Visita

Mons. Jesús García Burillo celebra la Eucaristía con las Franciscanas del Zarzoso

El Administrador Apostólico de la diócesis, Mons. Jesús García Burillo, ha visitado a las hermanas franciscanas del convento del Zarzoso donde celebró la Eucaristía y las Vísperas. Además, tuvo oportunidad de recorrer el monasterio y compartir un rato de conversación con las hermanas.

Homilía en la ordenación de D. José Efraín Peinado

Mons. Jesús García Burillo: “Poco a poco has descubierto que Jesús era tu tesoro; y era una perla preciosa la invitación que te hacía para cooperar con Él”

Mi saludo cordial a Don Julián, obispo de León, a Don José, obispo emérito de Sigüenza-Guadalajara, a Don Julián, obispo de León, Al Vicario general y al colegio de consultores, a los sacerdotes y personas de vida consagrada. Un saludo muy especial a ti, querido Efraín, a tus padres y hermano, a tus compañeros del teologado de Salamanca y a los seminaristas del seminario menor; a todos, hermanos y hermanas; el obispo de Plasencia se excusa por no poder acompañarte.

Nadie podría imaginar cuando nos conocimos en el teologado hace ya nueve años, siendo tú seminarista de Ciudad Rodrigo y yo obispo de Ávila –diócesis a la que llegué, hoy hace precisamente 16 años- que nos encontraríamos de nuevo en el altar de esta catedral para conferirte el sacramento del orden sacerdotal. La divina Providencia tiene estos designios ocultos que nos asombran cuando Él tiene a bien revelarlos.  Pues aquí estamos en medio del presbiterio de la Diócesis y de esta asamblea numerosa, representando a toda la Iglesia que peregrina en Ciudad Rodrigo, llegados de todas partes, algunos incluso desde Roma, para participar en el misterio que acontece en esta tarde del sábado, víspera del VII domingo del tiempo ordinario: la Ordenación sacerdotal de un miembro de esta Iglesia, como un regalo del Señor en el 250 aniversario de la fundación del seminario.

Además, el Señor ha querido que pudiéramos prepararnos ambos, obispo y diácono, después de una convivencia de varias semanas, en que has ejercido tu ministerio diaconal, acompañándome en mi comienzo como Obispo Administrador Apostólico. Ahora, como sucesor de los Apóstoles por el don del Espíritu Santo, puedo conferirte por la imposición de las manos, el sacramento del Orden. Os invito a todos a dar una generosa acción de gracias a Dios por esta ordenación de Efraín y también por la Iglesia de Ciudad Rodrigo en toda su historia.

Para iluminar desde la Palabra de Dios esta liturgia, tú mismo has elegido los textos que acabamos de proclamar y que revelan aspectos esenciales del rito sacramental y de la vida que ahora comienza para ti con el ejercicio del ministerio sacerdotal.

El Evangelio lo has elegido como el marco de la frase con que nos has invitado a tu ordenación: “venid conmigo y os haré pescadores de hombres”. Es la invitación que Jesús hace a sus dos primeros discípulos, Simón y Andrés. El evangelista anuncia que Jesús acababa de iniciar su predicación proclamando el Evangelio de Dios: “se ha cumplido el tiempo y está cerca el Reino de Dios, -decía- convertíos y creed en el Evangelio”. Para esto había llegado a Galilea, para esto había dejado su morada junto al Padre y se había encarnado en el seno de su madre, haciéndose uno con nosotros: para anunciar la salvación y la esperanza, porque el amor y la misericordia de Dios había alcanzado a toda la humanidad. Este anuncio lo realizará con su palabra y sus hechos, en su persona y en toda su existencia, con su vida, muerte y resurrección. Ahora nos corresponde a nosotros acogerlo; sin nuestra aceptación, su deseo quedaría baldío.

Y a renglón seguido Marcos relata que Jesús vio a otros dos pescadores, a Santiago y a Juan, y les invitó igualmente a compartir su proyecto de vida y su misión, que era la razón de ser de su presencia entre nosotros. Parece como si Jesús necesitara absolutamente de estas personas para llevar a cabo su plan, como si Él solo no pudiera llevarlo a cabo. Alguno incluso le preguntó: ¿dónde vives? Y Jesús les animó a que se fueran con Él para ser cooperadores necesarios de su Obra.

Hace unos momentos, hemos actualizado esta llamada cuando el diácono te hadicho: Efraín, “acércate”; y el Rector te ha presentado a la asamblea: “La Iglesia pide que ordenes presbítero a este hermano”; y yo he proclamado: “elegimos a este hermano para el orden del presbiterado”.

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Solidaridad

Manos Unidas reúne a 185 personas alrededor de la mesa

Alrededor de 185 de personas participaron en la Cena de la Solidaridad que cada año organiza la delegación de Manos Unidas en la diócesis de Ciudad Rodrigo y en la que se planteó a través de una conferencia previa, la realidad de un país como Bolivia.
El acto se celebró en el salón que las Hermanas Teresianas tienen en la calle Velayos y se enmarcó dentro de las actividades que desarrollan desde este colectivo con motivo de la Campaña contra el Hambre y que permite apadrinar diversos proyectos, este año en Haití y la India. La semana pasada se celebró la Operación Bocata.
Momentos antes de la cena, la hermana teresiana Raquel Sainz pronunció una charla en la que habló de su experiencia como misionera en Bolivia a lo largo de más de 25 años. El menú se compuso de sopa y una manzana y es una manera de recordar a todas esas personas que tienen necesidades.

Profesión Solemne (MM. Agustinas, 10 de febrero)

Hermana Inmaculada: “Es algo que he anhelado siempre, desde que entré en el Convento”

(Las MM. Agustinas recibieron la visita de Mons. Jesús García Burillo y del Vicario General, Tomás Muñoz, también se encontraban en el convento la Madre Federal de Sevilla, la Madre Priora de Jerez y el Padre Asistente de Castilla)

Reciben a todo el que llega a su casa con alegría y mucha dedicación y aunque no se trata de una cuestión de carisma, son conscientes de este hecho porque “siempre nos dicen que mostramos mucha alegría, mucha acogida y fraternidad que es lo principal para nosotras como Agustinas”, manifiesta Sor Rita, la superiora del Convento de las Madres Agustinas en San Felices de los Gallegos.

El motivo de alegría es ahora mayor pues la hermana Inmaculada realizará la Profesión Solemne el 10 de febrero, justo el día en el que sale a luz esta publicación diocesana.

Los días previos reconocía sentirse “un poquito nerviosa pero también con mucha alegría porque voy a entregarme totalmente a Dios y él va a ser mi esposo y yo su esposa. Es algo que he anhelado siempre, desde que entré en el convento, cuándo iba a llegar este momento. Doy gracias por todo y ojalá que esa entrega definitiva sea para siempre”.

Diez días antes de dar el paso definitivo, la profesa entró en ejercicios en los que no se mantiene contacto con nadie, “hay que tener silencio interior y exterior para poder escuchar a Dios, para interiorizarse y discernir bien lo que quiere Dios de mí. Si me pongo en contacto con la gente y ya tengo ese ruido no voy a poder escuchar bien a Dios. Son momentos y días, exclusivamente, para interiorizarse una, para estar más con el Señor”, aclara Inmaculada, que llegó hace nueve años a este convento procedente de Kenia y desde entonces “el tiempo ha pasado rápido, casi ni me he enterado”.

La vida en el convento está muy bien planificada y a las 6:30 horas amanece para las 12 monjas que viven en esta casa, cuatro de ellas ya muy mayores y con limitaciones. A partir de ahí, no hay momento para la distracción pues se sucede la visita al coro, “para alimentar el alma y tener la fuerza de Dios que encontramos en la oración y poder seguir con el día”. Otros apartados perfectamente delimitados son la oración personal, los oficios de lectura, laudes, el trabajo en la repostería, costura y limpieza; la atención a las hermanas enfermas o el momento para parar y meditar. “A las tres de la tarde tocamos el silencio riguroso que es para recogerse, para meditar una sola después de estar toda la mañana trabajando, en este momento dialogamos con Dios”. Su rutina continúa con la lectura, el estudio, la música, vísperas, misa y el rosario. También cada día la comunidad realiza una lectura en común que después se comenta.

Inmaculada se imagina que el día de su profesión acudirá mucha gente a acompañarla físicamente pero también “sé que otros que no van a estar aquí me van a tener siempre presente en la oración, ese día va a orar mucha gente por mí”.

La superiora concluye esta charla con el deseo de que surjan más vocaciones, necesitamos más porque algunas hermanas son muy mayores, necesitamos juventud que nos traiga alegría, que la comunidad siga creciendo para que el convento siga en pie”. Sus palabras llegan desde el convencimiento: “Hay que tener confianza, ha habido tiempos peores y lo hemos remediado. Nos ponemos en manos de Dios y lo que él quiera”.