{"id":7052,"date":"2018-05-26T14:43:05","date_gmt":"2018-05-26T13:43:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.diocesisciudadrodrigo.org\/blog3\/?p=7052"},"modified":"2018-05-26T15:54:11","modified_gmt":"2018-05-26T14:54:11","slug":"bodas-de-oro-sacerdotales-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.diocesisciudadrodrigo.org\/blog3\/bodas-de-oro-sacerdotales-3\/","title":{"rendered":"Bodas de Oro Sacerdotales"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong><span style=\"color: #3366ff;\">Ra\u00fal Berzosa:\u00bb\u00a0Los presb\u00edteros estamos llamados, ante todo y sobre todo, a servir al Pueblo de Dios\u00bb<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<figure id=\"attachment_7054\" aria-describedby=\"caption-attachment-7054\" style=\"width: 290px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"http:\/\/www.diocesisciudadrodrigo.org\/blog3\/wp-content\/uploads\/2018\/05\/IMG_3903-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"size-medium wp-image-7054\" src=\"http:\/\/www.diocesisciudadrodrigo.org\/blog3\/wp-content\/uploads\/2018\/05\/IMG_3903-1-300x225.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"225\" srcset=\"https:\/\/www.diocesisciudadrodrigo.org\/blog3\/wp-content\/uploads\/2018\/05\/IMG_3903-1-300x225.jpg 300w, https:\/\/www.diocesisciudadrodrigo.org\/blog3\/wp-content\/uploads\/2018\/05\/IMG_3903-1-768x576.jpg 768w, https:\/\/www.diocesisciudadrodrigo.org\/blog3\/wp-content\/uploads\/2018\/05\/IMG_3903-1-800x600.jpg 800w, https:\/\/www.diocesisciudadrodrigo.org\/blog3\/wp-content\/uploads\/2018\/05\/IMG_3903-1.jpg 2016w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-7054\" class=\"wp-caption-text\">El obispo y el Vicario General junto a los sacerdotes que celebran sus bodas de oro.<\/figcaption><\/figure>\n<p>Muy querido D. Jos\u00e9, hermano obispo; queridos hermanos sacerdotes, especialmente quienes celebr\u00e1is vuestras Bodas de oro sacerdotales: D. Joaqu\u00edn Gal\u00e1n Pino, D. Gabino Mart\u00edn Vicente y D. Guillermo Corral Peramato; queridos di\u00e1conos; queridos familiares; queridas religiosas; queridos seminaristas; queridos todos.<\/p>\n<p>Estamos celebrando la Fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote. En la primera lectura, de la Carta a los Hebreos, se nos ha recordado c\u00f3mo es nuestra ordenaci\u00f3n sacerdotal: \u201c<em>un ir perfeccionando d\u00eda a d\u00eda nuestra llamada hacia la santidad\u201d, <\/em>que consiste, para el sacerdote diocesano, en el hero\u00edsmo de la caridad. Todo, en Jesucristo, \u00danico, Sumo y Eterno Sacerdote. \u00a1Qu\u00e9 belleza ha sido volver a escuchar y cantar el salmo<em> 109: \u201cT\u00fa eres sacerdote eterno, y para siempre, seg\u00fan el\u00a0 rito de Melquisedec\u201d.<\/em> Y, en el pasaje del Evangelio de San Marcos, una invitaci\u00f3n: al mismo tiempo que hacemos presente el Cuerpo y la Sangre del Se\u00f1or, convertirnos nosotros mismos en Eucarist\u00eda vivientes, seg\u00fan lo prometido el d\u00eda de nuestra ordenaci\u00f3n: <em>\u201cvive lo que celebras\u201d.<\/em> De nuevo, el hero\u00edsmo de la caridad en el ejercicio diario de nuestro ministerio sacerdotal.<\/p>\n<p>Queridos hermanos presb\u00edteros, recientemente el Papa Francisco celebr\u00f3 \u00f3rdenes presbiterales en Roma. Como siempre, sus palabras fueron breves pero certeras. Nan nuevo, porque lo esencial no cambia. Deseo recordaros lo que dijo, como si fuese un regalo aqu\u00ed y ahora para nosotros, y muy especialmente para quienes celebr\u00e1is las bodas de oro.<\/p>\n<p>Los ordenados, somos conscientes de que el Se\u00f1or Jes\u00fas es el \u00fanico Sumo Sacerdote del Nuevo Testamento; pero en \u00c9l tambi\u00e9n todo el pueblo santo de Dios fue constituido pueblo sacerdotal. Todos iguales en dignidad y en la misma misi\u00f3n. Si bien es cierto que, entre todos sus disc\u00edpulos, el Se\u00f1or Jes\u00fas quiso elegir a algunos en particular, para que ejerciendo p\u00fablicamente en su nombre el ministerio sacerdotal, y en favor de todos los hombres, continuaran su misi\u00f3n peculiar de ser maestros, sacerdotes-presidentes y pastores.<\/p>\n<p>No lo olvidemos nunca: los presb\u00edteros estamos llamados, ante todo y sobre todo, a servir al Pueblo de Dios. Configurados con Jesucristo, somos predicadores del Evangelio, Pastores del Pueblo de Dios, y presidentes en las celebraciones. Esto comporta todo un estilo de vida: as\u00ed, debemos leer y meditar asiduamente la Palabra del Se\u00f1or para creer lo que hemos le\u00eddo, para ense\u00f1ar lo que hemos aprendido, y para vivir lo que hemos ense\u00f1ado. La Palabra de Dios, orada y predicada, es como el perfume de nuestra vida. Y con ella, y con nuestro ejemplo, edificamos la Casa de Dios que es la Iglesia.<\/p>\n<p>Igualmente, por nuestro ministerio, el sacrificio espiritual de los fieles se hace perfecto. Con el bautismo agregamos nuevos fieles al Pueblo de Dios. Con el sacramento de la penitencia perdonamos los pecados en el nombre de Cristo y de la Iglesia, sin cansarnos de ser misericordiosos. Porque siempre tenemos presentes nuestros pecados y nuestras miserias que Jes\u00fas tambi\u00e9n nos perdona.<\/p>\n<p>Con el oleo santo damos alivio a los enfermos. Elevando la oraci\u00f3n de alabanza y s\u00faplica, la oraci\u00f3n lit\u00fargica de Las Horas, durante todo el d\u00eda, nos hacemos voz del Pueblo de Dios y de toda la humanidad. Y, finalmente, ejercitamos con alegr\u00eda la caridad sincera, complaciendo \u00fanicamente a Dios y no buscando otros intereses propios. En resumen, solamente estamos al servicio a Dios y para el bien del santo pueblo fiel de Dios. Por eso, tengamos siempre delante de los ojos el ejemplo del Buen Pastor, que no vino a ser servido, sino a servir y a buscar y salvar lo que estaba m\u00e1s perdido y alejado de Dios.<!--more--><\/p>\n<p>Hasta aqu\u00ed el mensaje de nuestro querido Papa Francisco. Queridos hermanos: no nos cansemos de servir ni tampoco nos acostumbremos a los misterios de Dios; no hagamos de nuestra bella vocaci\u00f3n una rutina. Que en este d\u00eda, y especialmente entre quienes celebr\u00e1is vuestras bodas de oro, resuene el <em>Magnificat,<\/em> la acci\u00f3n de gracias por nuestra vocaci\u00f3n. Con una certeza: \u00a1Jes\u00fas es siempre fiel; no se cansa jam\u00e1s de nosotros ni de nuestras debilidades!<\/p>\n<p>Unas breves palabras para D. Gabino, D. Guillermo, y D. Joaqu\u00edn, en sus Bodas de Oro Sacerdotales. Muchas gracias por esa tarjeta-invitaci\u00f3n en la que nos habl\u00e1steis de tres primaveras: la del 68, reci\u00e9n salidos de un Pentecost\u00e9s Conciliar. Vi\u00f3 Dios que vuestra ordenaci\u00f3n era un regalo bueno para vosotros, para la humanidad y para la Iglesia; la primavera del 93, la de vuestras bodas de Plata, en los albores de un nuevo milenio. El Se\u00f1or segu\u00eda contemplando con bondad vuestro ministerio sacerdotal. Han pasado 5o a\u00f1os; es hora de la primavera jubilar. Dios constata que su obra continua bien hecha. D. Juan Antonio Oreja, en el cielo. Y, vosotros tres, con el coraz\u00f3n estremecido y el alma exultante, sent\u00eds que es hermoso ser sacerdotes, \u00a1muy hermoso!, y a la vez es motivo de gratitud inmensa por el milagro del Esp\u00edritu y de lo que la gracia sigue obrando en vosotros. Nos unimos, sinceramente, a vuestra acci\u00f3n de gracias y a vuestra alegr\u00eda, cantando el <em>Magnificat<\/em> e implorando misericordia, porque, a pesar de que nuestras vidas no son siempre perfectas, en medio de las imperfecciones y ca\u00eddas, la mirada de Dios, entra\u00f1able y complaciente, nos levanta una y otra vez. Con la fuerza del Esp\u00edritu, nuestras fr\u00e1giles manos, pero ungidas, seguir\u00e1n acogiendo, bendiciendo, partiendo y repartiendo el Pan de la Palabra y del Sacramento Vivo del <em>Corpus Christi.<\/em> <em>\u201c\u00bfA d\u00f3nde nuestro camino, en un futuro, ir\u00e1?&#8230; \u2013 Al hombre y a Dios, donde nuestros pasos siempre van\u201d\u2026<\/em><\/p>\n<p>Gracias, hermanos presb\u00edteros, los homenajeados y todos los presentes; gracias sobre todo a los de mayor edad. Gracias por todo el bien que hab\u00e9is hecho, que segu\u00eds haciendo, y que, D.M., \u00a0har\u00e9is a nuestra querida di\u00f3cesis <em>civitatense.<\/em> Dios os pague lo que ni acertaremos, ni sabremos, ni podremos hacer.<\/p>\n<p>Mutuamente nos encomendamos en nuestras oraciones, y renovamos nuestra comuni\u00f3n en la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda. Un recuerdo muy especial para nuestros sacerdotes enfermos y sufrientes, para nuestros misioneros, y para quienes sirven en otras Di\u00f3cesis.<\/p>\n<p>Que Santa Mar\u00eda, la Madre de los sacerdotes, y tantos sacerdotes santos, nos acompa\u00f1en y nos cuiden en estos momentos hist\u00f3ricos, de tanta complejidad, y con tantos retos evangelizadores, pero tiempos de tanta esperanza y de tanta novedad. Y que el Esp\u00edritu Santo nos encienda la <em>parresia<\/em>, las ganas de seguir evangelizando y misionando, con alegr\u00eda y entusiasmo, sobre todo a los m\u00e1s alejados y necesitados. Que as\u00ed sea.<\/p>\n<p>+ Cecilio Ra\u00fal, Obispo<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ra\u00fal Berzosa:\u00bb\u00a0Los presb\u00edteros estamos llamados, ante todo y sobre todo, a servir al Pueblo de Dios\u00bb Muy querido D. Jos\u00e9, hermano obispo; queridos hermanos sacerdotes, especialmente quienes celebr\u00e1is vuestras Bodas de oro sacerdotales: D. 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