Diócesis de Ciudad Rodrigo

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Mons. Cecilio Raúl
Berzosa Martínez

Mons. Francisco Gil Hellín.

Administrador Apostólico

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Segunda convivencia de los alumnos de religión del IES Campo Charro

Un grupo de alumnos de religión del Instituto de Educación Secundaria Campo Charro de La Fuente de San Esteban ha participado en la segunda convivencia de estas características que se desarrolla en torno a esa clase. Los alumnos se trasladaron al parque de atracciones de Madrid acompañados por el profesor de religión, Juan Jesús, y el párroco, Anselmo Matilla.

Los jóvenes procedían de Martín de Yeltes, Boada, Aldehuela de Yeltes, Villavieja de Yeltes, San Muñoz, Villares de Yeltes, Abusejo, Tamames y La Fuente.

 

El Arciprestazgo de Argañán visita las Edades del Hombre y Cantabria

Un grupo de 43 personas de distintas parroquias del Arciprestazgo de Argañán ha participado en una excursión en la que han estado acompañados por los sacerdotes Roberto Vegas y Juan Carlos Bernardos.

El viaje ha tenido como destino la exposición de las Edades del Hombre en Aguilar de Campoo y Santander, donde se alojaron en el Seminario de Monte Corbán. Allí han celebrado misa todos los días en la capilla en la que fue ordenado sacerdote Mons. José Tomás de Mazarrasa, Administrador Apostólico de la diócesis de Ciudad Rodrigo entre 1886 y 1907.

Además, han tenido oportunidad de visitar Santillana del Mar, el parque de Cabárceno o el Palacio de la Magdalena. Ya de vuelta, recorrieron la villa romana de la Olmeda, en Palencia.

 

Fallece el sacerdote don Juan Manuel Cuesta Cuesta

D. Juan Manuel.

La diócesis despedirá mañana sábado al sacerdote don Juan Manuel Cuesta Cuesta con una misa-funeral que se celebrará a las 11:30 horas en la parroquia de El Sagrario. La muerte se ha producido hoy viernes y la capilla ardiente se ha dispuesto en el Velatorio de San José.

Nacido en Villavieja de Yeltes, en 1924, fue ordenado presbítero en 1948. En dicho año fue nombrado coadjutor de Villavieja, ecónomo de Agallas y encargado de Vegas de Domingo Rey. En 1949, encargado de Villarejo. En 1952, párroco de Alamedilla. En 1976, párroco de Abusejo, y encargado de Aldeanueva y Gallegos. Desde 1980 fue confesor ordinario de las Monjas Franciscanas del Zarzoso, y en 1984, Arcipreste de Yeltes. Una vez jubilado, desde 1992, ejercía como Adscrito en la Parroquia de San Cristóbal y participaba en las actividades del Arciprestazgo de Ciudad Rodrigo.

Excursión de la parroquia de San Cristóbal

Un grupo de personas pertenecientes a la parroquia de San Cristóbal de Ciudad Rodrigo están desarrollando una excursión de fin de curso por Teruel, Abarracín, Zaragoza y el Monasterio de Piedra. Está previsto que el regreso se produzca esta tarde tras cinco días de recorrido.

El Seminario muestra su proyecto educativo en unas convivencias

Los participantes en la convivencia junto a los formadores.

El Seminario san Cayetano acoge desde esta mañana una convivencia dirigida a niños a partir de cuarto de primaria y en la que están participando ocho jóvenes. El objetivo es que durante tres días conozcan el centro y su proyecto educativo y valoren la posibilidad de cursar aquí los estudios el curso que viene.
Entre otras actividades, hoy han llevado a acabo talleres y hubo tiempo para los deportes además de para pasear por Ciudad Rodrigo y conocer el Palacio de los Águila. Tampoco faltará el tiempo de oración por la noche y el cierre del día con una película.
Para mañana jueves está prevista una excursión a la Sierra Quilamas y al convento del Zarzoso.
Por último, el viernes sumarán una serie de dinámicas y un paseo por Ciudad Rodrigo. Por la tarde la diversión llegará con el momento del baño en las piscinas dando así por concluidas estas convivencias propias cada año de esta institución diocesana.

El Consejo Presbiteral aborda el Plan Pastoral del próximo curso

Un momento de la reunión celebrada esta mañana.

El administrador apostólico de la diócesis de Ciudad Rodrigo, Francisco Gil Hellín, ha presidido esta mañana la reunión del Consejo Presbiteral, un órgano integrado por sacerdotes que representan al presbiterio y cuya misión es ayudar al obispo en el gobierno.
El punto central de este encuentro fue la presentación del Plan Pastoral del próximo curso que llevará por título ‘El Compromiso’, es decir, «la Iglesia que se compromete con los hermanos, con los más necesitados».
Por otra parte, abordaron el proyecto general para la formación y oración en los encuentros mensuales de los arciprestazgos.
Pero esta no es la única reunión de Gil Hellín para esta jornada pues también se verá por la tarde con los responsables de las delegación de Juventud, Enseñanza y Familia. El día anterior, había visitado a las Hijas de la Caridad y a las Hermanitas de los Ancianos Desamparados.

Fin de curso de varias parroquias

En el Santuario de la Peña de Francia.

Más de un centenar de personas de las parroquias de Castraz, Martín de Yeltes, Paradinas, Retortillo y Sancti Spíritus han participado en una jornada de convivencia para clausurar el Curso Pastoral 2017-2018.

Por la mañana subieron al Santuario de la Peña de Francia donde celebraron la Eucaristía. Posteriormente, comieron en el merendero de El Maíllo y por la tarde se trasladaron hasta la localidad de Villanueva del Conde para visitar la exposición Crucifixus.

En todo momento estuvieron acompañados por el sacerdote Gabriel Ángel Cid.

Mons. Francisco Gil Hellín: “Tengamos confianza. No pasa nada y la de ahora es una tempestad pasajera. Volverá la calma”

Mons. Gil Hellín durante su homilía.

Celebramos hoy, queridos hermanos, la Solemnidad del nacimiento de san Juan Bautista. Su figura es tan extraordinaria, que es el único santo de que la Iglesia celebra no solo el día de su muerte- como hace con los demás santos- sino también el día de su nacimiento. Ni siquiera lo hace con quienes son las dos columnas de la Iglesia: los Apóstoles san Pedro y san Pablo.

Toda la grandeza de Juan no procede de su valía personal sino que es prestada. Se debe a que Dios le escogió para que fuera el profeta que anunciara y preparara la venida de su Hijo a la tierra para ser nuestro Salvador. Los plazos de Dios para realizar sus planes no suelen ser de hoy para mañana. Al contrario, Dios tiene la costumbre de mirar a lo lejos y saber esperar. Por eso, muchos siglos antes de que Juan anunciara la venida del Mesías, lo habían hecho otros profetas y otras persona elegidas por él. La primera lectura que hemos escuchado da cuenta de una de esas voces: la del gran profeta Isaías.

Isaías nos contaba que Dios le escogió desde el seno de su madre, es decir, desde antes de nacer, para que anunciara que el Mesía sería luz de las naciones. Isaías fue fiel a su misión y transmitió este mensaje a su pueblo, cuando éste se encontraba en una situación de gran decaimiento y necesitaba una inyección de esperanza. Isaías recordó a este pueblo que, a pesar de sus infidelidades, Dios no le había dejado de su mano y seguía siendo fiel a la Alianza. Israel seguía siendo el pueblo que él se había elegido como pueblo suyo. Esta debía ser la roca de su esperanza en todas las circunstancias y situaciones.

Queridos hermanos: este mensaje es muy consolador para nosotros, dada la situación en que nos encontramos y que ya conocéis por los medios de comunicación y por otros conductos. En efecto, estamos viviendo, a nivel de diócesis, una situación semejante a la que describe el evangelio de este domingo 12 del Tiempo Ordinario, que hubiéramos leídos hoy si no hubiese coincidido con la solemnidad de san Juan Bautista. Allí se narra la tempestad que sufrieron un día los apóstoles, mientras atravesaban el lago de Genesaret. A pesar de que ellos eran pescadores de oficio y conocían el lago como la palma de su mano, tuvieron miedo de naufragar y morir ahogados. Jesús, que estaba rendido por el trabajo del día, dormía profundamente mientras ocurría todo esto. Daba la impresión de que no le interesaban la barca ni quienes iban en ella. Peor no era así: él cuidaba de sus apóstoles. Por eso, cuando estos le gritaron: “¡Sálvanos, que perecemos!”, él mandó al viento que se parase y vino de nuevo una gran calma. Gracias a ello, los apóstoles no solo superaron el peligro sino que tuvieron que hacerse la gran pregunta: “¿Quién es éste?” Daban así un gran paso en su camino de fe en el conocimiento de Jesucristo.

Nuestra diócesis es ahora la barca sometida a prueba. Para fortuna nuestra, Jesucristo va en ella, porque esta Iglesia de Ciudad Rodrigo es su Iglesia. Puede parecernos que no es así y que se despreocupa de nosotros. Tengamos confianza. No pasa nada y la de ahora es una tempestad pasajera. Volverá la calma. Lo que nosotros hemos de hacer es fiarnos plenamente de Dios. Para que cuando vuelva esa calma-que volverá, no lo dudéis- no tengamos que oír el reproche del Señor: “Hombres de poca fe, ¿por qué habéis dudado?”

Decía antes que Dios mira a largo plazo y no tiene prisa. De hecho, desde que Isaías anunció que el futuro Mesías vendría a salvar a su pueblo, pasaron casi siete siglos hasta su cumplimiento. Esa es la distancia entre el gran profeta del AT y el nacimiento de Jesucristo en Belén. Más aún, cuando ya había acontecido ese gran hecho, Dios tampoco tuvo prisa en salir a la plaza pública. Antes quiso que otro profeta, Juan el Bautista, fuera el pregonero y el que preparase esa aparición pública. Esta fue la gran misión de este hombre y la razón por la que Jesús pudo decir de él que “no había nacido de mujer otro superior” a Juan.

Juan cumplió a la perfección la misión que tenía encomendada. Aunque podía haber engañado al pueblo, presentándose como el Mesías, confesó abiertamente que no lo era y que lo suyo era anunciar que el Salvador había llegado y que había que arrepentirse y cambiar de vida para recibirle. No fue fácil cumplir su tarea, porque ella implicaba desenmascarar la mentira y la corrupción de costumbres, aunque se tratase de las más altas instancias. De hecho, sabemos que Juan fue degollado por Herodes, instigado de Herodías, que era la mujer de su hermano y con la que él convivía como si fuese su esposa.

Nosotros vivimos en un momento de la historia en el que se necesitan profetas que den a conocer y preparen el camino del Salvador anunciado por Isaías y el Bautista. Esos profetas somos nosotros. Vosotros y yo. No solo los obispos sino todos y cada uno de los bautizados. Sigue leyendo

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