Díez Taravilla, 15 – 37500 CIUDAD RODRIGO – Tfno.: 923 46 08 43 – info@diocesisciudadrodrigo.org

Escritos pastorales

Raúl Berzosa: “San Sebastián nos muestra con su vida, y es el segundo mensaje para todos los presentes, que quienes hemos descubierto la alegría de la fe, del amor cristiano y de la esperanza, no podemos permanecer de brazos cruzados ante nuestros hermanos sufrientes”

El obispo en el momento de pronunciar la homilía

Queridos hermanos sacerdotes, estimado Sr. Alcalde y autoridades políticas y sociales, queridos mayordomos y Cofrades de San Sebastián, queridos todos:

Un año más nos reúne en este templo catedralicio la memoria viva de San Sebastián. Y, un año más deseo, a la luz de su vida recobrar y subrayar, brevemente, un mensaje válido y actual que nos sirva para todos los mirobrigenses; un mensaje de fe y de esperanza en nuestro futuro.

Durante los años anteriores he venido subrayando que estamos en un cambio de época social, y que necesitamos nuevas actitudes y nuevas claves para resituarnos, como cristianos y como ciudadanos, en el momento presente. San Sebastián nos enseña, en primer lugar, que una verdadera y fecunda transformación tiene que comenzar cambiando en profundidad el corazón humano. Algunas revoluciones intentaron dar la vuelta a sistemas socio-políticos y económicos, pero fracasaron porque no cambiaron realmente el corazón del hombre. La verdadera transformación, personal y social, comienza en el corazón de cada uno, como nos enseñó e hizo posible Jesucristo y su Buena Noticia del Evangelio.

Esta fue también la experiencia que vivió San Sebastián; sólo un corazón nuevo, regenerado por el Espíritu, crea un mundo nuevo, porque es un corazón que sabe valorar la vida con horizontes, sin dejarse atrapar por lo inmediato; es un corazón que ama, sufre y se alegra con los demás; y es un corazón lleno de ternura y de misericordia para quienes están en las periferias y en los últimos lugares de nuestra sociedad. Un corazón lleno de amor de Dios, es la fuerza más grande de transformación de la realidad, capaz de hacer hombres y mujeres nuevos, de derrumbar las murallas del egoísmo y de la violencia, y capaz de rellenar las zanjas y separaciones que nos alejan  los unos de los otros.

No hay que ir muy lejos. También aquí, en Ciudad Rodrigo, hay personas que viven diferentes  pobrezas: culturales, de vulnerabilidad y marginación social, económicas, espirituales y, por desgracia y a veces, sin esperanza; otras están inmersas en la soledad y en la tristeza; otras, sufriendo una ruptura matrimonial o la división familiar; otras, sumidas en una profunda crisis de sentido vital y de desencanto, de los que intentan salir infructuosamente por el alcohol, las drogas, los juegos de azar, engañosa relaciones, o una sexualidad sin ética… Son corazones fríos, desencantados y paralizados, “infartados existencialmente”, muertos prematuramente. ¿Qué podemos hacer?…

La procesión a su paso por la plaza Mayor.

Sigue leyendo

Numerosos fieles celebraron el día de San Antón en San Andrés.

Raúl Berzosa: “Os pido imitar al Santo en los siguientes rasgos, a modo de brújula: experiencia de oración; sencillez y austeridad en nuestras vidas; amor y respeto a los animales; y cuidado de nuestro enfermos, física y espiritualmente”

Queridos hermanos sacerdotes; queridos Mayordomos y Cofrades de San Antón; queridos ganaderos y agricultores; queridos todos:

Un año más nos reúne el Señor en este templo de San Andrés para celebrar la memoria de San Antón. Comienzo recordando algunos datos de su vida, en atención, especialmente, a los más jóvenes. Además, consciente de que los mayores, aunque lo hayan escuchado más veces, también se alegrarán.

San Antón o San Antonio Abad, nació en el S.III en Egipto. A los 20 años vendió sus propiedades, se las entregó a los pobres, y se fue a vivir a una cueva sepulcral, como eremita. Dedicado a la oración incesante, fue muy tentado por el diablo. De ahí que, en su iconografía, aparezca con un cerdo a sus pies, símbolo del diablo vencido.

A pesar de ser eremita, fue padre espiritual de otros monjes y hasta se dirigió a Alejandría para predicar contra los arrianos.

Cuenta la historia que, un día, fue visitado por Pablo el ermitaño y éste presenció como un cuervo le llevaba a San Antón la hogaza de pan cotidiana. En aquel día fueron dos. De ahí la tradición de la bendición de los panecillos.

Cuando murió Pablo, lo enterró con ayuda de dos leones y otros animales. Por lo que San Antón es patrón de los sepultureros y de los animales.

En relación a esto último, cuentan que un día se le acercó una jabalina con sus jabatillos ciegos, en actitud de súplica para que los curara. Así lo hizo San Antón y, desde entonces, la madre no se separó de él y le cuidó contra todas la alimañas.

Dicen que vivió hasta los 105 años. De su ejemplo, nacen los religiosos Antonianos, especializados en curar enfermedades contagiosas como la peste, la lepra, las enfermedades venéreas y el ergotismo o fuego de San Antón o culebrilla. Estaban en las afueras de las ciudades del Camino de Santiago para curar a los peregrinos. También nacieron los Foseros de la Misericordia para enterrar a los más pobres y necesitados.

Siempre fue un santo muy popular y querido. Hasta el refranero se hace eco de él:

El 20 de Enero, San Sebastián primero. Detente, varón, que primero es San Antón. Hombre, mira lo que dices, que es primero San Felices; y, si vamos a las leyes, antes son los reyes.

Hasta San Antón, Pascuas son y, si quieres más, hasta la Virgen de la Paz.

Por San Antón, se acabó el turrón.

Por San Antonio, hace un frío del demonio

Por San Antonio de Enero, la mitad del pajar y la mitad del granero.

San Antón mete las mozas en un rincón y San Sebastián las saca a pasear.

San Antón, frío y tristón, barre las nieblas a un rincón. Por San Antón, la niebla no llega a las dos.

Por San Antón, media hora más de sol.

Las cinco dan con sol el día de San Antón; sí en Valencia pero no en Aragón.

Por San Antón “el huevero”, ponen las gallinas hasta en el suelo. Por San Antón, las gallinas ponen huevos a montón.

Por San Antón, busca la perdiz el perdigón.

Por San Antón, pocos cerdos ven el sol.

Hasta aquí, algunos rasgos de la memoria de San Antón. Hablando más en serio, y con esto finalizo, este Obispo, que tanto os quiere, os pide imitar al Santo en los siguientes rasgos, a modo de brújula: experiencia de oración; sencillez y austeridad en nuestras vidas; amor y respeto a los animales; y cuidado de nuestro enfermos, física y espiritualmente, y, si les llega la hora, orar por nuestros  difuntos. Que el santo nos lo conceda y podamos celebrarlo un año más. Así sea.

+ Raúl, Obispo de Ciudad Rodrigo

Raúl Berzosa: “El Papa nos recuerda que existen en el mundo más de 250 millones de migrantes, de los que 22,5 son refugiados”

Queridos hermanos sacerdotes, queridas consagradas, queridos todos:

En este día, primero del Año, celebramos a Santa María Madre de Dios, la que nos trajo la novedad más radical: Jesucristo, nuestro Señor. También se celebra la Jornada Mundial de la Paz, a raíz de lo solicitado por el Concilio Vaticano II. Estamos ya en su 51 edición.

Con motivo de esta Jornada, los Papas escriben un mensaje cada año. Hoy, el Papa Francisco lo ha titulado: “Migrantes y refugiados: hombres y mujeres que buscan la paz”.

El Papa nos recuerda que existen en el mundo más de 250 millones de migrantes, de los que 22 y medio son refugiados, es decir, hombres y mujeres, adultos, niños y ancianos, que buscan dónde vivir en paz y con paz. Son personas que arriesgan sus vidas para ello y que esperan ser abrazados con generosidad y misericordia.

El Papa se pregunta, y nos pregunta, “¿por qué hay tantos refugiados y migrantes?.”.. Sin duda, y en primer lugar, por las guerras y los conflictos violentos; y en segundo lugar y principalmente, porque las personas anhelan un futuro mejor huyendo de la miseria y de la pobreza. El Papa subraya que las migraciones globales seguirán marcando el futuro del mundo en los próximos años…

¿Cómo mirarlos como cristianos?… – El Papa recuerda que los bienes de la tierra son para todos; que la paz y la justicia deben guiar las actuaciones de los gobernantes; y, que desde la fe, como hijos de dios, tenemos que fomentar la solidaridad y la fraternidad universales. Sólo así lograremos el bien común de todos…

Finalmente, a modo de brújula, el Papa Francisco nos recuerda cuatro piedras angulares o cuatro líneas de actuación con los migrantes y refugiados: acoger, proteger, promover e integrar. Las resumo.

Lo Primero, acoger en la línea de lo que nos dice la Biblia: “No olvidéis la hospitalidad; por ella, algunos, sin saberlo hospedaron ángeles” (Hb 13,2)

Lo segundo, proteger y garantizar la dignidad inviolable de cada persona, especialmente la de los niños y las mujeres. Dios nos hace discriminaciones: “El Señor guarda a los peregrinos y sustenta al huérfano y a la viuda” (Sal 146,9).

Lo tercero, promover y apoyar el desarrollo humano integral de los migrantes y refugiados, desde darlos de comer hasta proporcionarlos educación. La Biblia enseña que “Dios ama al emigrante porque todos somos peregrinos” (Dt 10,18).

Finalmente, lo cuarto, integrar para que migrantes y refugiados participen plenamente en la vida social. Como escribe San Pablo: “Ya no sois extraños ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios” (Ef 2,19).

El Papa concluye su mensaje animando a la ONU a llevar a cabo una doble propuesta internacional en el año 2018: por un lado, un pacto mundial para una migración segura, ordenada y regulada; y, por otro lado, un pacto para la adecuada atención de los refugiados.

        El mundo en el que vivimos tiene que ser lo que afirmaba San Juan Pablo II: “una casa común, una familia”. Así se lo pedimos a tantos santos que ayudaron a migrantes y refugiados, como Francisca Javier Cabrini. El Papa agradece la labor de todos los profesionales y voluntarios  que se dedican a este campo tan difícil y reza por ellos.

Por nuestra parte, lo ponemos en manos de Santa María de la Paz, y se lo pedimos al Espíritu Santo capaz de hacer realidad los mejores sueños de Dios para nuestra humanidad. Pedimos también, especialmente, por todos nuestros misioneros y misioneras que tanto hacen por los migrantes y refugiados en los cinco continentes.

        + Raúl, Obispo de Ciudad Rodrigo

Raúl Berzosa:”La comunión o fraternidad sacerdotal no sólo ayudan a hacer más eficaz nuestra misión, sino que nos ayudan a vivir la caridad pastoral”

Querido D. José, amigo y hermano obispo, muy queridos hermanos sacerdotes:

Muchísimas gracias, un año más, por el esfuerzo grande de acudir a esta convivencia fraternal navideña. Navidad es tiempo de reforzar la fraternidad y la familia. También para el presbiterio diocesano. En este curso, con más razón: os recuerdo que el objetivo es reforzar la comunidad, la familia cristiana. También, como presbiterio, somos una sola y la misma familia.

Dejo el comentario a las ricas y sugerentes lecturas de la Liturgia de hoy y os regalo lo que, días atrás, sentía en mi corazón. No sin antes desear que ojalá se hiciera realidad lo escuchado en la primera lectura: “Lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos”. Para poder cantar como hemos repetido con el salmo 96, “que estamos alegres con el Señor”; y, con el Evangelio, “que somos testigos, hoy y aquí de la presencia del Resucitado”. El nos ha llamado.

Los últimos Papas han venido subrayando la importancia de la fraternidad sacerdotal. Cuyo fundamento, teológicamente hablando, se encuentra en una triple e inseparable comunión: comunión viva y real con Jesucristo; comunión afectiva y efectiva con el obispo y el presbiterio; y comunión con todo el Pueblo de Dios que peregrina en cada iglesia particular. Esta comunión no es algo superficial o meramente externo, sino que radica en la misma identidad sacerdotal, en su ser. Así leemos en Presbiterorum Ordinis (n. 8): “Los presbíteros, constituidos por la ordenación en el orden del presbiterado, se unen entre sí por una íntima fraternidad sacramental; especialmente en las diócesis, a cuyo servicio se consagran bajo el propio obispo, formando un solo presbiterio”. Leemos, igualmente, en Lumen Gentium (n. 28): “En virtud de la común ordenación sagrada y de la común misión, todos los presbíteros se unen entre sí en íntima fraternidad, y esta comunión debe manifestarse en espontánea y gustosa ayuda mutua en las reuniones, en la comunión de vida, de trabajo y de caridad, tanto en lo espiritual como en lo material, tanto en lo pastoral como en lo personal”.

Aunque lo más decisivo, en la comunión fraterna, es la fundamentación sacramental, nos centramos ahora en la exigencia de la misión común, que hace visible una iglesia sinodal y corresponsable y que exige una verdadera pastoral de conjunto. Nos recordaba, también, Presbiterorum Ordinis (n.8) que, aunque la actividad pastoral sea diversa y plural, en realidad “ejercemos un solo ministerio sacerdotal en favor de los hombres”, como consecuencia de la única y fundamenta misión de toda la Iglesia (AG, 6). Lo subrayo: la variedad de actividades pastorales, y de circunstancias concretas de cada presbítero diocesano, no pueden hacernos olvidar ni ocultar que existe una real y sola comunión con los demás presbíteros. En otras palabras: la unidad de misión pastoral postula y supone, existencialmente, unidad presbiteral. Y no sólo por la eficacia pastoral o por conservar un falso irenismo, sino por exigencia teológica y eclesial. Sigue leyendo

Raúl Berzosa: “Con este enorme paso que vas a a dar con tu vida, más que nunca le has dicho al Señor: Soy criatura, humus, barro, arcilla en Tus manos, me dejo modelar por Ti”

​Querido D. José, amigo y hermano Obispo, queridos hermanos sacerdotes, los venidos de fuera y los diocesanos, especialmente queridos Sr. Rectores, especialmente los de Ciudad Rodrigo y del Teologado de Ávila, queridos profesores de nuestro Seminario y de la Universidad Pontificia, queridísimo D. Miguel Angel y familia, queridos seminaristas, de Ciudad Rodrigo y de otras Diócesis, queridas consagradas, queridos todos:

​“Aquí está la esclava del Señor, cúmplase en mí lo que has dicho”… Estas palabras de la Virgen María son el mejor resumen del sentido profundo de lo que estamos celebrando, aquí y ahora, en este día de la Inmaculada Concepción.
​Sí, querido Miguel Angel, hoy, en este enorme paso que vas a a dar con tu vida, más que nunca le has dicho al Señor: “Soy criatura, humus, barro, arcilla en Tus manos… Me dejo modelar por Ti. Mi vida está totalmente expropiada para Ti, Señor, para tu Iglesia y para los demás… Sé lo que significa la palabra Diácono: “servidor”. Hazme siervo y servidor de todos, aunque esto me cueste la vida misma”. ¡Gracias, Miguel Angel, por tu generosidad. Muy pronto esperamos que sea la misma de D. Efraín. Muchas felicidades al Diácono de Salamanca que se ordenará, D.M., el próximo Domingo.
​Queridos hermanos: en las lecturas de hoy, se recoge lo expresado en la oración colecta: que María fue concebida sin mancha de pecado original para prepararle una digna morada. En María Inmaculada se cumple la promesa del Génesis: “Establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya”. Ella, María, Nueva Eva y primer miembro de la Iglesia, como todos nosotros, fue elegida antes de la creación del mundo, como hemos leído en la Carta a los Efesios, para ser santa e irreprochable por y para el Amor de Dios. María es la llena de gracia desde el primer instante de su ser natural. Por ello, con el Salmo 97 hemos podido cantar al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.
​Me detengo en el evangelio de San Lucas, para dar sentido profundo, querido Miguel Angel, a lo que estamos celebrando. El conocido pasaje bíblico tiene cinco partes, como cinco dedos: Sigue leyendo

Raúl Berzosa: “Desde el Hijo, María es expresión perfecta de la redención operada por Cristo y, además, es mediadora de dicha redención”

Queridos hermanos sacerdotes, especialmente los miembros del Cabildo, queridas consagradas, queridos todos:

La solemnidad de la Inmaculada, para los católicos, es una fiesta muy  grande y muy querida. Pero no así para otros cristianos; nos critican que los católicos celebramos un dogma “muy arriesgado y no basado en la Sagrada Escritura, ya que coloca a María fuera de la historia de la Salvación de Jesucristo, como una especie de super-santa”.

Y, sin embargo, gracias al Pueblo de Dios y a su sensus fidei (sentido de fe), se formuló el dogma de la Inmaculada. El Vaticano II (DV 8) señaló tres corrientes o fuerzas por las que crecen los dogmas: la inteligencia de la tradición viva y oral; la profundización teológica y espiritual de las verdades de fe; y la predicación oficial del magisterio”.  En resumen, los dogmas crecen por la fe popular, la reflexión teología, y el desarrollo del magisterio episcopal. Todo esto se ha dado en el caso de la Virgen Inmaculada.

No fue fácil: en el s. VII se habla ya, en las Iglesias de Oriente, de la “Concepción de Santa Ana, la madre de la Virgen”, y se celebrababa el 9 de diciembre. En el s. IX, en Inglaterra, ya se celebraba, el 8 de diciembre, “la concepción inmaculada de la Virgen”. Se olvidó en los siguientes siglos, hasta que en los siglos XIV y XV volvió a celebrarse. Tiene su culminación en el s. XIX-XX, con motivo de las apariciones de Fátima y Lourdes.

La fundamentación en la Escritura, mira, primero, al Antiguo Testamento: María es la nueva Eva y la madre de la nueva creación; es símbolo y figura de la nueva Jerusalén y de la nueva Sión; es morada de Dios como el Templo judío; es la esposa de la que tanto habla la Escritura; es la liberada de toda atadura de pecado; es gloriosa y sin macha; y es pre-anuncio del futuro que nos espera. Sigue leyendo

Raúl Berzosa: “A la luz de la Virgen coronada, se nos pide que, viviendo con entrega y humildad en esta tierra, seamos un día elevados a las alturas del cielo”

Queridos hermanos sacerdotes, querido Presidente y hermanos cofrades de la Virgen de las Viñas, queridos familiares, queridos todos.

Sí, la Virgen de las Viñas es “la reina de Aranda”, nuestra reina. Ya Damián Jenárez, en el siglo pasado, escribió: “Aranda proclama a la Virgen de las Viñas como Reina y Señora”. Y, el recién proclamado beato Manuel Requejo, también en el siglo pasado dijo: “Nosotros, con mucho y sano orgullo somos los siervos; y la Virgen de las Viñas es nuestra Señora”. Y, más recientemente, el cardenal Carlos Amigo se atrevió a predicar: “La corona de la Virgen de las Viñas está hecha de fe y reconocimiento agradecido. Es el pueblo quien pide coronar a la Virgen y lo avala. Porque coronar a la Virgen, es reconocer a Cristo como Señor y Rey del Universo y corona de todos los santos”.

Nos centramos en recordar, la historia de lo que hemos venido celebrando durante todo un año: el centenario de la coronación canónica de nuestra Virgen, acontecida el 9-9-2017. Como es bien conocido, en principio, se pretendía sólo comprar una nueva corona para la Virgen, pero terminó siendo “una verdadera coronación canónica”. Se argumentó en Roma, a su favor la larga tradición de advocación mariana a la Virgen de las Viñas; el culto constante en su santuario; y, sobre todo, los frutos de fe y de conversión, con milagros incluidos.

Para hacer posible la coronación, se realizó una suscripción popular, promovida por mujeres arandinas devotas de la Virgen. Presidía entonces, como camarera mayor, Doña Josefina Arias de Miranda, y destacó el sacerdote D. Alfonso Rozas, coadjutor de Santa María.

Como dato curioso, en Julio de 1917 la cantidad recaudada ascendía a 5.041 ptas. La factura de la joyería “sobrino de Nicolás Asenjo”, de Madrid, del 20 de julio de 1917, asciende a 5.050 ptas. La suscripción popular continuó y se determinó que lo sobrante se invertiría en piedras preciosas para engarzar en la corona. Así se describía la corona: “corona digna y riquísima en sus materiales; verdadera obra de arte y exquisitamente trabajada… Un kilo de oro puro y orlado de piedras preciosas: diamantes, esmeraldas, y granates topacios; todo ello donado por las arandinas… Remata una cruz de hermosos brillantes… De oro es también el rostrillo que se pone en ocasiones a la Virgen y también la corona del Niño”… El joyero madrileño dejo no sólo satisfechos sino “entusiasmados” a todos los arandinos”… Sigue leyendo

Raúl Berzosa:  “Una comunidad, como este Seminario, estará centrado cuando “su centro real” sea Jesucristo; y, en Él, todos, como los radios de una bicicleta, estemos bien unidos a Él e, inseparablemente, entre nosotros”

Querido Sr. Rector, queridos hermanos sacerdotes, formadores y profesores; queridos seminaristas y padres; queridas hermanas de Marta y María y residentes de la Casa Sacerdotal; queridos trabajadores y bienhechores de nuestro seminario.

Un año más celebramos la Fiesta de nuestro Patrono, San Cayetano. Las lecturas de este día nos hablan de que en en el caso de San Cayetano, al igual que en Daniel, Ananías, Misael y Azarías, el “Señor no encontró a ninguno como ellos”, con tantas virtudes y dones. Por eso, en el Salmo, hemos repetido, “A ti gloria y alabanza por los siglos”. ¿Qué se nos pide en este día? – Que cada uno, de nosotros, como la viuda del evangelio de hoy, echemos y demos lo poco o mucho que tengamos y que el Señor de todos los dones nos ha regalado.

Dejo las lecturas litúrgicas, e incluso dejo la figura y la obra de San Cayateno, y me centro en el objetivo pastoral que toda la Diócesis está viviendo durante este curso: “Fortalecer las comunidades cristianas”.

Me alegra que recientemente, hayáis visitado la comunidad de Iesu Communio, en La Aguilera de Burgos. Una auténtica comunidad cristiana. Recuerdo que, en el año 2012, en la Catedral de Burgos, al finalizar su presentación pública, el entonces Arzobispo, Mons. D. Francisco Gil Hellín, retó a mi hermana: “Verónica, con palabras sencillas, dinos ¿qué sois?”- Mi hermana, miró al Arzobispo y le respondió con humildad: “Somos cristianas; solo cristianas, como se lee en los Hechos de los Apóstoles, n. 4: “Tenemos un solo corazón y una sola alma. Nadie considera sus bienes como propios, sino que todos son comunes. Damos testimonio del Señor Jesús y hacemos presente una Iglesia Viva que acoge, sana y te cambia la vida”.

Hoy, en este día, brevemente, me atrevo a volver la pregunta: “Seminario Diocesano, ¿Qué comunidad eres y qué quieres vivir?”… – Ojalá se hiciera realidad en esta casa lo escrito, hacia el año 150, y conocido como “Carta a Diogneto”: “Los cristianos no son distintos de los demás ni por la patria, ni por la lengua, ni por otras costumbres… Su doctrina no se debe al descubrimiento de hombres particularmente intelectuales, ni se basa en un pensamiento inventado por los hombres… Testimonian una forma de vida admirable y paradójica: ya que viven en su patria pero como si fueran forasteros; participan en todo como ciudadanos pero se distancian de todo como extranjeros. Toda tierra extraña es patria para ellos… Están en el mundo pero no son mundanos. Habitan en la Tierra pero su ciudadanía es el cielo. Obedecen las leyes establecidas pero con el testimonio de su vida las superan. Aman a todos y todos los persiguen. Se los condena sin conocerlos. Se les da muerte y, con ello, reciben la vida. Son pobres y enriquecen a muchos; carecen de todo y abundan en todo. Sufren la deshonra y ello les sirve de gloria; sufren detrimento en su fama y ello atestigua su justicia. Son maldecidos y bendicen; son tratados con ignominia y ellos, en cambio, devuelven honor. Hacen el bien y son castigados como malhechores; al ser castigados a muerte, se alegran como si se les diera la vida. Los judíos los combaten como a extraños y los gentiles los persiguen y, sin embargo, los mismos que los aborrecen no saben explicar el motivo de su enemistad. Para decirlo en pocas palabras: los cristianos son en el mundo lo que el alma es en el cuerpo”. Sigue leyendo

Inicio de la celebración en la residencia.

Raúl Berzosa: “El misterio mariano queda increíblemente plasmado en la medalla”

Queridos hermanos sacerdotes, queridas Hijas de la Caridad, queridos Residentes, trabajadores y familiares:

Hoy recordamos las apariciones de la Virgen María a Santa Catalina Labouré, acontecidas el 27 de noviembre de 1830, en París, en la capilla de la casa madre de la Hijas de la Caridad. Esta aparición dio origen a la Medalla Milagrosa, cuya fiesta fue instituida por León XIII, en 1894.

¿Cómo fue la historia de las apariciones?…Catalina,  estaba en oración y ve la aparición de la Virgen en un sillón. La entonces novicia de las Hijas de la Caridad «se arrodilla sobre las gradas del altar, con las manos apoyadas en las rodillas de la Virgen»,  y María abrió su corazón angustiado a Catalina, justamente una semana antes del inicio de la revolución que padece Francia en el mes de julio, donde se atacó a la Iglesia, se destruyeronn varios seminarios, se persiguió a las órdenes religiosas, se saquearon iglesias y el mismo palacio arzobispal.

Catalina confía a su confesor esta visión y guarda silencio. El 27 de noviembre de 1830, en la oración de la tarde, ve una especie de medalla en movimiento con la Virgen María en el anverso y una serie de signos en el reverso.

¿Qué vio Catalina en el anverso y en el reverso de la medalla?… – Según sus escritos, la Santísima Virgen llevaba un vestido liso de seda blanco-aurora sin costura; un velo blanco que le cubría la cabeza y le descendía por ambos lados hasta los pies; sobre su cabello liso, una especie de pañoleta terminada en un pequeño encaje aproximadamente de dos dedos de ancho. Tenía el rostro bastante descubierto y sus ojos tan pronto se elevaban al cielo como miraban a la tierra; en sus manos elevadas a la altura del estómago de una manera muy natural llevaba una esfera o globo, con una crucecita de oro encima, que representaba al mundo, ofrecido por ella a Nuestro Señor, y sus pies se apoyaban en la mitad de otro globo sobre la cabeza de una serpiente de color verdoso con manchas amarillas (…) De pronto, los dedos de aquellas manos que sostenían y ofrecían al mundo se llenaron de anillos y piedras preciosas, de las que salían rayos de luz, siempre extendiéndose hasta llenar la parte baja, de modo que ya no se podían ver sus pies; en lo alto del cuadro, un poco ovalado, había estas palabras: “Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Vos”. Al mismo tiempo, Catalina escuchó también: «Este globo que ves representa al mundo entero y a cada persona en particular; estos rayos de luz son el símbolo de las gracias que distribuyo a las personas que me las piden». Sigue leyendo

¿De qué Navidad hablamos?…

Aún era el mes de Noviembre. Me llegaron comentarios de una discusión entre comerciantes: “¿Cómo debe ser este año la iluminación callejera navideña?”… Algunos, dentro de la austeridad, opinaban que debería ser de “signo neutral”, no cristiano, para no ofender a los no-creyentes; y, los comerciantes católicos, entraban en el juego sin saber dar una respuesta alternativa a esta propuesta laicista.

No se trata, y menos en Navidad, de abrir brechas o levantar polémicas pero sí de reflexionar, con serenidad y sin complejos, sobre el sentido real y auténtico de estos días navideños. No celebramos unas simples vacaciones escolares o invernales, ni sólo reencuentros familiares. Tampoco celebramos la adoración y exaltación de otros ídolos o dioses ancestrales, como son: el culto al abeto que significa la inmortalidad; el mito del Papa Noël con renos incluidos; o la fiesta del sol invicto que gana luz a las tinieblas (el “solsticio de invierno”)…

Sí celebramos, actualizándolo, el mayor Misterio acontecido en la historia de la humanidad, después de la creación del Universo: ¡La encarnación y nacimiento de Jesucristo, el Hijo de Dios, el Señor de la Historia y de nuestras vidas, el sentido y plenitud de todo cuanto hacemos y vivimos! Y, en torno a Él, celebramos y recordamos todo lo demás: los personajes que le rodearon, situando en el centro a su Madre, la Virgen María, y a su padre legal, San José; los pastores y los Reyes Magos de Oriente; los políticos y soldados, judíos y romanos, de su tiempo; los santos inocentes…

Navidad significa “Natividad, Nacimiento”. ¿De quién? – Del Hijo de Dios. Desde este evento de gracia podemos hablar, también de otros tres nacimientos en nuestras existencias: el nacimiento a la Fe, por los Sacramentos de la Iniciación cristiana; el nacimiento a la Vida Eterna y definitiva, a la Navidad sin fin, con nuestra muerte; y la ayuda a “nacer a los demás”, cada vez que hacemos posible que encuentren luz, esperanza, y sentido vital y fraternal: sobre todo, quienes a nuestro lado más lo necesitan.

No nos quedemos en una Navidad superficial, folclórica o comercial. Junto a la Cuna del Niño-Dios, meditemos y agradezcamos, primero, el gran Misterio del Amor de todo un Dios hecho carne de nuestra carne, tiempo de nuestro tiempo, tierra de nuestra tierra… Y, al mismo tiempo, reconozcamos que “somos la carne de Jesucristo”, como lo son los demás. Navidad significa, también, solidaridad y fraternidad.

Mi bendición, navideña y familiar, para todos; pero muy especialmente, para nuestros enfermos y para los que más sufren. ¡Feliz y Santa Navidad 2017! ¡Feliz y fecundo año nuevo 2018!

+ Raúl, Obispo de Ciudad Rodrigo

Reunión Arziprestazgo

Copyright © 2012. Diócesis de Ciudad Rodrigo. Todos los derechos reservados.