero y misericordia”? – Los misioneros son quienes viven una “iglesia en salida”, marchando, sin miedos y con mucha generosidad, al encuentro de todos. Con su vida, anuncian el Evangelio. Y, como Dios es Amor y Misericordia, los misioneros son los heraldos principales del amor y de la misericordia cristianos, que es la identidad de la misma Iglesia.

El cartel de este año del DOMUND, habla por sí mismo: una misionera ayudando a una anciana. Símbolo de una cristiana que regala esperanza, amor, ternura y misericordia. Predica con el ejemplo; atrae con su vida; gasta toda su existencia haciendo patente lo que Dios mismo es.

¡Qué bella y acertadamente lo viene repitiendo el Papa Francisco!: La misión es una pasión por Jesucristo y, al mismo tiempo, por su pueblo. Cuando experimentamos el amor de Jesucristo, al mismo tiempo, nos sentimos urgidos a llevar el amor a los hermanos. ¡Somos instrumentos de Jesús, manos y corazón de Jesús, para llevar amor, ternura y misericordia! (EG, 268)

El envío de Jesús a los discípulos, “Id”, sigue vivo y muy actual. Y no sólo a tierras lejanas, sino en nuestro entorno familiar e inmediato. Ojalá, hagamos realidad lo que el DOMUND nos invita: que toda la humanidad llegue a ser una gran y única familia, fundamentada en la fe, en la esperanza y en el amor. Una familia donde todos se amen como Cristo nos ama. Una familia donde sea llamativa la vivencia de la misericordia: siempre dando una nueva oportunidad a los demás, siempre siendo acogedores, siempre sumando y no restando, siempre haciendo lo que el Señor hace con nosotros mismos…

Se lo pedimos a la Virgen, Madre de la Misericordia y de las Misiones.

+ Raúl, Obispo de Ciudad Rodrigo

EL ANUNCIO

En septiembre, comenzamos el curso pastoral. Siempre bajo la mirada y compañía de la Virgen María, Estrella de la Evangelización. Este año, dentro del Plan Quinquenal nacido tras la Asamblea Diocesana, nos centraremos en la dimensión eclesial de “El Anuncio”.

¿Qué pretendemos, con la ayuda del Espíritu Santo? – Que, arraigados en el Señor, seamos de verdad cauce humilde para dejar al mismo Espíritu Santo que infunda la fuerza renovadora del Evangelio en el interior de nuestras personas y en lo más profundo de nuestra Iglesia Diocesana, encarnados en este Pueblo y en esta Tierra.

En resumen, tratamos de acoger al Señor y a su Buena Noticia (su Evangelio). Trataremos de vivir dos caras de una misma moneda: por un lado, acoger al Señor, que se nos entrega en su Evangelio y, por otro lado, proponer el Evangelio a nuestro pueblo. Para ello, tenemos que realizar una sana y necesaria “mirada pastoral autocrítica” a lo que venimos haciendo, pero no para estancarnos ni para ser derrotistas ni tirar la toalla. Sí, para ¡poner en pie nuevos agentes de pastoral para una nueva etapa misionera! Esto significa vivir en la alegría y en la esperanza del Resucitado. Y, al mismo tiempo, abrazar lo pequeño como una auténtica gracia.

Nos comprometemos, en este curso pastoral, a experimentar y hacer realidad la mística de estar y caminar juntos, favoreciendo y potenciando los equipos de trabajo y vida o, lo que es lo mismo, las fraternidades apostólicas de presbíteros, de consagradas, y de laicos. Se trata, en resumen, de que cada discípulo pueda gustar el “vino sabroso” del Evangelio y que el anuncio se haga creíble por el testimonio comunitario.

Tendremos que subrayar, al mismo tiempo, dos “espacios motivadores y sanadores”, como expresa Evngelii Gaudium n. 77: el Arciprestazgo y los monasterios de vida contemplativa. Ambas realidades ayudan a una pastoral de conjunto y a una renovación de personas y de comunidades.

No tenemos excusa ni apoyo para quedarnos en la instalación, en la mediocridad o en nuestros cansancios. Escribió con acierto San Agustín: “En la medida en que tú eres tu propio enemigo, también la Palabra de Dios es enemiga tuya. Sé tu propio amigo. La Palabra de Dios estará entonces en armonía contigo”.

En el corazón de Santa María de la Peña de Francia colocamos este curso pastoral 2015-2016, recordando que “hay un estilo mariano en la actividad evangelizadora de la Iglesia, porque cada vez que miramos a María volvemos a creer en la revolución de la ternura y del cariño” (EG, 288). Todo un reto y una esperanza en este año de la Misericordia.

+ Raúl, Obispo de Ciudad Rodrigo

ECOLOGÍA EN VERANO

El Papa Francisco acaba de publicar su Encíclica “Laudato si”, precisamente en las puertas del Verano. El resumen de toda la encíclica puede ser éste: ecología y humanidad caminan unidos. O, con sus propias palabras: “Un verdadero planteamiento ecológico se convierte siempre en un planteamiento social, que debe llevar a  escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los más pobres” (nn. 49: 53)…“Estamos llamados a ser los instrumentos del Padre Dios para que nuestro planeta sea lo que Él soñó al crearlo y responda a su proyecto de paz, belleza y plenitud” (n. 53).

Llama la atención que el Papa comience llamando a la Tierra, “la casa común, la hermana y la madre”, “clamando por el daño que la provocamos” (n.2), porque hemos crecido pensando que éramos propietarios, dominadores y autorizados a expoliarla. Hemos olvidado que nosotros también somos “tierra” (Gn 2,7), y que la violencia, que por el pecado anida en nuestro corazón, la proyectamos hacia la tierra.

Este tema de la Ecología no es una novedad en el magisterio papal: ya lo trató San Juan XXIII (Pacem in terris), Pablo VI (discurso a la FAO, de 1970), y San Juan Pablo II que nos llamó  a una “conversión ecológica global” y a hablar no sólo de ecología (término pagano que significa “mi casa”) sino de “ecología humana” (uniendo ya medio ambiente y humanidad). Finalmente, Benedicto XVI nos invitó a luchar contra los modelos de crecimiento que destruyen la tierra: ni el consumismo ni el creer que somos propietarios, ayudan a cuidar el medio ambiente.

Todos estamos unidos por la misma preocupación: católicos (de antes -como San Francisco de Asís o San Buenaventura- y de la actualidad como diversas conferencias episcopales), ortodoxos (como el Patriarca Bartolomé), o gentes de buena voluntad. Todos buscamos una ecología “integral”. El Papa Francisco nos hace una doble llamada: por un lado,  a buscar un desarrollo sostenible e integral (n. 13); y, por otro lado, a un nuevo diálogo sobre el modo como estamos construyendo el Planeta Tierra (n. 14).

¿Dónde se inscribe esta Carta Encíclica? – En el rico Magisterio Social de la Iglesia católica. Una anotación final necesaria: aunque cada capítulo pudiera parecer independiente, existen temas transversales que, una y otra vez, están latentes y patentes, constantemente replanteados y enriquecidos: Así, la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta; La convicción de que todo el mundo está interconectado; la crítica al modelo o paradigma meramente tecnológico y la a invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso; el valor propio de cada criatura y el sentido humano de la ecología; la necesidad de debates sinceros y honestos y la grave responsabilidad de la política local e internacional; y la lucha contra la cultura del descarte y la propuesta de un nuevo estilo de vida.

¡Bienvenida sea esta Encíclica que tanto bien hará a creyentes y no creyentes! ¡Puede ser una buena lectura para el verano! ¡Feliz y merecido descanso!

+ Raúl, Obispo de Ciudad Rodrigo

EVANGELIZACIÓN Y COMPROMISO DE CARIDAD

         Este año, el mes de Junio es el mes de Cáritas. Cumple 50 años en nuestra Diócesis. Cáritas tiene una identidad y misión propias: vertebrar la caridad diocesana. Es como la cabeza, el corazón,  y las manos de toda la Diócesis en favor de los más desfavorecidos. ¡Felicidades, Cáritas, por tus bodas de oro!

Me duele constatar que, entre nuestros cristianos, todavía hay quienes contraponen evangelización o celebración a compromiso de caridad. No es nuevo. También al papa Francisco le critican, por haber escrito Evangelii Gaudium, y le acusan que no entiende de economía ni de política, ni de los mecanismos del sistema neoliberal-capitalista. ¡Y vaya si entiende… y vaya si hace pensar lo que dice!

Como el papa Benedicto XVI, recuerda denuncia que estamos en una crisis “del hombre”, es decir, de la negación de lo humano para adorar al nuevo becerro de oro: el dios dinero. Por eso, el Papa Francisco nos invita a sustentar la vida en “lo esencial”, porque uno no se puede respetar a sí mismo ni a los demás cuando su vida se ha edificado sobre el tener, la mentira, la injusticia o la explotación. Sólo la verdad nos hace libres. El Papa nos hace dos preguntas: “¿En qué decidimos fundar nuestra vida personal?… Y, ¿cuál es nuestra actitud ante las necesidades del prójimo?”…

         El Papa Francisco os recuerda, con claridad y valentía, que el anuncio del Evangelio tiene necesariamente un contenido social. El Reino de Dios reclama un compromiso para transformar personas y estructuras sociales. ¿Y cuáles son los principales contenidos sociales del anuncio cristiano, de los que Cáritas se hace eco y trata de ponerlos en práctica?…

Recordamos algunos de ellos, que no son otra cosa que lo que llamamos “doctrina social de la Iglesia”: Los pobres son los primeros destinatarios del Evangelio, porque la opción por los más necesitados  no es algo sociológico o ideológico, sino teológico y espiritual. Al final, nos examinarán del amor (Mt 25).

La acción social de Cáritas, y de todas las personas y grupos cristianos, están al servicio de la liberación y promoción de los más pobres. Solidaridad es la decisión de devolver al pobre lo que le corresponde y defender sus derechos.

La opción por los últimos es signo de autenticidad cristiana. Tenemos que dejarnos evangelizar por los pobres. Es muy importante la atención amorosa, cercana, real y cordial a los necesitados. Aunque, a veces, el compromiso social y de caridad implica denuncia profética y dar la cara.

Finalmente, es necesario luchar contra las causas estructurales de la pobreza. Y, al tiempo, necesitamos cultivar una espiritualidad de la ternura; sin olvidar que los cambios necesarios en la sociedad sólo serán posibles desde un cambio de mentalidad y la vivencia de una profunda espiritualidad.

Conclusión: No se puede evangelizar al margen de los pobres, y en la belleza y alegría del Evangelio no puede faltar un signo: la opción por los últimos.

¡Gracias sinceras a todos cuentos trabajáis y gastáis vuestras vidas en el Campo de la Caridad, personas e instituciones diocesanas!

 

+ Raúl, Obispo de Ciudad Rodrigo

 

 

Madre de Misericordia

         Estamos en el Mes de Mayo. Mes de María, la Virgen. Este año, el Papa Francisco nos ha anunciado una buena noticia: el año de la Misericordia. Es cierto que comenzará en el mes de Diciembre pero deseo ya expresar algunas sugerencias para nuestra vida cristiana.

Afirma el Papa que Jesús el rostro de la misericordia de Dios Padre. Lo es con sus palabras, con sus gestos, con toda su persona. La pregunta nace también sincera: ¿No podemos decir lo mismo de María?… Más aún, el Santo Padre nos invita a experimentar en nuestra vida lo mismo que le aconteció al apóstol Mateo: “miserando atque eligendo” (“Le miró con misericordia y lo eligió”). Es también lo que expresó la Virgen en el Canto del Magnificat y es, igualmente, el lema elegido por el Papa en su Pontificado. Hagámoslo nuestro.

¿Por qué tenemos que vivir la misericordia? – Porque estamos llamados, como Jesús y María, a ser signos visibles de lo que Dios es en sí mismo: Amor y Misericordia. Y porque, como afirma el Papa, la misericordia es fuente de alegría, de serenidad y de paz. La misericordia sabe perdonar todo y va más allá de la mera justicia. En otras palabras: el misericordioso, trata a los demás como Dios nos trata a cada uno. Por eso rezamos en el Padre Nuestro que perdonamos como Dios nos perdona. Y, añadimos, amamos como Dios nos ama, y somos misericordiosos como Dios lo es con cada uno de nosotros.

¿Cómo podemos concretar la misericordia en nuestra vida cotidiana? – El Papa nos invita a vivir las obras de misericordia: siete materiales y siete espirituales. Las recordamos, porque son todo un programa existencial. Comenzamos por las materiales: dar de comer al hambriento; dar de beber al sediento; vestir al desnudo; acoger al forastero; curar enfermos; visitar presos; y enterrar a los muertos. Las obras espirituales son: dar consejo al que lo necesita; enseñar al que no sabe; corregir al que yerra; consolar al triste; perdonar las ofensas; soportar con paciencia las molestias de la vida y a los molestos; y rogar a Dios por los vivos y los difuntos. En definitiva, al final, se nos va a juzgar por cómo hemos practicado las catorce obras de misericordia (Mt 25, 31-46): “Lo que hicísteis con uno de éstos, lo hicísteis conmigo”, nos dirá el Señor. En nuestra tierra, no nos olvidemos de visitar y atender especialmente a los enfermos y ancianos.

Cuando contemplamos a los Santos, en cada uno de ellos vemos reflejada, hasta el heroísmo, alguna de las obras de misericordia. Y, en Jesús y María, el conjunto de todas ellas. Pidamos vivir así este mes de Mayo: que cada obra de misericordia sea como una flor preciosa ofrecida a nuestra Madre. Llenemos del buen olor de la misericordia nuestras familias, nuestras comunidades, nuestros pueblos y lugares de estudio o trabajo. Que el Espíritu Santo nos ilumine y ayude en esta buena y generosa tarea.

+ Raúl, Obispo de Ciudad Rodrigo

Pascua y  elecciones

         Los ciudadanos españoles, a partir del mes de marzo de 2015, estamos convocados a diferentes elecciones. Como pastor, y con honestidad, me atrevo a resumir en cuatro puntos principales lo que se puede afirmar. Lo primero, la obligación moral de votar. La política es cosa de todos. En las democracias, el voto ciudadano es insustituible, aunque no sea la única forma de participación. No votar por dejadez, comodidad o simple negatividad, no es justificable. No hay que identificar, sin más, “democracia” con “partidos”; ni partidos con corrupción generalizada. La política, y el ser político, es una “altísima vocación” que busca el bien común (Evangelii Gaudium, n. 205).

Lo segundo, la iglesia católica que peregrina en España, ya desde la llamada “transición”, no apuesta por un partido concreto y determinado. En este sentido, los católicos militan en diversos partidos y votan, pluralmente, en conciencia y libertad.

En tercer lugar, ningún partido político, con sus programas, agota las exigencias del Evangelio ni de la Doctrina Social de la Iglesia. Por dicha razón, en cada momento histórico, y en cada elección (municipal, autonómica, general), los católicos deben leer y meditar los programas políticos y, al mismo tiempo, valorar a los políticos que los representan.

Y, finalmente, los obispos españoles siempre han recordado a los católicos cuáles son algunos de los principios y valores a los que no renunciamos: así, la defensa de la vida, desde su concepción hasta su final; la defensa del matrimonio, entre hombre y mujer, y de la familia; el derecho de los padres católicos a elegir formación religiosa, en la escuela, para sus hijos; la defensa de todos los derechos humanos, incluido el de sana libertad religiosa, en sus manifestaciones privadas y públicas; la búsqueda de la paz entre pueblos y del bien común; el diálogo y la reconciliación social; la lucha contra el fraude y la corrupción; la solidaridad entre las naciones ricas y pobres; y, el desarrollo integral de los más pobres y necesitados, aquí y fuera de nuestras fronteras, a los que el Papa Francisco se atreve a calificar de “sobrantes, invisibles y descartados sociales”. Una doble anotación final: por un lado, la iglesia no emite juicios políticos sino morales. Por otro lado, cuando firma Acuerdos con los Estados, no busca privilegios para sí, sino los medios y las maneras para mejor servir a la sociedad. Cuando se ataca o se ningunea el cristianismo, salimos perdiendo todos.

Tras la Semana Santa, entraremos en tiempo Pascual. Se nos regala un bello mensaje: ni el sufrimiento, ni el pecado, ni la muerte tienen la última palabra: es posible una sociedad nueva de hombres y mujeres nuevos. Dejemos que el Espíritu de Pentecostés nos renueve. Algunos de los frutos de dicho Espíritu son la paz, la concordia, la libertad, la alegría, la esperanza. La solidaridad y la fraternidad. Necesarios más que nunca. ¡Feliz Pascua de Resurrección!

+ Raúl, Obispo de Ciudad Rodrigo.

CUARESMA Y MANOS UNIDAS

                  El Papa Francisco, en esta Cuaresma 2015, nos invita “a fortalecer nuestros corazones” (Santiago, 5,8). Cuaresma es un tiempo de conversión, de volver a un Dios que nos ha amado primero y nos conoce por nuestro nombre, nos cuida y nos busca cuando nos alejamos de Él. Este mismo Dios nos pide que no seamos indiferentes ni egoístas ante los demás, aunque las cosas nos vayan relativamente bien en la vida.

Dios nunca es indiferente a lo que sucede en nuestro mundo: lo ama, hasta el punto de entregarnos, por amor, a su Hijo. La Iglesia, hoy, es como la mano abierta de Dios, que nunca se cierra ni se repliega en sí misma. En la Iglesia, “si un miembro sufre, todos sufren con ella” (1 Cor 12,26). Los cristianos, en la Cuaresma, tenemos que dejar lavarnos los pies por Cristo para así lavarlos a los demás, que quiere decir servir a todos. En nuestras parroquias y comunidades sigue viva la pregunta: “¿Dónde está tu hermano?” (Gn 4,9). Tenemos que ver en cada hermano y hermana a aquel por quien Jesucristo murió y resucitó.

En resumen, ¿cómo “fortalecer el corazón”, y no ser indiferentes a los demás, en esta Cuaresma? – El Papa nos regala algunas pistas: Lo primero, orar en comunión con toda la iglesia terrestre y celeste. Lo segundo, ayudar con gestos de verdadera caridad, aunque sean pequeños. Y, lo tercero, recordar que sin Dios no podemos nada. Hay que resistir a la tentación diabólica de creer que nosotros solos podemos salvar el mundo. Tenemos que salir de nuestra prepotencia. Para ello, dejemos que el Espíritu Santo entre en nuestros corazones, con su amor, para que “nuestro corazón sea semejante al de Jesús mismo”.

El mensaje de nuestro querido Papa Francisco enlaza perfectamente con el lema de la Campaña de Manos Unidas de este año: “¿Te apuntas?” Se nos ha vuelto a recordar que existen todavía 805 millones de personas que pasan hambre en el mundo. Tenemos que ponernos en su lugar con gestos eficaces y con nuestra aportación económica para poder realizar proyectos de desarrollo humano y social, especialmente con protagonismo femenino.

Es significativo que, Manos Unidas, destaque dos pasajes del Evangelio: el de Jesús con la samaritana que va a buscar agua al pozo (Jn 4, 1), y el del buen samaritano (Lc 10,30). Y, como las dos caras de una misma moneda, nos interpela: por un lado, “¿te apuntas a que Jesucristo, el Agua Viva, apague tu sed de felicidad y de infinito?”… Por otro lado, “¿Te apuntas, como Él, a ser buen samaritano para los demás?”… – En Manos Unidas, las voluntarias van por delante, dándonos ejemplo. ¡Muchas gracias por vuestra generosidad! ¡Que el Señor y los más pobres os lo paguen! Con mi afecto y bendición reiterados,

+ Raúl, Obispo de Ciudad Rodrigo

Carta hoja diocesana febrero

FAMILIA, IGLESIA DOMÉSTICA

Se ha anunciado con fuerza la celebración del Sínodo Ordinario sobre la Familia. Es curioso, cómo al hablar de la familia, incluso en ámbitos cristianos, se tiene miedo a hablar de la misma como una verdadera ‘Iglesia doméstica’. Además de ser escuela de valores humanos y escuela de habilidades sociales que nos marcarán durante toda nuestra vida, es el ámbito donde nacemos  la fe, donde nos iniciamos a los misterios de Dios.

Recuerdo una anécdota imborrable. A mis 18 años, siendo seminarista, se me envió a trabajar pastoralmente con los menores de edad del reformatorio burgalés llamado Gregorio Santiago. Un día, la policía atrapó a un joven delincuente, proveniente de Vallecas, intentando sustraer de un coche la radio portátil. La intención era venderla para comprar droga. Cuando me enteré, pedí al director poder hablar con aquel joven. Trataba de hacerle ver que tenemos un Padre-Dios bueno, que nos ama y, sobre todo, que no se sintiera nunca solo; los seminaristas queríamos ser como una familia para él. Me miró con ira y me dijo, más o menos: ‘¡De qué me hablas!…¡Yo no sé lo que es un padre, a quien no he conocido; ni he tenido una familia!…Desde los cinco años soy como un perro callejero, buscándose la vida dónde y cómo puedo. Mi madre es prostituta y drogadicta!”

Entonces caí en la cuenta de lo decisiva que es la familia en el tema de la fe. No se puede llegar a descubrir fácilmente a un Dios Padre y a una familia cristiana si no hay experiencia de la familia de sangre y, si esta, no es creyente. Aunque no podemos olvidar que la fe no se hereda; es una opción personal y libre. Se hereda el tiesto de la tierra buena y abonada donde es más fácil que pueda nacer la fe, pero no siempre de hijos católicos salen hijos católicos ni de padres no creyentes, hijos incrédulos. Dios actúa y se sirve de mil formas para llegar a la personas.

Cuando tengo oportunidad de compartir tiempos y espacios con familias cristianas, siempre las invito a tres cosas: lo primero, a que sepan defender sus derechos, como familia, en diferentes ámbitos sociales, culturales y políticos. Lo segundo, que se integren de verdad en la vida comunitaria de las parroquias. En este sentido, ¡qué importante que la propia familia fuese “la catequista” de quien se inicia en los misterios cristianos, en los primeros sacramentos! Y, tercero, que sean familias muy solidarias con otras más necesitadas, las de cerca o las de más lejos. Hay que cuidar especialmente a las familias más jóvenes que tienen más carencias en todos los sentidos.

Hoy, además, existe una llamada a las familias cristianas, por aparte de la Iglesia: que sean “misioneras”. Familias enteras, acompañadas, si es posible por un sacerdote, marchan a tierras lejanas y a culturas muy diferentes de la propia. Son como un ejemplo palpable de lo que significa vivir como cristianos y anunciar en los cinco continentes la Buena Nueva de Jesucristo y su Evangelio. Muestran con su vida la alegría de crecer y la belleza de la fe.

Nunca agradeceremos a los Papas, del siglo pasado y del presente, su gran interés por la familia. Bienvenido sea este Sínodo y, ojalá, sirva para redescubrir la familia como ‘Iglesia doméstica’, también en nuestra querida Diócesis.

 

Carta hoja diocesana enero

AUTÉNTICO Y LIBRE

Releo una entrevista para “La Nación” de nuestro querido Papa Francisco (6-12-2014). La novedad es, sencillamente, que no hay novedad. Es más de lo mismo. Repite lo esencial porque lo tiene muy claro. Dicen los norteamericanos que lo pedagógico debe resumirse en diez puntos, en un decálogo. Me atrevo a hacerlo, comentándolo. Lo primero, “Dios es bueno conmigo”. Denota profunda fe. Lo segundo, “Jorge, no cambies, sigue siendo el mismo”. Rasgo de persona muy equilibrada. Tercero, “Ventilar las cosas es muy bueno”. El diálogo es completamente necesario en la Iglesia aunque a veces no guste escuchar lo que nos digan. Para eso sirve, al mismo tiempo, el necesario discernimiento. Cuarto, “sinodalidad”. Traducida en necesaria corresponsabilidad e implicación de todos en una Iglesia de totalidad; porque todos somos necesarios (laicos, consagrados, presbíteros). Lo quinto, “la iglesia no crece por proselitismo, sino por atracción”. Donde hay Vida, surge vida y abundan las vocaciones. La gente no quiere teorías; desea ver plasmada la belleza del cristianismo y la alegría de la fe en testigos (personas y comunidades). Lo sexto, “la Iglesia tiene que curar heridas”. Las heridas internas (como si estuviésemos en un hospital de campaña) y las de la humanidad entera. La iglesia no puede renunciar a su vocación de buena y generosa samaritana. Séptimo, “Falta cercanía y sobra clericalismo”. Fue el reto del Concilio Vaticano II: estar en medio de la gente. O, siendo más precisos, como buenos pastores, a veces tendremos que estar delante, otras en medio y, en ocasiones, detrás del pueblo. Pero siempre sirviendo al pueblo. Octavo, necesitamos la reforma espiritual, la del corazón”. Es la clave de la triple conversión a la que nos invita el Papa Francisco: la institucional, la pastoral y, especialmente, la personal. No puede haber una Iglesia (y una sociedad) nueva sin hombres y mujeres transformados por el Espíritu. Juan Pablo II repetía que los verdaderos revolucionarios han sido los santos. Son la novedad. Noveno: “Una Curia con más laicos”. No debería ser noticia. Debe reproducirse lo que ya se vive en las iglesias locales: la inserción normal de laicos, consagrados y religiosos. Cada cual en su campo. Décimo: “Dios me ha dado una sana dosis de inconsciencia”. No, querido Padre Francisco, Dios le ha concedido la lucidez y la paz de saberse siempre en su corazón. Es el secreto de su autenticidad, su equilibrio y su libertad. Gracias de corazón.

Todo lo anterior, pudiera ser un buen programa para el año que comienza: el 2015. En la triple línea de lo que el Papa Francisco nos está pidiendo: conversión personal, institucional y pastoral. Que Santa María de la Paz y el Espíritu Santo, motor de la evangelización, nos lo concedan. ¡Feliz y santo año nuevo! Con mi Bendición.

+ Raúl Berzosa, Obispo de Ciudad Rodrigo

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