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Escritos pastorales

Raúl Berzosa: “la Eucaristía es el corazón de la Iglesia y siempre aparece la presencia de María en las comunidades católicas que celebran la Eucaristía”

Muy queridos hermanos sacerdotes, especialmente los miembros del Cabildo; queridas consagradas; queridos todos:

El Señor nos ha regalado poder celebrar este Día Grande de la Inmaculada. Permitidme, en esta ocasión, que me detenga en dos momentos: primero, en recordar y desentrañar el rico Misterio que celebramos; segundo, unir la Inmaculada con el Objetivo Pastoral de este año: la Celebración, centrada en la Eucaristía.

Dice San Anselmo en su Sermón n. 52: “Verdaderamente el Señor está contigo, Virgen María, porque ha hecho que toda criatura te debiera a ti tanto como a Él… Por tu Bendición queda bendita toda criatura; no sólo la creación por el Creador, sino también el Creador por la criatura”.

        ¿Por qué se expresa de esta manera tan bella y sugerente San Anselmo?… – Dejemos que sigan hablando sus mismas palabras: “Dios entregó a María su propio Hijo, el único igual a Él, a quien engendró de su corazón. Valiéndose de María se hizo Dios un Hijo, no distinto sino Él mismo, para que realmente fuese uno y el mismo el Hijo de Dios y de María. Dios creó todas las cosas y María engendró a Dios. Dios, que hizo todas las cosas, se hizo a sí mismo mediante María y, de ese modo, volvió a hacer todo lo que había hecho…El que pudo hacer todas las cosas de la nada, no quiso rehacer sin María lo que había sido manchado. Dios es el Padre de las Cosas creadas; María es la madre de todas las cosas recreadas. Dios es el Padre a quien se debe la constitución del mundo; María es la madre a quien se debe la restauración. Dios engendró a Aquel por quien todo fue hecho; María dio a luz a Aquel por quien todo fue salvado. Dios engendró a Aquel sin el cual nada existe; María dio a luz a Aquel sin el cual nada Subsiste”. Hasta aquí las profundas palabras de San Anselmo que nos han adentrado en el Misterio de la Inmaculada. Sigue leyendo

MISERICORDIA ET MISERIA (20-11-2016)

(Resumen de Mons. Raúl Berzosa)

A.- Misericordia-perdón y alegría, caminan unidas…

Misericordia et misera son las dos palabras que san Agustín usa para comentar el encuentro entre Jesús y la adúltera (cf. Jn 8,1-11), e indica, además, el camino que estamos llamados a seguir en el futuro. Jesús ha mirado a los ojos a aquella mujer y ha leído su corazón: allí ha reconocido el deseo de ser comprendida, perdonada y liberada. La miseria del pecado ha sido revestida por la misericordia del amor. Por parte de Jesús, ningún juicio que no esté marcado por la piedad y la compasión hacia la condición de la pecadora (1).

También, en el otro encuentro con la mujer pecadora (Lc 7,36-50) se hace patente que el perdón es el signo más visible del amor del Padre, que Jesús ha querido revelar a lo largo de toda su vida. Nada de cuanto un pecador arrepentido coloca delante de la misericordia de Dios queda sin el abrazo de su perdón (2).

La misericordia, finalmente, también suscita alegría porque el corazón se abre a la esperanza de una vida nueva (3). Ahora, concluido este Jubileo, es tiempo de mirar hacia adelante y de comprender cómo seguir viviendo con fidelidad, alegría y entusiasmo, la riqueza de la misericordia divina (5).

B.- ¿Y, para el futuro?… Una especie de Decálogo…

1.- Termina el Jubileo y se cierra la Puerta Santa. Pero la puerta de la misericordia de nuestro corazón permanece siempre abierta, de par en par. Es el momento de dejar paso a la fantasía de la misericordia para dar vida a tantas iniciativas nuevas, fruto de la gracia (18). En este Año Santo se han realizado muchos signos concretos de misericordia. Comunidades, familias y personas creyentes han vuelto a descubrir la alegría de compartir y la belleza de la solidaridad. Y aun así, no basta. El mundo sigue generando nuevas formas de pobreza espiritual y material que atentan contra la dignidad de las personas. Sigue leyendo

img_1024Raúl Berzosa: “Nuestro Seminario tiene que ser una escuela y un laboratorio de virtudes humanas”

Querido Sr. Rector, queridos formadores y profesores, queridos hermanos presbíteros y queridas religiosas, queridos seminaristas y familiares, querido personal de servicio de nuestro Seminario:

Estamos celebrando, con un día de anticipación, la memoria de San Cayetano. Otros años os he hablado de su vida y de la actualidad de su magisterio y de su obra apostólica. Hoy, dejando las lecturas litúrgicas que hemos escuchado, quiero hablaros de las virtudes humanas que, a imitación de nuestro Santo y de otros, debemos cultivar en esta casa de formación.

El hecho de ser el Seminario una Institución “especial y única” no nos excusa de tener que formarnos muy bien, humana y cristianamente hablando. Máxime cuando en esta casa vivís, sobre todo, adolescentes y jóvenes. La madurez humana y la madurez cristiana tienen que caminar unidas. Solía afirmar San Juan Bosco, y seguro que San Cayetano lo aprobaría, que teníamos que ser, conjuntamente, “buenos ciudadanos y buenos cristianos”. Y, nuestro querido Papa San Juan Pablo II nos recordó que podemos ser perfectamente “cristianos” e “hijos de nuestro tiempo”. Sin complejos y sin miedos.

Resumiría las virtudes que pido al Seminario en una especie de cuatro puntos cardinales: Norte: quiérete y cuida sanamente de ti mismo. Sur: cuida y quiere a los demás como a ti mismo. Este: cuida y ama tu relación con el Señor para poder quererte y cuidarte a ti mismo y a los demás. Y, Oeste: cuida, ama y respeta todas las cosas de este mundo que el Creador te ha regalado. Pasamos a explicarlos brevemente.img_1035 Sigue leyendo

Somos una gran familia CONTIGO

Se ha insistido en estos años en contemplar la comunidad cristiana como una gran familia: familia de fe, de celebración, de anuncio misionero y de compromiso con los más pobres. Y ciertamente es así.

En una familia, todos somos responsables; los unos de los otros. Todos aportamos lo que sabemos y tenemos. Y especialmente protegemos a los más débiles e indefensos.

¡Qué bien y qué bellamente lo ha expresado nuestro querido Papa Francisco! Todos somos criaturas de Dios, hijos de Dios y, los que participamos en la eucaristía, la misma carne de Jesucristo. A veces, llagada y herida.

Estamos finalizando el Año de la Misericordia. Se nos ha pedido no solo practicar las obras de misericordia sino, sobre todo, tener un corazón misericordioso. ¡Qué maestro tan singular y único fue nuestro Señor Jesucristo! Nos dijo por adelantado cuál será el examen final de nuestra vida: lo encontraremos en el evangelio de San Mateo, en el capítulo 25. Se nos pedirá cuentas de lo que hicimos con los desnudos, con los hambrientos y sedientos, con los enfermos, con los encarcelados…¡Con todos y cada uno de los necesitados que estaban a nuestro lado o, incluso, lejos de nosotros!

La diócesis, encarnada en las familias de sangre (que son verdaderas “iglesias domésticas”), en las comunidades parroquiales, y en las comunidades de vida consagrada, tiene esa vocación y ese rostro tan hermoso: el de la familia de los Hijos de Dios. Viene bien recordarlo cada año en la Jornada de la Iglesia Diocesana.

Como familia, tenemos que ayudar con nuestros bienes materiales pero, sobre todo, con los talentos que el Señor nos ha concedido. Solamente se pude ser feliz cuando estamos al servicio de los demás. Ya lo decían nuestros clásicos: “¡Quien no sirve, no sirve para nada”!

Mi agradecimiento sincero y mi bendición. Que el Señor os pague vuestra generosidad.

 

+Raúl Berzosa Martínez

Obispo de Ciudad Rodrigo

Raúl Berzosa: “La Santa fue testigo y mensajera de la alegría del Evangelio”

Queridos hermanos sacerdotes, querida comunidad de consagradas carmelitas, queridas Teresianas y consagradas, queridos bienhechores de esta casa, queridos todos:

Un año más, el Señor nos ha reunido para celebrar la memoria viva de Santa Teresa de Jesús. ¿Cómo se puede resumir la vida y el mensaje de la gran Santa Abulense?… Desde la primera lectura que acabamos de escuchar, como la que encontró la Sabiduría – Jesucristo – por la que se puede dejar todo lo demás. Y, desde el Evangelio, se hizo realidad en ella una doble dimensión: bebió del Agua Viva, que es Cristo, para apagar su sed; y, al tiempo, respondió a la llamada de Cristo en ella: “Tengo sed de Ti”. Esta es la dimensión mística profunda.

Desde otro punto de vista, La Santa, al igual que el gran San Francisco de Asís, del que días atrás celebrábamos su Fiesta, fue «testigo y mensajera de la alegría del Evangelio».

«Testigo», porque la alegría no se puede comunicar si no está presente y profundamente enraizada tanto en la propia vida como en la de la comunidad.

«Mensajera», porque lo bueno hay que compartirlo y al compartirla la alegría se purifica y se multiplica, haciéndose verdaderamente «evangélica».

Y “del Evangelio” porque, con su vida y obra, fue Evangelio viviente y encarnado.

¿Qué nos pide la Santa en esta ocasión?… – Lo mismo que el Papa Francisco nos recordaba al celebrar el reciente Año de la Vida consagrada, y que tuve la dicha de repetir a las Franciscanas del Zarzoso y a las Clarisas de Ciudad Rodrigo: mirar al pasado con gratitud; vivir el presente con pasión; y abrazar el futuro con esperanza. Sigue leyendo

Procesión desde el cuartel de Ciudad Rodrigo hasta la parroquia de San Cristóbal

Procesión desde el cuartel de Ciudad Rodrigo hasta la parroquia de San Cristóbal

Raúl Berzosa: “No es casualidad sino un hecho muy Providencia el que la Virgen del Pilar sea la Patrona del Cuerpo”

Querido Sr. Párroco y sacerdotes, especialmente los hijos de Guardias Civiles; querido Capitán y miembros del Benemérito Cuerpo de la Guardia Civil; queridas autoridades civiles y militares; queridos todos.

El día 8 de Febrero de 1913, se declaró oficialmente a la Virgen del Pilar como Patrona de la Guardia Civil. Fue Su Majestad el Rey Alfonso XIII quien firmó la Orden. ¿Por qué se decidió que fuese la Virgen del Pilar la patrona del benemérito Cuerpo? – Cuenta la historia que el primer capellán castrense que tuvo el Colegio de Valdemoro, D. Miguel Moreno Moreno, instaló, en la capilla del centro, una imagen de la Virgen del Pilar. Y, desde septiembre de 1864, dicho sacerdote, a través de esa imagen, comenzó a propagar entre los jóvenes alumnos del Colegio la devoción y amor a la Virgen. Así, una disposición, recogida en el Boletín Oficial del Cuerpo del 24 de septiembre de ese mismo año, nombró patrona del Colegio de Guardias Jóvenes a la Virgen del Pilar. Con el tiempo, esa devoción se fue extendiendo por toda la geografía nacional. Y tan grande y fuerte fue el aprecio que los guardias civiles profesaban a la ‘Pilarica’ que, el 7 de enero de 1913, el director general del Cuerpo, el general Aznar, solicitó al Rey la proclamación oficial de la Virgen del Pilar como patrona de la Guardia Civil. La orden real decía lo siguiente: “Visto el escrito que el Director general de la Guardia Civil dirigió a este Ministerio el día siete del mes pasado, y teniendo en cuenta el favorable informe del Provicario general Castrense, el Rey (q. D. g.) se ha servido declarar patrona de la Guardia Civil a Nuestra Señora la Virgen del Pilar”.

Diez días después, se publicó una Orden General del Cuerpo, en la que el director general establecía los principios generales de lo que habría de ser la festividad para los guardias civiles: “Una fiesta del compañerismo, en la que los componentes de cada acuartelamiento se reúnen para rezar por sus compañeros caídos en acto de servicio y por el duque de Ahumada, organizador y primer inspector general del Arma”.

Después de más de cien años, nos hemos reunido un año más aquí, en el Templo Parroquial de Ciudad Rodrigo, para continuar esta noble Tradición. En alguna otra ocasión he resaltado que no es casualidad sino un hecho muy Providencia el que la Virgen del Pilar sea la Patrona del Cuerpo. Sigue leyendo

Raúl Berzosa:” ‘Vivir el presente con pasión’ es fundamentar toda nuestra vida en Jesucristo”2016-10-04-photo-00000186

Queridos hermanos sacerdotes, querida comunidad de consagradas, queridos bienhechores, queridos todos:

Un año más, el Señor nos ha reunido para celebrar la memoria viva de San Francisco de Asís. Un santo al que nuestra querida Diócesis debe mucho y que sigue siendo, gracias a Dios, muy actual: por sus huellas vivas (vosotras, consagradas) y por sus huellas históricas y artísticas. En el año 2014 lo celebramos como merecía la ocasión.

¿Cómo puedo resumir la vida y el mensaje del Poverello de Asís?… Fue un «testigo y mensajero de la alegría del Evangelio».

«Testigo», porque la alegría no se puede comunicar si no está presente y profundamente enraizada tanto en la propia vida como en la de la comunidad.

«Mensajero», porque lo bueno hay que compartirlo y al compartirla la alegría se purifica y se multiplica, haciéndose verdaderamente «evangélica».

Y “Evangelio” porque nadie como él, después de nuestro Señor Jesucristo fue Evangelio viviente y encarnado.

¿Qué nos pide el Santo en esta ocasión?… – Lo mismo que el Papa Francisco nos recordaba al celebrar el reciente Año de la Vida consagrada: mirar al pasado con gratitud; vivir el presente con pasión; y abrazar el futuro con esperanza.2016-10-04-photo-00000185 Sigue leyendo

dsc_0147Raúl Berzosa: “Estamos llamados a la renovación, a hacer obras en nuestra propia casa, a reformarnos”

Queridos hermanos sacerdotes, especialmente queridos Vicarios y Arciprestes, queridos Delegados, Secretarios y miembros de los dinamismos de la Pastoral Diocesana, queridos Catequistas y Profesores de Enseñanza Religiosa Escolar, queridas consagradas, queridos todos:

El Señor nos ha reunido, un año más, para la Eucaristía de Inicio del Curso Pastoral y del Envío. La Palabra de Dios, especialmente a través del Evangelio de San Lucas y de la Carta del Apóstol Pablo a Timoteo, nos ha invitado a vivir en la justicia, la santidad y la verdadera religiosidad, desde la fe y la esperanza, y siendo caritativos y misericordiosos. En una palabra: es una llamada a la verdadera conversión personal, y a la conversión institucional y pastoral, como nos viene insistiendo nuestro querido Papa Francisco.

Iniciamos el tercer año de pastoral, tras la celebración de la Asamblea Diocesana, con el lema: “La celebración cristiana”. D. Julián, esta tarde y de forma magistral como él sabe hacerlo, ya nos ha motivado y puesto en la rampa de salida…!Se lo agradecemos de corazón! Desde Vicaría de Pastoral se nos insiste en que “acojamos los sacramentos del Señor, los entreguemos y nos entreguemos, y que, en nuestras celebraciones, desemboquen los dolores, los gritos, los sufrimientos, los gozos y las esperanzas de esta tierra y de este pueblo, y de la entera humanidad”. ¡Por Cristo, con Él y en Él, para la alabanza de su Gloria!”.

Permitidme que, brevemente, os dirija unas reflexiones, a la luz de lo escuchado al Padre Lino Herrero, Misionero de Marianhill, en un reciente encuentro mantenido en Palencia con los Delegados y voluntarios misioneros de la Región.

Estamos llamados a la renovación, a hacer obras en nuestra propia casa, a reformarnos. ¿Para qué? – Para que, como en el misterio de la Transfiguración de Jesús, se manifieste, de forma patente, lo que somos y lo que vivimos. ¡Tenemos que recobrar nuestra más genuina identidad y misión! Necesitamos, si me lo permitís con una imagen del Papa Francisco, “soplar todas la cenizas acumuladas que no dejan ver el rescoldo vivo de fuego, que es Jesucristo y su Buena Noticia”. Tenemos que quitar tinieblas para que brille mucho más la luz.

Ahora bien: para hacer una reforma hay que estar decididos (“las obras nos echan para atrás”), hay que llamar a expertos que nos orienten, y hay que disponer de los materiales adecuados. En nuestro caso, la decisión de conversión, como repetía Santa Teresa, tiene que ser “decidida”. Los expertos que nos acompañen, no pueden ser otros que Jesucristo, los Santos Testigos de la Fe y de la vida cristiana, y los ministros y agentes de Pastoral que, hoy y aquí, el Señor ha puesto en nuestro camino. ¿Y los materiales? – Sobre todo, y ante todo, la Palabra de Dios, La Eucaristía y los demás sacramentos. Si volvemos a reforzar los cimientos, a blanquear las paredes y a pulir los suelos, nuestro edificio interior hará realidad tres “c”: celebración, comunidad y compromiso. Y, añado, con tres adjetivos: sana celebración; comunidad real; compromiso sincero. Sigue leyendo

Raúl Berzosa: “ Sin duda, en momentos como éste es cuando nuestra fe cristiana adquiere todo su valor y su credibilidad”

Queridos hermanos sacerdotes y especialmente querido D. Rafael; queridos familiares de doña Isabel, en particular Isabel, su hija, Felipe, su cuñado, y los nietos Ana y Roberto; queridos familiares, amigos y conocidos de la difunta; queridos todos.

El jueves pasado me llegaba una llamada de D. Rafael: “mi madre está muy malita”. Lo antes que pude fui a visitarla al Hospital de La Pasión´. La besé, le hice el signo de la cruz en su frente, y recé por ella. Parecía que la muerte era inminente. El viernes, volví a visitarla. Y, por fin el sábado por la tarde, recibí la noticia: “El Señor acaba de llevarse a mi madre”. La encomendé a la Virgen de la Peña de Francia y pedí que estuviera ya cerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

¿Qué podemos decir de Isabel? – Una mujer sencilla pero excepcional, criada en el campo, y viuda muy joven. Rafael e Isabel, hija, tuvieron que crecer sin su querido padre Evaristo. Cuando fue al cielo ellos tenían tres y cuatro años. Isabel madre, al frente de una tienda de comestibles, supo sacar adelante a su hijos, con fortaleza, con sacrificio, con honestidad y con mucha fe. Era muy religiosa. Y el Señor la premió llamando a su hijo Rafael al sacerdocio, quien fue ordenado en Valencia, como un servidor, por el Papa San Juan Pablo II, el 8 de noviembre de 1982.

“¿Qué más podemos añadir de una madre como Isabel?” – Me atrevo a recordar y aplicarla la frase que hemos escuchado en el Evangelio de hoy, pronunciada por Jesús al buen ladrón: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”. Sin duda, en momentos como éste es cuando nuestra fe cristiana adquiere todo su valor y su credibilidad. Una fe que, ciertamente, no nos evita el dolor, ni el sufrimiento, o la amargura, a ejemplo de Cristo crucificado, pero sí nos regala un consuelo y una esperanza únicos que nos ayudan a seguir viviendo; porque sabemos que, cuando muere un ser querido, no lo hemos perdido para siempre. La muerte no es final de nada ni de nadie: volveremos encontrarnos un día, en el Dios de la Vida, con una Vida que no tendrá fin. Sigue leyendo

dsc_0931Raúl Berzosa: “Como familia, tenemos que ayudar con nuestros bienes materiales, pero sobre todo con los talentos que el Señor nos ha concedido”

Queridos hermanos sacerdotes, queridas familias, queridos todos:

Muchas gracias por haber realizado el gran esfuerzo de desplazaros, desde los diversos Arciprestazgos y rincones de nuestra geografía diocesana, para participar en este Jubileo de las Familias. El último de los programados en este año de la Misericordia y que puede ser como el mejor “legado o testamento” de lo que hemos venido celebrando durante el presente curso pastoral.

Dejando las lecturas del día de hoy, me voy a centrar, brevemente, en lo que podemos denominar “Las claves pastorales y “misericordiosas” de la exhortación “Amoris Laetitia”. Por cierto, un documento del Papa Francisco no siempre bien acogido ni entendido.

Comienzo subrayando que los Sínodos sobre la Familia, celebrados en Roma, pusieron sobre la mesa la realidad matrimonial y familiar de hoy, tan compleja como difícil de acompañar. Pero la reflexión de los pastores y teólogos, si es fiel a la Iglesia, debe ser honesta, realista y creativa, evitando dos tentaciones que se repiten: o bien el deseo desenfrenado de cambiar todo, sin suficiente reflexión o fundamentación, o bien la actitud de pretender resolver todo aplicando sólo leyes y normativas generales. Es el Espíritu Santo el que nos lleva a la verdad completa y el que nos invita, en cada iglesia particular, a buscar soluciones acordes con los retos y la idiosincrasia del lugar. Recordemos que, en pastoral, existe lo que San Juan Pablo II llamaba “gradualidad” a la hora de aplicar las normas morales y jurídicas. A lo largo de la historia Iglesia, se han dado dos lógicas: o marginar y rechazar o integrar y acoger. La opción es muy clara: acoger; siempre, acoger. Porque, en las situaciones difíciles o “irregulares” de los matrimonios y de las familias ni todo es bueno ni todo es malo; ni todo es blanco ni todo es negro hay que discernir con espíritu evangélico y con realismo pastoral. Sigue leyendo

Encuentro Jóvenes Taizé 2017

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