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Mons. Cecilio Raúl
Berzosa Martínez

Mons. Francisco Gil Hellín.

Administrador Apostólico

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REFORZAR LA COMUNIÓN PARA LA MISIÓN (“¡QUE NO SE ENFRíE EL CORAZÓN!”)

(Comentario en la Vísperas del Domingo I de Cuaresma, en el encuentro de Obispos, Vicarios y Arciprestes, 18-2-2018)

El obispo junto a algunos de los participantes de la diócesis en el encuentro que ha comenzado hoy.

Entramos en un nuevo Encuentro de Villagarcía, el n. 37. Como es habitual, en tiempo de Cuaresma. Este año con un mensaje muy atractivo: “Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría” (Mt 24,12). Es una frase pronunciada por Jesús, en el Monte de los Olivos, respondiendo a una pregunta de sus discípulos: “¿Cuál será la señal de tu venida al final de los tiempos?”… Avisa de la situación de la comunidad frente a acontecimientos dolorosos y a falsos profetas.

¿Qué rostros asumen los falsos profetas de hoy?... – Algunos son como “encantadores de serpientes” que esclavizan a las personas, aprovechándose de sus emociones. Otros falsos profetas son “los charlatanes” que ofrecen soluciones sencillas e inmediatas a los sufrimientos o remedios, y que resultan completamente inútiles; por ejemplo, la droga a los jóvenes, unas relaciones “de usar y tirar”, o ganancias fáciles deshonestas. Otros falsos profetas no sólo ofrecen cosas sin valor sino que nos quitan lo más valioso: la dignidad, la libertad o la capacidad para amar. ¡Cada uno tenemos que discernir y examinar nuestro corazón para descubrir las amenazas e influjos de los falsos profetas! No podemos tener un corazón frío y apagado. ¿Qué señales nos indican que el amor del corazón se está apagando?… – Ante todo, la avidez por el dinero, “raíz de todos los males” (1 Tim 6,10); a ésta, le sigue el rechazo de Dios, prefiriendo quedarnos en nuestra desolación antes que sentirnos confortados por su Palabra y los Sacramentos.

¿Qué podemos hacer en la Cuaresma?…- Recobrar el dulce remedio de la oración, la limosna y el ayuno. Por la oración, descubrimos en el corazón las mentiras que nos engañan y buscamos el consuelo de Dios y de su Vida. Por la limosna, nos liberamos de la avidez, redescubrimos al hermano necesitado, y experimentamos una certeza: “que lo mío nunca es sólo mío”. ¡La limosna, como se lee en Los Hechos, debe ser un auténtico estilo de vida! ¡Dar limosna es colaborar con la Providencia de Dios para con sus hijos, con la certeza de que Él también me ayudará, porque nadie gana a Dios en generosidad! El ayuno, debilita nuestra violencia y nos desarma, nos ayuda a crecer, a experimentar el hambre y sed Dios, y nos permite sufrir lo que los hambrientos sufren… ¡La Pascua es fuego nuevo para calentar el corazón en el corazón de Dios que nunca se apaga!

Y, todo lo anterior, ¿qué tiene que ver con nuestro encuentro de Villagarcía?… Me quedo con el slogan propuesto por el Papa Francisco: “¡Que no se enfríe el corazón!”… Añado: “Ni el corazón personal, ni el comunitario!”. ¿Para qué?… Para redescubrir, en profundidad lo que es Villagarcía, para nuestras personas, nuestros ministerio y nuestras Diócesis: 1.- Villagarcía es Espíritu Santo y “pasión de espíritu”, que hace posible la  comunión evangelizadora y misionera….

2.- Villagarcía es “aliento (espíritu) de comunión para la misión”. No es una superestructura eclesial, por encima, al margen o condicionando negativamente las Diócesis; sino potenciándolas y ayudándolas.

3.- Es escuela (donde todos aprendemos de todos), hogar (donde nos sentimos a gusto), taller (donde proyectamos y experimentamos estrategias evangelizadoras), y pórtico (para hacer realidad el atrio de los gentiles y el diálogo con los alejados).

4.- Es expresión de comunión-sinodalidad (todos corresponsables), de espiritualidad apostólica (cenáculo donde fraguan y se consolidan las fraternidades sacerdotales y los  equipos apostólicos), y de permanente conversión pastoral (reconversión de estructuras), al hilo de la lectura creyente de los nuevos signos de los tiempos.

5.- Es espacio de libertad “vertical y horizontal”: altura (el Señor), hondura (eclesialidad), anchura (los hermanos), largura (la catolicidad).

6.- Es Betania, donde descansamos con el Maestro y con los hermanos, para fortalecernos en la misión. Y donde la Palabra y las Celebraciones resuenan de otra manera (con “reposo y en alcoba”).

7.- Es hospital de campaña, para curar a los más heridos, cansados y desanimados.

8.- Es necesaria plataforma de encuentro entre los agentes de pastoral cualificados (Obispos-Vicarios-Arciprestes-Delegados-responsables de dinamismos…).

9.- Es referente necesario para caminar en las dos orillas: la cultura (hoy como “tierra de misión”) y el samaritarismo (respuesta a las pobrezas clásicas y a las nuevas pobrezas).

10.- Es laboratorio privilegiado para comprender, amar, y gastar la vida por este Pueblo y en esta Tierra; y para discernir, en comunión, sus urgencias y necesidades socio-eclesiales. En esta ocasión, sobre “El acompañamiento en la familia”…

Pedimos al Espíritu Santo el poder y saber vivir este encuentro con gran intensidad y entrega como si fuera el primero, el único, o el último.

+ Cecilio Raúl, Obispo de Ciudad Rodrigo

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