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ECOLOGÍA EN VERANO

El Papa Francisco acaba de publicar su Encíclica “Laudato si”, precisamente en las puertas del Verano. El resumen de toda la encíclica puede ser éste: ecología y humanidad caminan unidos. O, con sus propias palabras: “Un verdadero planteamiento ecológico se convierte siempre en un planteamiento social, que debe llevar a  escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los más pobres” (nn. 49: 53)…“Estamos llamados a ser los instrumentos del Padre Dios para que nuestro planeta sea lo que Él soñó al crearlo y responda a su proyecto de paz, belleza y plenitud” (n. 53).

Llama la atención que el Papa comience llamando a la Tierra, “la casa común, la hermana y la madre”, “clamando por el daño que la provocamos” (n.2), porque hemos crecido pensando que éramos propietarios, dominadores y autorizados a expoliarla. Hemos olvidado que nosotros también somos “tierra” (Gn 2,7), y que la violencia, que por el pecado anida en nuestro corazón, la proyectamos hacia la tierra.

Este tema de la Ecología no es una novedad en el magisterio papal: ya lo trató San Juan XXIII (Pacem in terris), Pablo VI (discurso a la FAO, de 1970), y San Juan Pablo II que nos llamó  a una “conversión ecológica global” y a hablar no sólo de ecología (término pagano que significa “mi casa”) sino de “ecología humana” (uniendo ya medio ambiente y humanidad). Finalmente, Benedicto XVI nos invitó a luchar contra los modelos de crecimiento que destruyen la tierra: ni el consumismo ni el creer que somos propietarios, ayudan a cuidar el medio ambiente.

Todos estamos unidos por la misma preocupación: católicos (de antes -como San Francisco de Asís o San Buenaventura- y de la actualidad como diversas conferencias episcopales), ortodoxos (como el Patriarca Bartolomé), o gentes de buena voluntad. Todos buscamos una ecología “integral”. El Papa Francisco nos hace una doble llamada: por un lado,  a buscar un desarrollo sostenible e integral (n. 13); y, por otro lado, a un nuevo diálogo sobre el modo como estamos construyendo el Planeta Tierra (n. 14).

¿Dónde se inscribe esta Carta Encíclica? – En el rico Magisterio Social de la Iglesia católica. Una anotación final necesaria: aunque cada capítulo pudiera parecer independiente, existen temas transversales que, una y otra vez, están latentes y patentes, constantemente replanteados y enriquecidos: Así, la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta; La convicción de que todo el mundo está interconectado; la crítica al modelo o paradigma meramente tecnológico y la a invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso; el valor propio de cada criatura y el sentido humano de la ecología; la necesidad de debates sinceros y honestos y la grave responsabilidad de la política local e internacional; y la lucha contra la cultura del descarte y la propuesta de un nuevo estilo de vida.

¡Bienvenida sea esta Encíclica que tanto bien hará a creyentes y no creyentes! ¡Puede ser una buena lectura para el verano! ¡Feliz y merecido descanso!

+ Raúl, Obispo de Ciudad Rodrigo

Encuentro Jóvenes Taizé 2017

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